El aborto: Decidiendo sobre un otro

La palabra aborto proviene del latín abortus, de aborri, que significa nacer antes, y la Real Academia Española define el término como la interrupción del embarazo espontánea o provocada que se efectúa en un momento en el que el feto no puede vivir fuera del vientre materno, aproximadamente antes de las 20 semanas de gestación.

Si una mujer queda embarazada, las razones pueden ser múltiples, al igual que los motivos para pensar en el aborto, por tanto, si una mujer se somete a un aborto lo hace con una razón propia sobre su cuerpo y sobre su vida, “en teoría”. Pero ¿qué pasa con el cuerpo al que está aceptando que mutilen vivo? Técnicamente no es su cuerpo; forma parte de su cuerpo, que encierra al niño, pero no es propiedad de ella aunque esté dentro de ella.

Cuando una mujer toma esta decisión, para mí podría ser una manifestación de desesperación, de poca tolerancia a la frustración, de poca capacidad de estar presente, de ser consciente o de tener claro lo que quiere o para dónde va, se trata de un grito de ayuda que se podría relacionar con falta de redes de apoyo o podría ser el síntoma social de una sociedad fría que deja a la deriva a esas féminas que no saben qué hacer o a quién dar en adopción a esos bebés, podría ser ignorancia o falta de conocimiento de las consecuencias posteriores al acto.

Para mí, en un aborto la mujer sufre de manera silenciosa. Me entristece que defiendan el aborto como un supuesto “derecho de la mujer”, pero yo me pregunto: ¿No es denigrante, riesgoso e invasivo cualquier procedimiento intravaginal, cuando además resulta innecesario, como para exponerse a este? ¿No es acaso una manera de violentar el cuerpo de la mujer, un modo de hacerse daño y de dar solución temporal a lo que considera un problema, exponiéndose e incrementando el riesgo de sangrados vaginales o cáncer de cérvix en el futuro? Porque lo importante “es cortar con el problema”, literalmente.

En la Terapia Gestalt se cuenta con un término llamado retroflexión y tiene que ver con el daño que nos ocasionamos a nosotros mismos debido a nuestra incapacidad de hacernos cargo de las emociones o las sensaciones, y consiste en que todo lo que quiero hacerle al entorno me lo hago a mí mismo, por lo general con somatizaciones (enfermedades físicas relacionadas con problemas psicológicos no resueltos), y eso me hace pensar que el aborto es de alguna manera una de las formas de retroflectar más claras, puesto que la mujer al abortar, incapaz de conectarse con su frustración, con su miedo, con su tristeza o con su enojo o cualquier otra emoción, sin darse cuenta se ataca a sí misma y al entorno que paradójicamente se encuentra tanto dentro como fuera de ella.

Abortar expone psíquicamente a esa mujer, pues no es un secreto que muchas féminas, luego de pasar por esta experiencia, terminan siendo víctimas de crisis o episodios depresivos, ataques de ansiedad, desórdenes emocionales o convierten a los hijos que tienen posterior al aborto en el fantasma del niño al que dieron muerte, imposibilitando el desarrollo sano de los niños que sí nacieron, algunas quedan con dificultad de disfrute sexual como consciencia de lesiones vaginales que sufrieron en el lugar donde abortaron, o porque psíquicamente, de manera inconsciente, muchas viven el aborto como una violación por lo traumático del procedimiento.

Lo que pasa es que es más difícil hilar fino, es más fácil cortar con la emoción, nos dice la sociedad, es más fácil irse por la tangente, por el camino más rápido. Yo me pregunto, si hoy le dijeran que para defender su libertad mate a la persona más significativa en su vida, ¿lo haría? Porque tal vez ese niño no sea significativo para la mujer que lo lleve en su vientre, pero podría ser el más significativo para alguien más.

No pretendo convencer a nadie, ni generar discusión, pues cada quien cree lo que quiere y lo que considera puede, necesita, quiere y elige para su propio sistema de creencias y maneras de ver la vida, esta es mi opinión al respecto.  Desde mi parecer, si un aborto no se da de forma espontánea y natural o se interrumpe médicamente por ser incompatible con la vida de la madre y del niño, no lo considero necesario, pues creo en la vida, creo en que todos tienen derecho a existir.

Si usted que me lee conoce a alguien que esté pensando en abortar o es usted misma, piense que si en este momento de su vida no está lista, no quiere, no puede o no elige ser mamá, está en todo su derecho, pero entonces le invito a tomar estos meses de gestación como una oportunidad para probarse a usted misma y fortalecerse psíquicamente, para darse cuenta de que puede cuidar y cuidarse, que es una oportunidad para replantearse metas y buscar un futuro para ese alguien que temporalmente es inquilino de su vientre, pero que una vez afuera le devolverá la totalidad de su cuerpo y usted a cambio le habrá podido dar la oportunidad de construir una vida al lado de otras personas que gustosamente podrían recibirlo.

Cortar con la vida adrede no corta con la emoción o con el problema, solo lo aplaza, pues deja ciclos inconclusos que difícilmente podrán llegar a cerrarse, además recuerde que no decide sobre su cuerpo, sino que está decidiendo sobre otro que, le guste o no, también vive.

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