La era del sucumbe

La era del sucumbe

Según la ideología de género, el sexo se nos impone «culturalmente». La genética, según esta teoría, ha sido destronada, tirada cuesta abajo por un empinado desfiladero. Para esta teoría, al mismo tiempo, las formas externas del sexo, usualmente aceptadas –por ejemplo, cabello largo en las mujeres y cabello corto en los hombres- viene impuesta también por la «cultura». En no pocos países, por ejemplo en México, Colombia, Estados Unidos, Argentina, etc., las cortes supremas de justicia vienen, del mismo modo, vía fallos constitucionales, dando rienda suelta y cabida legal a la ideología de género. Persiguen, de modo anonadado, en otras latitudes, v.gr. Alemania y Australia, Nueva York, que se distinga entre sexo masculino, femenino, neutro, género dotado, travesti, transexual, mezclador sexual, etc., lo cual conlleva que en documentos que son constatarios de los atributos legales de la persona, se alteren datos como el género, el sexo, etc. Un niño, según estas proyecciones, aunque físicamente sea un varoncito, puede, con fundamento legal, que se presente como niña o «neutro». Ya en España, incluso, le cambian todos sus papeles.

Todo ha arrancado con la llamada revolución de la ideología de género. Así que, a no dudarlo, estas reformas legales, estos fallos llamados «jurisprudenciales», están abriendo las trochas para que veamos a un «niño» con vulva o a una «niña» con pene. Y, como ya se ha visto, en no pocos parques o plazas de otras latitudes – me tocó verlo en Orlando y en Madrid- aparecen «parejas» integradas tan solo por hombres o tan solo por mujeres y detrás de ellos niños o niñas con caras mustias, miradas en lontananzas, tristes, afligidos, deprimidos. Y pensar que las reformas legales lo están permitiendo y magistrados de cortes también.

A los baños, en donde deben entrar los hombres, entrarán mujeres porque ellas, según la ideología de género, son hombres o a hombres entrando a baños de mujeres porque ellos se sienten «plenamente mujeres». Hay, por otra parte, países que se han unido para ser promotores de la ideología de género a nivel mundial: ya no se trata de promover el turismo, como clásicamente lo hemos visto, sino que se promoverá también un turismo de ideología de género y ello no significará otra cosa que tal o cual país está aperturado a la libertad ilimitada e irrefrenable del sexo sin menosprecio de cualquier expresión o manifestación de ella. «Venga a disfrutar nuestro país, que aquí compartimos la ideología de género como en Sodoma y Gomorra».

He podido, por otra parte, advertir algún grado de indiferencia o de poco importa en muchas personas. Por ejemplo, a algunas les he preguntado qué opina sobre este tema de la ideología de género y en torno al proyecto de ley N.° 61 – Por la cual se adoptan políticas públicas de educación integral, atención y promoción de la salud-, y que persigue convertirse en ley de la República. En próxima entrega referiré el carácter inconstitucional del mismo.

Las respuestas obtenidas me han resultado frías, indiferentes, con un grado de frialdad que espanta. Me han respondido: «toda persona es libre de elegir quién quiere ser o cómo vivir», «yo no me meto en eso, allá cada cual», «yo vivo y que me dejen vivir, después que no se metan conmigo», «qué me importa a mí, si yo al menos estoy seguro (a) de quién soy», etc. El problema de estas respuestas es que, en un momento dado podría suceder que ya no quede nadie para protestar.

Personalmente, considero, que estamos transitando por caminos tortuosos de una sociedad en descomposición social. Todo empieza a desmoronarse: la familia, las relaciones de parejas –hombre y mujer, no de quién haga el papel de mujer o del hombre, insisto: hombre y mujer», los valores educativos, morales, espirituales, el propio Estado, los Gobiernos, etc. Como que estamos viviendo la era del «sucumbe».

¿Qué hacer? También es sencillo: Que los hombres y mujeres buenos, las familias buenas, temerosas de Dios, no guardemos silencio, porque este es el estado de bienestar que quieren encontrar lo que defenestran nuestras formas propias de ser. Al final de cuentas, debemos tener bien claro que la lucha entre el bien y el mal no concluye aún. Se ha acentuado en el mundo entero. ¡Seamos del partido de los buenos, los que creemos en Dios!

Defendamos a la familia, la que Dios creó.

Por Silvio Guerra Morales – opinion@epasa.com
Abogado

Coordinadora Nacional Pro Familia [CONAPFAM]

Objetivos: • Canalizar la voz de la ciudadanía ante autoridades públicas e instancias de la sociedad civil para hacer presentes sus derechos y promover sus deberes. • Promoción, divulgación y defensa de los valores, derechos y deberes de la familia y de la vida humana.

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