“La pornografía es para perdedores”: 14 hechos que dan la razón a Pamela Anderson

Pamela Anderson, una de las actrices más reconocidas de los años 90, ha sorprendido en los últimos días al firmar un duro alegato contra la pornografía en The Wall Street Journal, firmado junto al rabino Shmuley Boteach.

La rubia protagonista de Los vigilantes de la playa sostiene que la pornografía tiene “efectos corrosivos en el alma del hombre y en su habilidad para funcionar como marido y, por extensión, como padre”.

Anderson, que llegó a protagonizar un video de contenido sexual con su ex marido Tomy Lee, considera que los consumidores de pornografía son gente “demasiado vaga como para cosechar las grandes recompensas de una sexualidad sana”.

En esta misma línea de trabajo se desenvuelve la organización Fight the New Drug (Combate la nueva droga), cuya misión es proveer de información y argumentos a las personas para que puedan valorar los hechos científicos relativos a la pornografía y acxtuar en consecuencia.

Consideran que ahora existe una compresión de carácter científico y basada en hechos, sobre todo el daño que la pornografía puede provocar y la ofrecen de forma accesible a todo el mundo a través de artículos, cursos y camisetas.

De sus artículos, hemos extraído 14 claves para comprender por qué Pamela Anderson tiene razón:

1.- Una droga íntima que se ‘inyecta’ por los ojos

Todos los mamíferos tenemos en el cerebro un sistema mesolímbico de recompensa. Este sistema es fundamental en el proceso de adicción y la pornografía produce en él los mismos efectos que las sustancias químicas de las drogas.

“Es como una forma de heroína utilizable en la intimidad de la casa e inyectable directamente a través de los ojos”, según el doctor Jeffry Santinover de la Universidad de Princeton (EE UU).

2.- La pornografía modifica tu cerebro

Los científicos dicen que “las neuronas que se activan juntas, se conectan entre sí”. Es una forma sencilla de tratar de explicar unos de los descubrimientos más fascinantes de los últimos años: la neuroplasticidad.

Cada vez que las neuronas se activan, desprenden químicos que fortalecen esas uniones neuronales. En el caso de la pornografía, la sustancia segregada es la dopamina. Llega un momento en que se produce un efecto por el que el mismo tipo de pornografía deja de emitir los mismos niveles de dopamina, por lo que se hace necesario buscar formas nuevas, cada vez más retorcidas de pornografía, para obtener el mismo nivel de dopamina.

Esta situación de adicción provoca modificaciones cerebrales tales como el atrofiamiento de los lóbulos frontales, encargados de la resolución de problemas lógicos. Literalmente, se entorpece la capacidad de discurrir y afrontar la resolución de problemas.

3.- Así se convierte el porno en adictivo

No hace tanto tiempo que los investigadores consideraban que para llegar a padecer una adicción era necesario meter físicamente una sustancia dentro del cuerpo. Ya sea cigarrillos, alcohol, cannabis, heroína o cocaína, todas funcionan igual en el cerebro: lo inundan de dopamina.

La dopamina nos hace sentirnos bien, pero eso no quiere decir que la sustancia que la provoca sea siempre buena. Eso nos sucede con la comida basura. La pornografía, en este sentido, es básicamente comida basura sexual.

La idea de que el organismo reciba una sobrecarga de productos químicos para sentirse bien puede resultar sugerente en primera instancia. Sin embargo, la descarga de dopamina es tan intensa, que el cerebro termina por inhibir los receptores de esta sustancia para protegerse de una sobre estimulación.

De ese modo, la excitación que producía una determinada imagen, deja de ser la misma, por lo que para mantener los niveles de dopamina el organismo requiere de nuevos estímulos, mayor frecuencia o de categorías de pornografía cada vez más duras.

Por otro lado, la pornografía compite con otros estímulos que producen dopamina, de tal forma que debido a su adicción, pierden interés actividades saludables como hacer deporte o compartir tiempo con amigos.

4.- Lleva a gustos sexuales cada vez más extremos

Muchos consumidores de pornografía se encuentran de un día para otro buscando excitación en cosas que con anterioridad consideraban, cuando menos, inapropiadas, asquerosas o directamente inmorales.

Hace unos años, un investigador llamado Jim Faust hizo un curioso experimento con ratas. Como es de suponer, las ratas huyen del olor de la muerte, como les señala el instinto. Faust logró cambiar la reacción a ese olor, poniendo hembras de rata en cajas rociadas con olor a muerte.

Las ratas macho, al principio, no quería saber mucho de la caja, ni de las hembras, debido al olor. Pero finalmente, la posibilidad del encuentro sexual se hizo más fuerte que el rechazo al olor a muerte. Esto es posible gracias a la dopamina.

Según señalan en la web de Fight the New Drug, el 56% de 1.500 jóvenes respondieron en una encuesta que sus preferencias pornográficas se habían convertido en “cada vez más extremas o desviadas”, aunque se acaben viendo con normalidad con el paso del tiempo.

5.- Un hábito que va a más y acaba costando dinero

Como adicción, la pornografía exige un consumo diario para que el adicto sienta una sensación de normalidad y, como ya se ha explicado, cada vez se necesita un nivel de porno más duro para obtener los mismos resultados.

Esta es la razón por la que los consumidores de pornografía gastan millones de euros cada año en material de pago, cuando hay decenas de millones de páginas con contenido sexual explícito gratuito en la red.

A medida que la adicción es cada vez más profunda , los consumidores se vuelven más impulsivos y se ven arrastrados por la caprichosa voluntad; al mismo tiempo, cada vez que los adictos al porno se encuentran en una situación de estrés, no encuentran otra forma de afrontarlo que no sea acudiendo a la pornografía.

6.- La pornografía mata el amor

En la vida real, el amor real necesita de una persona real. Pero los productores de pornografía no ofrecen características reales de las personas: las situaciones no tienen mucho que ver con la vida real. El problema va más allá de que se presente una fantasía pornográfica; además, incapacita para afrontar relaciones reales.

¿A qué se debe esto? A que los pornógrafos, como tantas otras industrias multimillonarias, basan su éxito económico en alimentar expectativas irreales en sus consumidores, para que vuelvan a consumir sus productos.

Un estudio de 2002 señala que cuanto más ha estado un hombre expuesto a pornografía, más prefiere que las mujeres sean más sumisas y subordinadas a los deseos del varón.  Otra investigación señala que el consumo de pornografía también afecta a la relación: os hombres consumidores de pornografía están menos enamorados de sus parejas que los que no consumen.

Por otro lado, la exposición a la pornografía desencadena una actitud más crítica con la apariencia de la pareja, la curiosidad sexual, el rendimiento sexual y las muestras de afecto.

7.- El porno está lleno de mentiras

Desde la forma de mirar, hasta cómo y por qué se tienen relaciones sexuales, todo es mentira en la pornografía. Por eso, sus consumidores van por la vida persiguiendo algo irreal, pero que echan de menos en sus relaciones.

Gracias a los editores de fotografías o a la cirugía estética, las mujeres que aparecen en las producciones pornográficas no guardan parecido con la inmensa mayoría de las féminas. Además, tanto hombres como mujeres son presentados como máquinas sexuales sin sentimientos y como partes de un cuerpo.

Incluso el propio desarrollo del acto sexual está muy lejos de la realidad.

8.- La pornografía lleva a la soledad

Como consecuencia del consumo de la actividad sexual irreal de la pornografía, el adicto encuentra mayores dificultades en encontrar una pareja que responda a sus expectativas, porque ni sus cuerpos, ni sus actitudes, ni su actividad sexual se parecen en nada a las referencias porno.

Y no sólo por eso, sino porque los adictos experimentan con frecuencia falta de confianza, inseguridad por su cuerpo o falta de autoestima, lo que perjudica su interacción con otras personas.

9.- La pornografía perjudica la vida sexual

La pornografía a menudo conduce a menos sexo y, de haberlo, a uno menos satisfactorio. Y para muchos usuarios, con el tiempo puede significar no tener relaciones sexuales en absoluto.

Cuanto más se interna uno en su consumo, más se aleja de la verdad de la sexualidad. La estimulación química cerebral relacionada con la pornografía puede llegar a arruinar la vida sexual, debido a que sólo se produzca excitación si hay pornografía.

La influencia de la pornografía en el comportamiento sexual real es aún más importante cuando los consumidores son preadolescentes y adolescentes que aún no han tenido relaciones sexuales reales y cuyos únicos modelos sexuales son los ofrecidos por la industria pornográfica.

10.- La pornografía perjudica a tu pareja

Varios estudios han encontrado que las parejas de los consumidores de pornografía, con frecuencia se sienten traicionadas, desconfiadas, devastadas y llenas de ira cuando se enteran de que su otra mitad ha estado consumiendo porno.

Estas reacciones pueden llegar a provocar cuadros de ansiedad  e incluso depresivos, al considerarse relegadas o menospreciadas.

La pornografía y la prostitución, además, están ligadas, aunque sólo sea porque son dos formas de comercializar el sexo y el cuerpo.

La adicción a la pornografía es una de las grandes epidemias del siglo XXI / PixabayLa adicción a la pornografía es una de las grandes epidemias del siglo XXI / Pixabay
La adicción a la pornografía es una de las grandes epidemias del siglo XXI / Pixabay

11.- Lo que oculta la industria pornográfica

Detrás de la multimillonaria industria de la pornografía, que muestra historias en las que, al menos de forma aparente nada falla, hay un buen número de historias humanas en las que se cruzan abusos, abandonos, drogas, automedicación y, por supuesto, enfermedades.

La pornografía y la prostitución, además, están ligadas, aunque sólo sea porque son dos formas de comercializar el sexo y el cuerpo.

12.- De la pornografía a la violencia

Aunque es cierto que no todo lo pornográfico tiene el mismo grado de violencia en su contenido, no es menos verdad que la inmensa mayoría de las producciones están trufadas de abusos físicos y psicológicos, en especial contra las mujeres.

La mayoría de la producción pornográfica enseña a sus consumidores que la violencia y la humillación son moneda de cambio común en las relaciones sexuales.

Un estudio de 2010 analizó las películas pornográficas de mayor éxito. Tomaron 50 al azar y hallaron que en el 88% de las escenas había violencia física y en el 49%, violencia verbal. Los personajes víctimas de violencia en esas escenas, respondieron en el 95% de los casos bien de manera neutral o mostrando placer.

13.- La pornografía manipula la educación sexual

Quieran o no, los adolescentes reciban parte de su educación sexual de la pornografía. Los investigadores han detallado con profusión que, hay una relación directa entre la cantidad de pornografía que se consume, el adelanto de la edad de iniciación sexual y la multiplicación del número de parejas, con la incidencia que esto tiene en la salud sexual.

14.- La pornografía: ruina económica

No es sólo el caudal de autoengaño e irrealidad que la pornografía aporta al consumidor sobre las relaciones sexuales, sino que no son pocos los casos en los que la adicción a la pornografía ha llevado a una familia a la ruina económica, bien por el dinero despilfarrado, bien porque el consumo en el trabajo ha llevado a un despido.

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