Niña embarazada, abusada desde los 5 años de edad, rechazó el aborto, gran lección provida

“Era un mentiroso consumado y engañó a todos, incluso a mi madre. Nadie sabía. Yo tenía miedo de hablar con alguien; cuando creces escuchando que ocurrirán cosas malas si alguien se entera, lo crees…”.

Esa impactante declaración fue entregada al portal Choices4Life por Anna Richey, quien fue abusada desde los cinco años de edad y quedó embarazada al cumplir doce. Doblegada, invadida por el miedo, sin saber qué hacer, se lo dijo al agresor: su padrastro.

Él la mantenía amenazada para que guardara silencio, siempre, de lo que él le hacía; y como ella creció bajo amenaza, le creía. Anna era una niña, abusada, ¡tan pequeña! que era incapaz de enfrentar a su agresor. Al escuchar a su víctima él la agredió dándole un puñetazo en el estómago y obligándole a tomar píldoras abortivas.

“Él mató a mi bebé. De todas las cosas que me sucedieron, esto es lo que más me angustia. Nunca sabré quién podría haber sido mi hijo. Mi única esperanza es saber que algún día conseguiré verle a él o ella en el cielo. Jesús se ha hecho cargo de cuidar a mi bebé”

Ella no sería cómplice de asesinato

Poco tiempo después, tras cumplir 13 años, Anna quedó de nuevo embarazada. El dolor, la rabia por los años de abuso, le habían arrancado la inocencia y desafiado a buscar caminos para sobrevivir. El padrastro abusador le habló de abortar, cuestión que la ley permitía para una pequeña de esa edad… Eso le permitiría a él continuar sin restricciones su violencia.

“Sabía desde mi primer embarazo -prosigue narrando Anna- que él no quería que tuviera bebés. Sentí que si abortaba, estaría haciendo lo que él quería y él ganaría otra vez. No sólo habría matado toda mi inocencia, también yo sería cómplice de matar a mi hija”.

Esta niña madre simplemente no estaba dispuesta a esto y arriesgó todo. Finalmente venció los fantasmas con que la habían doblegado y le contó todo a su madre. “Ella inmediatamente empacó las cosas de mi hermano, las de mi hermana, las mías y nos llevó a la casa de nuestra tía. Desde allí llamó a la policía. A él lo arrestaron y a nosotros nos llevaron al hospital para hacernos algunas pruebas… Al final, lo condenaron a diez años de prisión por los abusos no sólo a mí, sino también a mi hermana”.

La lección de humanidad de una niña madre

Pero la batalla de Anna por la vida tendría nuevos capítulos. Terapeutas, amigos, maestros, familiares e incluso extraños, le decían que sería mejor para ella si abortaba al bebé. Cuando escuchaba esas sugestiones recordaba dice, lo que había aprendido en la clase de ciencias a comienzos de ese mismo año, sobre que el ADN de un niño provenía de ambos padres. “Eso significaba que una mitad de este bebé era de mí. Luego pensé que puesto que era yo quien le llevaría en mi cuerpo durante los próximos meses, eso lo hacía más mío y no suyo”.

Luego del primer ultrasonido, viendo su corazón latir confirmó su rechazo al aborto. “Me enamoré. Fue entonces cuando decidí que tampoco podía darle para adopción”. Era una niña pequeña de talla y no fue embarazo sencillo. El viernes 28 de julio de 1995, aproximadamente seis semanas antes de la fecha en que debía nacer, Anna entró en trabajo de parto. Volaron con ella, dice, desde Vernal (Utah), la ciudad en que vivían, al Hospital Primario de Niños en Salt Lake City, distante a 280 kilómetros. Me dieron algunos medicamentos para frenar el trabajo de parto y esteroides para ayudar al desarrollo de mi hija y que ella tuviera una mejor oportunidad de supervivencia. Ella nació el lunes siguiente, 31 de julio…. (Ver imagen a la izquierda de Anna con su hija). Podría haber sido más fácil elegir un aborto. Hay muchas cosas que no habría tenido que pasar. Pero hay cosas en la vida por las que vale la pena luchar. ¡Tener mi hija me salvó la vida! Ella es la belleza surgida desde mis cenizas; luz en la oscuridad que yo había soportado. Me estremezco al pensar en lo que habría sido aquél tiempo si la hubiera abortado”, dice la orgullosa madre.

Hoy Anna está casada, tiene cuatro hijos y es una activista por la defensa de la vida. Pero además una testigo del bien que genera el perdón…  “No fue hasta los 26 años que realmente encontré una relación con Jesucristo. Un maravilloso vecino me mostró cuánto nos ama Jesús y cómo había estado conmigo todo el tiempo. Pude perdonar a mi padrastro, y encontrar una paz que nunca supe que podría tener”.

El testimonio audiovisual (inglés) de Anna

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