La carta de una madre que tumba el último film pro eutanasia de Hollywood

Este mes, Hollywood espera el lanzamiento de la película que pretende ser la más romántica del año: Yo antes de ti. Sin embargo, el filme ha recibido fuertes críticas por promover el suicidio asistido como una opción para evitar el sufrimiento.

La película narra la historia de una joven que asume el reto de cuidar de un malencarado y millonario hombre discapacitado. Durante el filme se enamoran y disfrutan de los retos de una vida juntos, hasta que el joven decide que pese a que puede ser feliz prefiere la eutanasia, porque no vale la pena existir si no es cómo él quiere y menos si implica sufrir.

Yo antes de ti, basada en el libro de de la inglesa Jojo Moyes, busca ser la película romántica del verano impulsada no solo por su narrativa, sino por la participación de los actores Sam Clafin (Juegos del Hambre) y Emilia Clarke (Daenerys Targaryen en Juego de Tronos).

La película incomodó a la colombiana Catalina Forero, madre de seis hijos entre los que está Carlota, una niña de 11 años que sufre del síndrome de maullido de gato (5P- o Cri du chat). “Cuando Hollywood engalana la muerte por “piedad” nos están diciendo a ti y a mí que todos estos años ¡no valen de nada!”, asegura Forero.

Este raro síndrome, que afecta a 1 entre 50.000 niños, es una enfermedad congénita que se caracteriza por el retraso en el desarrollo mental y físico de los niños y que puede derivar en problemas renales, escoliosis, osificación anormal, bajo tono muscular, hernias inguinales, entre otros.
Por ello, Catalina decidió escribir esta carta para recordarle a ‘Lottie’, a sus cinco hermanos, y a todos los que le aconsejaron abortar, o la han discriminado por cuidar de una niña con discapacidad, que la vida de toda persona es sublime y que lo importante “no es dejar de sufrir sino saber hacerlo”.
Carlota, 11 años, está diagnosticada con el síndrome de maullido de gato / Actuall
Carlota, 11 años, está diagnosticada con el síndrome de maullido de gato / Actuall

“Yo antes de ti, tú antes de mí”

Mi querida Carlota:

Te escribo esta carta, mientras escucho tu respiración irregular invadir el silencio de la noche. Es más fácil escribirte ahora, mientras todos duermen, pues ya sabes cómo es el trajín de nuestra casa cuando sale el sol.

Hoy vi el corto de Yo antes de ti, la “película más romántica del año”, y quisiera pedirte disculpas por lo que los adultos a veces hacemos, apelando al sentimiento y olvidando la verdad.

Carlota, cuando naciste, los médicos me explicaban cómo sería tu vida a medida que pasara el tiempo y cuán difícil sería darte una buena calidad de vida, pues tus limitaciones físicas eran tan grandes que parecía casi imposible pensar que podrías siquiera sobrevivir unas cuantas horas.

Tu papá y yo teníamos el corazón roto, pues desde el instante en que recibimos la noticia de tu síndrome nos convertimos en padres de una niña especial; algo así como una especie nueva y exótica dentro del círculo al que pertenecíamos.

Poco a poco empezamos a conocerte, a utilizar todas las herramientas de la medicina que podían hacer tu vida viable: tubos gástricos, cirugías, medicamentos, aparatos ortopédicos, sondas, jeringas, ungüentos, sillas de ruedas… y a medida que pasaba el tiempo, fuimos descubriendo la belleza escondida del sufrimiento y del dolor.

El dolor, mi niña, es como una pareja de baile que no quieres que te saque a bailar: te pisa, huele mal, baila a otro ritmo, te hace sentir inferior, te obliga a ver mas allá de la rutina de la vida y te lleva por toda la pista abrazándote tan fuerte que a veces te deja sin aire y te doblega.

Sin embargo, cuando finalmente te dejas llevar y aprendes a descubrir que hay una belleza casi sublime en el dolor, quisieras que la música no se acabara nunca y descubres que a pesar de lo terrible que es sentirlo, eres una mejor persona (o bailarina) gracias a él.

Por eso, cuando Hollywood nos muestra películas como Yo antes de ti, engalanando la muerte por “piedad” con gente bonita, escenarios hermosos, riqueza, opulencia, colores y buena música, siento que nos están diciendo a ti y a mí que todos estos años de luchas, viajes en ambulancias, cirugías, terapias, aparatos… ¡no valen de nada!

Tu vida, mi hermosa niña, ¡es única! Tu vida es sublimemente ordinaria y por tanto, maravillosa. Te cansas, te entristeces, te aburres y te rindes por ratos.

Pero hay en ti una fuerza poderosa, inexplicable que te impulsa a seguir buscando la belleza de meterte al mar, así comas arena; de jugar durante horas con el mismo juguete; de tocar un perro y atacarte de la risa porque sientes sus bigotes en tus mejillas; de salpicar con tu saliva a todos los que se te acercan; de acariciar bebes y darle tu mano a quien te la extienda… ¡Tu vida es sublime!

¿Yo antes de ti? ¡Nunca! Si es que sin ti, yo no sería yo. Ojalá pudiéramos las dos hacer una película juntas de lo que significa bailar con el temible parejo llamado “dolor” y Hollywood nos diera la oportunidad de mostrarle a este mundo que vive anestesiándose que, al final, lo importante no es dejar de sufrir, sino saber hacerlo.

Carlota, duermes tan en paz… Y hasta suspiras. ¿Cómo creer que tú no sueñas y no mereces despertar? No, mi hermosa, tú antes que yo. Siempre.

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