La Corte Suprema de Estados Unidos anunció este miércoles que uno de sus nueve jueces, Anthony Kennedy, pasará a la jubilación a partir del 31 de julio, dando de esa forma al presidente Donald Trump la posibilidad de traer a un nuevo magistrado a ese tribunal.

Kennedy, de 81 años y quien había sido nombrado para la Suprema Corte por Ronald Reagan en 1988, es considerado un juez de corte conservador aunque en temas sociales solía acompañar el voto de los magistrados progresistas.

En una breve nota oficial, la oficina de Kennedy aseguró que el juez había adoptado esa determinación por el interés de pasar más tiempo con su familia y que el magistrado mantendrá una “cálida relación” con sus ex colegas del tribunal.

“Ha sido un gran honor y un privilegio servir a mi país en el sistema judicial durante 43 años, 30 de ellos en la Suprema Corte”, apuntó el juez en la nota.

Instantes después de conocerse la noticia del retiro de Kennedy, Trump dijo que se trataba de un “gran juez de la Suprema Corte”, y añadió que la búsqueda de un magistrado substituto comenzaría “inmediatamente”.

“Espero que podamos escoger alguien que sea igualmente magnífico”, apuntó el mandatario en el Salón Oval de la Casa Blanca.

Trump relató que este miércoles Kennedy lo visitó en la Casa Blanca y le comunicó su decisión.

Como juez de la máxima corte del país, Kennedy había enfurecido a conservadores al votar contra las oraciones religiosas en ceremonias de graduación escolar o en apoyo a la legalización del aborto, pero también irritó a progresistas al defender el actual modelo de financiamiento de las campañas políticas.

En el 2015, Kennedy emitió el voto decisivo en la decisión de la Corte en favor del casamiento entre personas del mismo sexo.

La salida de Kennedy deja servida a Trump la posibilidad de cumplir su promesa de campaña de indicar a la Suprema Corte jueces de neto corte conservador, convencido de que muchos de los males actuales del país son consecuencia de la presencia de jueces progresistas en ese tribunal.

El equilibrio de fuerzas estuvo a punto de ser quebrado en febrero del 2016, durante el gobierno de Barack Obama, con el súbito fallecimiento del juez ultraconservador Antonin Scalia.

Para substituir a Scalia Obama llegó a nombrar al juez moderado Merrick Garland, pero los republicanos en el Congreso se negaron de plano analizar o votar ese nombramiento alegando que se trataba de un año electoral.

Luego de su victoria en las elecciones de noviembre de ese año, Trump desechó a Garland y nombró a Neil Gorsuch, de apenas 50 años, en un gesto que mantuvo firmemente la mayoría conservadora en el tribunal y la apuntaló por décadas.

Ahora Trump tiene en sus manos la capacidad de escoger otro nombre para la Corte Suprema.

El mandatario dijo este miércoles que el sucesor de Kennedy deberá salir de la lista de 25 magistrados que la Casa Blanca había elaborado con ocasión del nombramiento de Gorsuch.

La vacante creada por la jubilación del juez Kennedy da al presidente Trump la oportunidad de remodelar el Tribunal Supremo con una nueva mayoría conservadora. El puesto de magistrado del Tribunal Supremo es de carácter vitalicio en los Estados Unidos. Esto significa que una nueva mayoría conservadora en el alto tribunal influirá decisivamente en el curso de los debates culturales sobre el aborto, la familia o los llamados “derechos de género” que dividen actualmente a la sociedad estadounidense. “Habrá una jurisprudencia conservadora durante toda una generación”, presienten en el Partido Demócrata y en los sectores más progresistas de la prensa.

 

Fuente: https://www.elnuevoherald.com/ultimas-noticias/article213943174.html

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