Cruda realidad / ¿Identidad sexual? Llámalo X

Decía Chesterton que el objeto de una mente abierta es el mismo que el de una boca abierta -cerrarse sobre algo sólido- y que mantenerla en permanente estado de apertura es arriesgar a que las ideas se desparramen. Y se diría que eso pasa con el pensamiento progre, que se dirige a toda velocidad hacia la nada absoluta.

La última ocurrencia nos llega de ese paraíso de los políticamente correcto que el Canadá de Justin Trudeau, verdadero ‘poster boy’ de la progresía occidental, que no hay tópico victimista que no haga suyo.

Ha tenido la idea don Justin -que todavía está en fase de darle vueltas, pero ya la ha anunciado- de emitir documentos de identidad sin el apartado del sexo, o con este en blanco. Después de todo, juzgar a un ser humano por sus genitales o sus cromosomas es -¡todos a una!- sexista y cisheteronormativo.

Este Justin, que ha encabezado la marcha del Orgullo Gay en Montreal, apenas tiene día que no dé una alegría a los guerreros de la justicia social, y se estrenó en la presentación de su Gobierno, a poco de ser elegido, cuando a la pregunta de por qué tenía exactamente el mismo número de varones que de hembras respondió con este sesudo argumento: “Porque estamos en 2016”. Imagino que el próximo enero cambiará, de proporción sexual o de ‘boutade’.

O, más probablemente, se avergüence de haber dado por supuesto el sexo de sus ministros, que es error que, al menos en lo que respecta al común de sus conciudadanos, ahora quiere subsanar con el DNI asexuado.

La idea, claro, es no imponer sobre el individuo límite alguno a lo que decide ser, cree ser o desea ser, ni aun en algo tan fácilmente comprobable e incambiable como el sexo. La naturaleza, ya lo dijimos, es una fascista de tomo y lomo y tiene que dejarse en manos del individuo decidir qué es y qué no.

Esto, naturalmente, plantea serios problemas. ¿Qué hacemos con los esquizofrénicos, las personas con múltiples personalidades? Quizá los bipolares, pese a lo que opinen quienes conviven con ellos, no llegan a ser dos personas, pero ¿y los otros? ¿No merecen, por el mismo argumento, varios documentos de identidad?

Como recuerda el autor británico Theodore Dalrymple, según el Manual Diagnóstico y Estadístico de la Asociación Psiquiátrica Americana, los afectados por desórdenes disociativos de la identidad alcanzan el 1,6% de los varones y el 1,4% de las mujeres,mientras que las cifras equivalentes para disforia de género -la enfermedad que da origen a la transexualidad- son del 0,005-0,014% y el 0,002-0.003%, respectivamente. La discriminación es flagrante y escandalosa.

Lo suyo sería eliminar por completo cualquier documento que acredite quién eres, y no solo el sexo. ¿Qué hay del nombre? ¿Qué pasa si ya no me identifico como ‘Candela Sande’ y prefiero ser, no sé, Ana Patricia Botín?

Bromeo, naturalmente. Sé bien lo que quieren nuestras élites al ampliar más allá, no solo de lo sensato, sino aún de los posible, nuestros horizontes sexuales, que es que siempre les da por lo mismo.

Quieren que andemos muy ufanos con nuestra posibilidad de elegir nuestra identidad sexual para que no advirtamos cómo recortan nuestras otras identidades.

Nos quieren bestezuelas en un constante simulacro del fornicio -¡si al menos fuera la cosa real!- porque a las bestias se las doma y es más fácil dar estas licencias como juguetes a un niño para que no veamos cómo estrechan cada día nuestra libertad real.

No podrás elegir cómo educar a tus hijos, ni cuánto pagar al Estado del dinero ganado con tu sudor, ni decir lo que piensas si lo que piensas puede concebiblemente molestar a un miembro de uno de los grupos protegidos, que nacen como los champiñones después de la lluvia.

La vida pública se llena diariamente de prohibiciones, restricciones, límites a la libertad.Pero, eh, puedes elegir ser ‘génerofluido’ o ‘pansexual’.

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