“Fui violada y decidí tener al bebé”

Cuando veo a mi pequeño Hans- David de 5 meses, siento mucho amor, orgullo e inmensa gratitud por la felicidad que me trajo. Emociones normales para cualquier mamá, aunque fue concebido en las peores circunstancias. Producto de una violación. Nació tras una de las peores experiencias de mi vida.

 

Crecí en EEUU, en una familia de clase media y mi sueño siempre fue ir a África. Sabía que había mucho VIH y quería ayudar. Así que cuando cumplí 26 me fui a trabajar con diferentes fundaciones y viajé por Zambia, Sierra Leona, Malawi y Zimbabwe, antes de establecerme en Sudáfrica como partera.
Cuando terminé mis labores en 2013, decidí visitar a mis papás, Dwight, de 62 y Nancy de 61, antes de buscar un trabajo en Tanzania. Viajé por Zambia, para tomar mi vuelo en diciembre, así que antes decidí visitar a algunos amigos. Me quedé con varias familias que vivían en un conjunto de casas sin electricidad ni agua.
Llegué tan cansada del viaje en autobús que mis amigos me dieron mi propia habitación, una gran señal de respeto y amabilidad en esas circunstancias.
Unas horas después desperté y había un sujeto encima de mí. Enmudecí por el miedo, traté de defenderme pero era muy fuerte. 

 

Pude reconocerlo, era el líder de la villa, pero parecía surreal, una pesadilla.  Su mano tapó mi boca, y empezó a violarme, a pronunciar palabras que no podía entender. Deseé que alguien pudiera oírme y rescatarme, pero no sucedió.
Minutos después todo había terminado. Cuando él huyó, yo me puse en posición fetal y lloré hasta que amaneció. El siguiente día, no le dije nada a mis amigos del ataque, estaba en shock total. Pretendí olvidar que eso hubiera pasado. Sabía que si iba a la policía tendría que quedarme para ser investigada y deseaba irme lo antes posible.
Así que fingí una sonrisa, me despedí y tomé el autobús. Cuando viajaba al aeropuerto tenía sentimientos encontrados, por una parte me sentía culpable y por otra, a disgusto. ¿Por qué no lo enfrenté con más fuerza? ¿Tuve la culpa en algo?
Aunque trabajaba en fundaciones que atienden la problemática del VIH, jamás pensé estar infectada, o embarazada. 
Cuando volví a EEUU, pretendí que todo estaba bien. Mi mama tuvo una cirugía en el pie y mi papá tenía esclerosis múltiple, así que en los siguientes meses mis energías se concentraron en ayudarlos.
Mi periodo nunca era regular, pero para marzo de 2014, aún no lo tenía.

 

Para calmarme, decidí hacerme una prueba de embarazo. Salió positiva. Estaba en shock, me convencí que debía abortar, pero no podía encarar la situación. Con lágrimas les conté a mis papás sobre lo sucedido en Zambia. Estaban devastados y me pidieron que confirmara el embarazo en un hospital.
El 18 de marzo de 2014 mi miedo se hizo realidad cuando supe que tenía 17 semanas de embarazo, ver el feto en el ultrasonido fue uno de los momentos más duros de mi vida.
Siempre soñé con tener hijos, pero no de esa manera. Consideré 2 opciones: adopción o aborto, y es que muy en el fondo creía que ese bebé tenía derecho a nacer, sin importar lo que su padre había hecho, pero, ¿podía vivir con el constante recuerdo de que era producto de una violación?
La gente del hospital fue increíble, me aconsejaron y también me dijeron que necesitaba un examen de prevención de Infecciones de Transmisión Sexual.
Las pruebas salieron bien para mí y el bebé, pero aún no sabía qué haría. 
De vuelta en casa de mis padres, pensé en el bebé que crecía dentro de mí. Era parte de mí, así como de mi atacante, pero aun así supe que ese bebé debía estar conmigo. Se lo confesé a mis amigos aunque no entré en detalles. Algunos lloraron conmigo, otros quedaron en shock. Fue un tiempo muy duro para mí.
Cuando entré en labor, mi madre estuvo a mi lado, reconfortándome. Mi cuerpo sentía mucho dolor. La última vez que me sentí así fue durante la violación. La partera, me explicó todo para que tuviera un poco de preparación mental.

 

Luché contra la agonía física y mental hasta que Hans -David Muñana Alegría nació, pesando 3 kilos, 600 gramos.

 

Antes del nacimiento me preparé mentalmente por si el bebé se parecía físicamente a su papá, con la piel negra y rasgos característicos comunes. Pero miré su rostro  y me pareció hermoso. Me sentí agradecida porque él era mío.
Desde entonces, el agradecimiento que sentía por él se hizo más fuerte. Es una fuente de alegría en mi vida y ha sanado las cicatrices que la violación dejó en mí. 
En algunos meses, planeo volver a Tanzania para trabajar como partera, con Hans- David presente. Quiero construir una vida para los dos en el continente que aún amo, aunque sé que será difícil para mí.
Aunque sé que para otras mujeres es difícil quedarse con el niño concebido en estas circunstancias, fue la mejor decisión para mí.
Trato de no pensar en el hombre que abusó de mí, y no quiero reportarlo ante las autoridades de Zambia. De ser hallado culpable, sería apedreado o golpeado hasta la muerte y no quiero que eso pese en mi conciencia.
Cuando Hans-David sea lo suficientemente mayor, le diré la verdad de su concepción. Sé que le puede doler, y como mamá eso me preocupa.
Como su mamá, lo único que quiero es protegerlo de todo dolor. Solo deseo que entienda que siempre es posible hallar esperanza y felicidad hasta en los momentos más oscuros, como a mí me sucedió.
Cortesía de texto: The Sun
Cortesía de imagen:  Maddie McGarvey

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