Desde Chile: “Me tocó presenciar muchos abortos provocados”

«Cuando vi los fetos con forma humana muertos, quedé más convencida aún».

Dice que no es de grupos ni movimientos. Pero aún así apareció marchandofrente a La Moneda en septiembre pasado.

Iba vestida con su delantal blanco, el mismo que usa en su consulta deobstetra, protestando junto a un grupo de médicos por el no al aborto y aninguna de las tres causales que contempla el proyecto de ley.Aunque por perfil se niega a ser un «rostro» de Médicos por la Vida, MaríaFrancisca Valdivieso Undurraga (40 años, casada, católica, tres hijos), poco apoco se está convirtiendo en una activista. A la marcha en La Moneda, sumaapariciones en debates de TV, es invitada permanente a programas de radio yva a todos los foros que la inviten, desde universidades a la FundaciónPinochet.

Su historia profesional está lejos de ser común. Como integrante de MédicosSin Fronteras (MSF) ha vivido experiencias extremas, como su estada de unaño en Monrovia, capital de Liberia, en la post­guerra civil en 2005.Pero hay otro viaje que le provocó un quiebre total. Fue en 2002, cuando yatitulada de médico de la Universidad de Los Andes se fue a un hospital de TelAviv a una pasantía sobre fertilidad.

—¿Con qué te encontraste allá?
—Me encontré con un mundo que no me lo había cuestionado: que allá con eltema de la infertilidad se congelaban embriones y eso me empezó a hacerruido. Pero no me chocó eso, sino cómo esos embriones cuando expiraba sufecha para ser transferidos hacia el útero materno y no se tenían las guaguas,eran descongelados y botados. Y fnalmente tú veías cómo se dejaban ahí.

—¿Cómo fue ese momento?
—Miraba por un microscopio esa masa de célula y fue la primera vez que mecuestioné si es que a esos embriones hay que darles la misma dignidad para defenderlos y ejercer su derecho a vivir o no. Me pareció que sí: que sonseres vivos de la especie humana indefensos aunque morfológicamente noparecieran un ser humano.

—Cuando viajaste a Israel ¿ya estabas en contra del aborto?
—Siempre he estado en contra del aborto. Pero además me pasó que lospabellones quirúrgicos para fertilidad, es decir, los que se usaban para sacaróvulos de las mujeres y fertilizarlos afuera, eran los mismos utilizados para losabortos provocados por ley. Entonces, sin quererlo, me empecé a topar conpabellones donde me tocó presenciar muchos abortos provocados.

—¿Y qué te pasó frente a eso?
—Creemé que cuando vi los fetos con forma humana muertos, quedé másconvencida aún. Después vi a las mujeres que llegaban y luego vi la prácticamédica referente al manejo de esas mujeres y de la ley. Y nunca vi llegar auna mujer feliz a hacerse un aborto provocado. Nunca la vi salir feliz; nunca lavi aliviada. Vi sólo mujeres angustiadas. La mujer que aborta es una víctimade una situación desesperada. Creo también que no necesariamente tiene lalibertad para tomar una decisión así en ese estado.­

—¿Y la autonomía de la mujer?
—No estoy en contra de la autonomía de la mujer, me parece regio que tenganderechos. Pero mujeres que tienen hijos mal formados y que están sufriendo,o mujeres que están en riesgo para ella o para la guagua o que estánembarazadas producto de una violación, no son precisamente capaces deejercer la autonomía. Porque no son libres en ese momento. Estánangustiadas, ansiosas, vulnerables. Y ahí viene la responsabilidad médica,porque yo me daba cuenta de que muchas de ellas abortaban por consejomédico porque él estaba convencido que un niño malformado no tiene paraqué venir.

—¿Cuál era el perfil de las mujeres?
—La gran mayoría angustiadas, que no necesariamente querían el aborto yque estaban ahí porque creían que no había alternativa. Imagínate que unavez me tocó que una mujer antes de entrar a pabellón me pasó una greda yme dijo: «Por favor, cuando salga ¿le puede marcar las patitas?»…Yo estabaen estado de shock.

 

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