Violada a los 12 años decidió no abortar: “Debemos temer a los violadores, no a nuestro hijo”

El embarazo de un niña de 11 años que dice haber sido violada por su padrastro en Chile ha reabierto el debate sobre el aborto en el país sudamericano. La menor, que lleva 20 semanas de gestación, no puede abortar puesto que la ley chilena no lo permite. El caso está siendo utilizado por los grupos abortistas para pedir la aprobación de una ley que garantice el aborto.

El mismo caso -el de la violación cuando era menor- es el que sufrió hace dos décadasLianna Rebolledo, que tenía sólo 12 años cuando dos hombres la secuestraron mientras se dirigía a un centro comercial. Hasta en tres ocasiones pensó en el suicidio cuando se enteró que nueve meses después daría a luz a una niña fruto de esa violación.

Ahora, con 36 y su hija con 24 años, viaja por Latinoamérica para ofrecer un mensaje de esperanza y compartir su historia a todas las chicas que como ella se han quedado embarazadas tras sufrir una violación.

Además, creó una asociación Loving Life que busca promover el respeto de los valores y los derechos humanos de las personas con programas que apoyan la prevención del abuso y la violencia en la sociedad, entre ellas, el aborto.

En una entrevista concedida a C-Fam, Lianna aporta su opinión sobre la presión que sufren los delegados de la ONU para establecer el aborto como un derecho amparándose bajo una ley humanitaria en los casos de violación.

“Los médicos me dijeron que abortara a mi bebé. Yo les pregunté si de esta manera podría quitarme el dolor de soportar una violación. Me contestaron que no, así que no vi ningún motivo para castigar al bebé por lo que hicieron esos hombres”, explica Lianna.

¿Qué pasó con los hombres que la atacaron, fueron condenados?

No, no pasó nada con ellos. La situación fue extremadamente violenta. En mi cara quedaron cicatrices que ahora no son tan visibles, pero desde entonces no puedo ver bien con el ojo derecho.

Ahora hay un movimiento en la ONU para que el aborto sea un derecho bajo la virtud de derecho humanitario como una manera de ayudar a las mujeres supervivientes de una violación. ¿Qué le dirías a los delegados de la ONU acerca de este tema?

El aborto sería como una doble violación y en mi caso, ese dolor no era necesario. No podía curarme castigando a mi bebé. Debemos temer a los violadores, no a nuestro propio hijo. ¿Por qué debemos imponerle la pena de muerte cuando estamos tratando de dejarlo sin efecto para los criminales?

¿Qué edades tienen las supervivientes con las que habla en América Latina y dónde se reúne con ellas?

Tienen entre nueve y dieciocho años y me reúno con ellas en refugios. Ellas se han alejado de sus familias. Algunas están embarazadas y otras ya han tenido a sus bebés.

He estado en México, Chile, Ecuador, Perú, Paraguay, Argentina y los EEUU. También he hablado con miembros de los congresos y de las asambleas nacionales.

Pero hay mucha presión para cambiar las leyes en América Latina, para liberalizar el aborto de los bebés concebidos en casos de violación.

¿Qué se les puede decir a las mujeres y las niñas que han sufrido lo que usted?

Yo quiero llevarles esperanza. Las cosas que has pasado no te definen. Las víctimas todavía tenemos valor y dignidad y la vida no termina por tener un bebé.

Yo les pregunto a los políticos: ¿Cuál es el precio de una vida? Y yo misma les contesto: Cuando se acaba con una vida, se cambia el mundo. Pero cuando se mantiene una sola vida cambia todo el mundo.

Les recuerdo que ellos están aquí, vivos, porque sus madre dijeron sí a la vida. No tienen ningún derecho a decidir quién tiene el derecho a vivir o quién debe morir.

Lianna Rebolledo y su hija. / Youtube
Lianna Rebolledo y su hija. / Youtube

Yo crecí en un hogar violento en la ciudad de México. Después del incidente me traslade a Los Ángeles. Sólo tenía 13 años, pero tenía que criar a mi niña.

A los 16 años me había independizado y me marché a un apartamento. Fue difícil, pero no me importó. Me gradué de la Universidad de California en Los Ángeles en periodismo y ahora tengo un buen trabajo. Mi hija también se ha graduado en la universidad. Yo les cuento a las chicas que ellas también pueden conseguir lo mismo que yo.

¿Qué le ha contado a su hija sobre la violación?

Mi hija me salvó gracias a su amor. Al criarla estaba salvando dos vidas: la suya y la mía. Ella me mantuvo en pie. Ahora veo que mi experiencia estaba destinada a llevar un mensaje de esperanza a otras chicas que han sufrido de la misma manera que yo.

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