Desde España: ¿Por qué las ayudas por hijos no sirven para aumentar la natalidad?

Desde España: ¿Por qué las ayudas por hijos no sirven para aumentar la natalidad?

Ya se habrán dado cuenta, somos muy fans de la familia. O, por decirlo menos frívolamente, agudamente conscientes de que como vaya la familia, así irá la sociedad y que sin una familia sólida no hay civilización que resista.

Por eso, ahora que estamos en fechas de formación de gobierno o de prepararnos para nuevas elecciones, encontrará aquí numerosas propuestas para favorecer a las familias y, muy especialmente, para que estas puedan formarse y tener hijos.

Naturalmente, no le voy a hacer ascos a cualquier ayuda económica -menos impuestos, ayudas directas, tal o cual imperiosa necesidad subvencionada- que llegue en este sentido, pero no les quiero engañar: no creo que sirva para mucho, al menos en lo que se refiere a animar a la fertilidad, algo que empieza a hacerse urgente. Me explico.

El juego al que se supone que jugamos todas las especies, el juego de Darwin, consiste en sobrevivir todo lo que se pueda y, sobre todo, transmitir los genes. La especie que se extingue, ha perdido; la que prospera y se multiplica, ha ganado. Si coges un grupo de individuos de una especie y los sueltas en un lugar donde tienen en abundancia todo lo que necesitan y eliminas enfermedades y depredadores, al cabo esa especie se habrá multiplicado al máximo.

Sencillo, ¿verdad? Y, sin embargo, parece no funcionar con nosotros. Es decir, parece empezar a no funcionar ahora, especialmente con los WEIRD (siglas en inglés de Occidentales, Educados, Industrializados, Ricos y Democráticos).

¿Qué tienen en común España, Estados Unidos, Reino Unido, Canadá, Alemania, Corea del Sur, Singapur y Hong Kong? Si la respuesta es que todos son países prósperos, occidentales u occidentalizados, con alto nivel educativo y una sociedad razonablemente abierta, aciertan. Pero también podrían haber acertado diciendo que ninguno de ellos alcanza la tasa de reemplazo de 2,1 hijos por mujer, es decir, el mínimo para que la sociedad de que se trate sobreviva a largo plazo. España, con 1,32 hijos por mujer, está muy, muy lejos.

Darwin se volvería loco. Lo tenemos absolutamente todo, nunca se ha vivido mejor, nunca se ha vivido tanto, nunca hemos estado más libres de lo que Shakespeare llamaba “los mil males que componen la herencia de la carne”. Es decir, nunca hemos estado en mejores condiciones para reproducirnos. O sea, que el dinero no parece ser el problema.

Luego tenemos, por ejemplo, Irak. El país de Oriente Medio no ha levantado cabeza desde la invasión americana, la guerra causó cientos de miles de muertos, los servicios dejan muchísimo que desear, el IS  se ha quedado con buena parte de su territorio y el conflicto interreligioso no da pausa. Tasa de fertilidad: cuatro hijos por mujer. ¿Afganistán? En guerra constante, aún más atrasado en todos los sentidos que el propio Irak. Tasa de fertilidad, 5,1.

No es cosa del Islam. Sucede igual en toda el África negra, incluyendo la población cristiana, e incluso en el infierno norcoreano, con sus hambrunas de millones de muertos, se animan a una tasa igual a la de Francia -la mejor de Europa- de dos hijos por mujer.

En los países sin complejos, es decir, en los que no temen mirar de frente los problemas porque sean políticamente inconvenientes, llevan algún tiempo intentando incentivos económicos.

En Polonia, el Gobierno da a las parejas mil zlotys (unos 230 euros) al año de tener un hijo, y el aborto es ilegal salvo en raros casos.

En Hungría se ha aprobado recientemente una medida por la que se dona unos 30.000 euros a las parejas que compren una casa y se comprometan a tener tres hijos en el plazo de diez años.

Y el Gobierno ruso ha creado una fiesta nacional dedicada a la concepción, ofrece más de 8.000 euros a las mujeres por cada hijo que tengan después del primero y hasta el 40% de su sueldo anterior si deja el trabajo para cuidar al hijo, además de otras prestaciones.

Pero Polonia tiene una tasa de fertilidad similar a la de España, como la de Hungría, y la rusa no es mucho mayor: 1,6.

Tener hijos es lo previsto por la naturaleza que, teniendo un enorme interés en la perpetuación de la especie, nos ha dotado con fuertes instintos en ese sentido, de modo que hacer niños sea muy apeticible y tenerlos, al menos para la hembra de la especie, muy deseable. Pero contra esa naturaleza se levanta en guerra una cultura que fomenta todo lo contrario; que no hace meramente incómodo o caro tenerlos, sino casi heróico.

Cualquiera que tenga hijos no puede por menos que reírse de los 400 euros de Zapatero… después de coger el cheque, naturalmente. A las mujeres se nos dice desde pequeñas que siempre hay tiempo -con absoluto desprecio por la biología- y que nuestra gran realización personal debe ser competir con los varones en la selva del mercado laboral.

Por supuesto, en la imagen ideal ese puesto que nos corresponde es de alta ejecutiva o científica de primera o artista genial, nunca de los empleos que en realidad vamos a ocupar y que, por lo normal, tienen muy poco de glamurosos.

Suele ser cambiar la dependencia de un hombre que te quiere, al que has elegido, que es padre de tus hijos y que se ha comprometido a las buenas y a las malas por una empresa anónima a la que, fuera de tu contribución laboral, le importas un pimiento.

En ese modelo, tener hijos pronto o tener muchos es suicida. El entorno es muy competitivo, y desaparecer unos días, no digamos unos meses, puede y suele ser quedar rezagado en una promoción o un aumento. Por otra parte, cae la nupcialidad, el contrato matrimonial se vacía de contenido y criar a solas a un hijo es labor de Hércules, no digamos a varios.

La tasa de fertilidad no va a darse la vuelta con una limosna del poder, ni la familia va a prosperar y afianzarse con ayudas, aunque nada esté de más. Es toda la cultura antinatalista la que tiene que cambiar, todo el modelo brutalmente hostil a la familia.

Y eso, ay, no creo que vayamos a verlo en breve, y menos en esta legislatura, gobierne el que gobierne.

Coordinadora Nacional Pro Familia [CONAPFAM]

Objetivos: • Canalizar la voz de la ciudadanía ante autoridades públicas e instancias de la sociedad civil para hacer presentes sus derechos y promover sus deberes. • Promoción, divulgación y defensa de los valores, derechos y deberes de la familia y de la vida humana.

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