"Fidelidad y abstinencia”, las palabras proscritas que quieren hacer desaparecer de la ONU

Organizaciones supranacionales como la ONU, gobiernos de distintos países y millonarios con oscuros intereses trabajan desde hace años conjuntamente para imponer el aborto y la anticoncepción en todo el mundo. Cueste lo que cueste. Los llamados “derechos sexuales” se han convertido en un nuevo caballo de batalla con el que se presiona a los países que aún no han sucumbido a esta cultura que atenta contra la vida. Y es detrás de todo esto hay mucho dinero.

En muchos casos, sobre todo cuando se refiere a África, el SIDA es utilizado como pretexto para imponer estas políticas de control de la población y de anticoncepción. La solución para la ONU pasa por los preservativos u otros métodos anticonceptivos o por el aborto. No hay más.

Sin embargo, sí existen otras posibilidades que son sistemáticamente acalladas y atacadas. Y pasan por las políticas de fidelidad y abstinencia, que de dedicar un esfuerzo real a implantarlas supondrían una verdadera educación sexual que reduciría considerablemente los contagios.

En África se ha llegado a poner en práctica y los resultados han sido formidables pese a las presiones de la ONU. Que este método funcione -y se sepa en todo el mundo- supondría que el negocio se le vendría abajo a muchos. Y por ello se ha iniciado una ofensiva contra los conceptos de “abstinencia y fidelidad”.

En un artículo publicado en la revista The Lancet y titulado ¿Un adiós a la abstinencia y la fidelidad?miembros de ONU SIDA, la Asociación Sueca para la Educación Sexual y la University College de Londres se lanzan directamente contra toda aquella práctica que no tenga que ver con los anticonceptivos.

La carga ideológica es la que marca el artículo y la verdad pasa a un segundo o tercer plano. La frase final del texto refleja a la perfección el cómo la salud de las mujeres se ha convertido en una cuestión de ideología:

“Con la evidencia científica más que con el dogma, los países deben adoptar y aplicar una agenda progresista para acabar con el SIDA y garantizar la salud y el bienestar sexual para todos”.

Este debate lleva en la ONU mucho tiempo pues hay países que se resisten a que les impongan las políticas de salud en su propio país. El artículo se muestra muy agresivo con “muchos estados miembro socialmente conservadores que, en alianza con la Santa Sede, se manifestaron en contra de la supresión de la abstinencia y la fidelidad como componentes esenciales de una prevención eficaz del VIH”.

Y a continuación los autores llegan a afirmar que estos países utilizan en Naciones Unidas “información errónea y argumentos espurios en contra de la educación sexual integral”.

En su opinión, los conceptos de abstinencia y fidelidad deben ser borrados porque los “jóvenes necesitan tener acceso a información precisa y al fortalecimiento de la igualdad de género y sus derechos para que puedan tener una vida sexual sana”.

El lobby abortista ni siquiera está dispuesto a que la fidelidad y la abstinencia puedan utilizarse junto a otras medidas sino que todo pasa porque nunca más sean nombradas en la ONU volviendo a citar lo “cuestionable” de métodos como el ABC (abstinencia, fidelidad y si no se vive lo anterior y como última opción el condón).

Este método se ha llevado a cabo en distintos puntos de África, que lo han implantado pese a las dificultades que han encontrado. El artículo de los miembros de ONU SIDA intenta desacreditar este método citando a Leshoto, un país africano que tiene una alta de contagiados y que durante años habría utilizado el ABC.

Finalmente, ha sucumbido a las presiones y los autores se felicitan porque “el país del sur de África ahora incorpora enfoques positivos en las normas de género y la educación sexual integral es científicamente exacta, apropiada para su edad y culturalmente relevante para niños de 9-15 años”.

Sin embargo, el artículo obvia el hecho de que la fidelidad y abstinencia aplicados debidamente y con una buena educación sexual sería “científicamente” más eficaz que el reparto indiscriminado de preservativos y la promoción de la promiscuidad, políticas que no han erradicado el SIDA en África pese a los miles de millones gastados.

Uganda, el ejemplo que la ONU quiere ocultar

Pero el artículo también oculta datos clave en esta polémica. El sistema ABC se ha aplicado con un éxito rotundo en Uganda y es un claro ejemplo de la lucha eficaz contra el SIDA sin seguir las exigencias de la ONU.

En 1989 el entonces presidente de Uganda Yoweri Museveni decidió luchar contra la enfermedad siguiendo un camino distinto al de la ONU. Pese a las presiones internacionales puso en práctica el sistema ABC, que se ha demostrado un éxito en contraposición a otros países africanos que ‘se dejaron’ ayudar por Occidente.

El Papa Francisco saluda a la muchedumbre África donde alertó de la "colonización ideológica" / EFE
El Papa Francisco saluda a la muchedumbre África donde alertó de la “colonización ideológica” / EFE

 

La pediatra del Hospital de Mulago (Uganda), Angelina Kakooza-Mwesige, explicó en una entrevista en Aceprensa este éxito. “Se optó por conseguir que la población cambiara su comportamiento para evitar el riesgo, y no solo reducirlo, como hacen los programas de prevención centrados en la difusión de preservativos”, aseguraba.

Además, añadía que el mensaje fue muy claro y práctico: “A (abstinencia), B (fidelidad) y, si no si no se vive lo anterior, C (condón). Para la Iglesia Católica, la C indica Carácter, formación del carácter”. Los resultados fueron demoledores: “Personas sexualmente activas decidieron ser fieles a una sola pareja y otras resolvieron retrasar el comienzo de las relaciones sexuales”.

El informe Uganda´s Demographic and Health Survey 2000-2004 mostraba que el 93% de los ugandeses cambió su comportamiento sexual para evitar el SIDA”. Además, la tasa de contagiados por la enfermedad se redujo drásticamente. Pasó del 20% de la población a estar en torno al 5% en algo más de una década.

Sin embargo, esta política no le salió gratis. Mientras realizaba la estrategia ABC, la ONU retiró sus ayudas al país bajo el pretexto de “la mala gestión” del Ministerio de Salud. Pero detrás estaba el hecho de que Uganda apostara por la fidelidad y la abstinencia.

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