A los húngaros no les pillan de nuevas los asedios. Budapest fue saqueada por los turcos en 1526, sitiada en 1529 y ocupada en 1541. La dominación otomana duró casi siglo y medio. Y ya en el siglo XX, fue machacada por los tanques soviéticos, durante la II Guerra Mundial; y cuando se sublevó contra el yugo de la URSS, en 1956.

Ahora vuelve a ser asediada, pero no por los otomanos o los comunistas… sino por ¡la Unión Europea! El Parlamento ha instado al Consejo de la UE a actuar contra Hungría de Viktor Orban porque amenaza a los valores fundacionales de la Unión, esto es libertad, democracia, igualdad, Estado de Derecho y respeto de los derechos humanos”.

Le acusan de xenófoba, de no aceptar refugiados, y a su primer ministro le tildan de “protofascista”  (en un editorial, El País califican a Orban de Tirano, protofascista, megalómano).

Cualquiera diría repasando el catálogo de improperios que un peligroso dictadorzuelo se ha colado en la Europa del siglo XX. A Orbán se le ha llegado a calificar como “El hombre más peligroso de la Unión Europea”; y de Hungría se ha dicho que es “el país donde anida el odio”.

Tiene gracia que dé lecciones de separación de poderes José Borrell un histórico del PSOE, el Partido que enterró a Montesquieu al convertir el Poder Judicial en un clon del Parlamento

¿Realmente es así?, ¿es Orban un Al Capone, el enemigo público número uno; y Hungría, una amenaza para el Estado de derecho? o ¿estamos asistiendo a un nuevo asedio contra Budapest, solo que sin sables otomanos o tanques soviéticos?

Veamos las principales acusaciones.

Primera, el Estado de derecho peligra en Hungría porque no se respeta la independencia judicial. Habría que replicar que no mucho más que en otros países de la propia UE. El organismo que mide la independencia judicial –el EU Justice Scoreboard – no pone a Hungría en un nivel muy bajo, en comparación con España o Italia.

Por otro lado, tiene gracia que dé a Hungría lecciones de separación de poderes el ministro de Exteriores Borrell, un histórico del PSOE, el Partido de los cien años de honradez -contengamos la risa-, el Partido que enterró a Montesquieu al convertir el Poder Judicial en un clon del Parlamento. Como ha recordado Francisco José Contreras, los veinte miembros del CGPJ son nombrados por las Cortes, en abierta violación del art. 122.3 de la Constitución, que establece que sólo deberían nombrar ocho.

Segunda, desprecian los derechos de las minorías, como gitanos y judíos. Falso. ¿Lo de la Eurocámara es miopía o estrabismo? Porque delante de sus propias narices, tiene como vicepresidenta del Parlamento a una gitana magiar, Livia Járóka, y no de una formación de izquierdas precisamente, sino del mismo partido de Orban.

Y lo de los judíos es leyenda negra. Alguien tan poco sospechoso como el ‘premier’ israelí Netanyahu afirma que el país centroeuropeo “está en la vanguardia de los Estados que se oponen a las políticas anti-judías”. Desde luego los hebreos están más seguros en Hungría que en Francia, Bélgica, Holanda o Reino Unido donde impera la sharia islamista.

Tercera, xenofobia al no aceptar a los refugiados.– Orban está en su derecho a controlar con mano firme las fronteras de Hungría -país pequeño que no llega a los 10 millones de habitantes-. El primer ministro ha dejado claro que no admitirá la entrada de refugiados en el país y que detendrá y juzgará a quienes allanen ilegalmente el territorio magiar.

La UE llama a eso xenofobia, y Orban llama invasión a la oleada de refugiados (“Europa afronta una invasión” dijo textualmente al diario Bild). Juzguen ustedes mismos quién de los dos tiene razón.

¿No puede un Estado soberano reservarse el derecho de admisión?, ¿no tiene derecho a decidir quién entra, y a exigir que quien lo haga que se integre asumiendo los valores históricos de esa sociedad?

Ya advirtió el politólogo Giovanni Sartori que la termita multiculturalista terminaría arruinando a Europa. Y por ahí no está dispuesto a pasar Viktor Orban.

Los que, desde luego, no tienen la menor duda al respecto son los propios húngaros. A más firmeza frente a la “invasión”, más respaldo popular consigue Orban en las urnas. Y va ya por el tercer mandato, desde que llegó al poder en 2010.

Pero el establecimiento eurocrático debe creer que tienen derechos sobre la voluntad popular del pequeño país centroeuropeo. Paradójicamente, una instancia un tanto marciana -la UE- que no ha elegido nadie, una superestructura artificial que trata de imponer los criterios de una oligarquía sobre la soberanía de los Estados, se permite dar lecciones de democracia a los miembros de la Unión y decide quién es bueno y quién es malo.

Al final, el asedio contra Budapest (como antes contra Varsovia, otro Estado díscolo) es un pulso entre dos concepciones de Europa. El despotismo globalizador contra la identidad nacional; los que tienen déficit democrático frente a los que gobiernan con fuerte respaldo popular. Los que no creen en los valores de la civilización europea y los que sí y además los defienden.

Quizá lo que más chirría en la UE es que el Gobierno magiar haya suprimido los estudios de Género

En la Constitución húngara, recientemente reformada, se alude explícitamente a la tradición cristiana del país, se define a la familia como la unión de entre hombre y mujer, y se pide protección para el ser humano “desde el momento de la concepción”. Y se predica con el ejemplo, fomentando la natalidad, el principal activo de una sociedad.

Todo eso chirría en una Unión Europea que rechaza sus raíces y está carcomida por el multiculturalismo. Pero quizá lo que más chirría es que el Gobierno magiar haya tenido la osadía de suprimir los estudios de Género en la Universidad, por considerarlos un patraña que no tiene nada de ciencia. El rasgamiento de vestiduras ‘bruselita’ y ‘macronita’ debe haberse oído en Sebastopol….

 

Fuente: https://www.actuall.com/criterio/democracia/nuevo-asedio-budapest-esta-vez-no-los-turcos-sino-la-union-europea/

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