Hasta mediados de los años 90, los miles de supervivientes de abortos provocados eran un colectivo desconocido. Eso empezó a cambiar con la viralización del testimonio de Gianna Jessen y el éxito de la película de 2011 basada en él, October Baby. 

El establishment mediático, que tanto celebra y rentabiliza otras historias dramáticas, mantiene el muro de silencio sobre estos casos, consciente de que estas personas, con su mera existencia, rompen el discurso abortista de la ideología dominante. Pero no ha podido impedir que cada vez más víctimas sean conocidas y además se asocien y organicen y ofrezcan públicamente su testimonio.

El más célebre, después de Gianna Jessen, es el de Melissa Ohden, fundadora de The Abortion Survivors Network. En 2011 se involucró en la campaña presidencial estadounidense con un vídeo que recordaba que no una, sino cuatro veces, Barack Obama había votado como senador a favor de una ley que impidiese a los médicos salvar la vida de los supervivientes de aborto. Sus palabras tuvieron alcance nacional e internacional.

Melissa ha escrito un libro contando su historia: su infancia y juventud junto a su familia de adopción, cuándo y cómo supo la verdad de su origen, y la larga búsqueda de sus padres biológicos. Acaba de ser publicado en España: Siempre fui parte de ti (Rialp).

El descubrimiento de la verdad
Su madre biológica se sometió en 1977 a un aborto por inyección salina a las 31 semanas de embarazo. Tras unos días de envenenamiento, el parto inducido de lo que se debía ser un niña muerta lo fue de una niña viva. La echaron a un lado para que muriese, pero una enfermera la llevó a reanimación y consiguieron rescatarla. A diferencia de Gianna Jessen de la pequeña italiana Viola, Melissa no padeció secuelas físicas de este trauma brutal.

Tras dos meses en el hospital, le dieron el alta médica y Melissa fue adoptada por Ron y Linda Cross, padres adoptivos de otra niña, Tammy, y que acabarían teniendo su propio hijo natural, un chico. Nunca hicieron diferencias entre los tres. Eran una familia cristiana metodista y acudían con frecuencia a la iglesia (“era un segundo hogar para nosotros”). Melissa creció en un sano ambiente hogareño en Iowa, con grandes apreturas económicas y unos padres que trabajaban muchas horas y muchos fines de semana para poder salir adelante. Ella siempre supo que era adoptada, pero le dijeron que su madre biológica la quería mucho y la habia dado en adopción porque no podía atenderla bien.

¿Cómo conoció la realidad? Eso no vamos a revelarlo, porque Siempre fui parte de ti se lee con una intriga muy bien dosificada y no echaremos a perder el interés que suscitan tantos momentos cargados de emociones que comenzaron a partir de ese punto y ella comparte con el lector. “Tenía la sensación de que mi vida era una gran mentira”, explica: “Tenía que volver al principio y reconstruirla en toda su dolorosa verdad“. Tampoco desvelaremos el meollo del libro, a saber, el largo recorrido de búsqueda de sus padres y todo lo que eso supuso, ni su resultado.

Hubo mucho dolor, eso sí, en todo ello. Melissa sufrió un auténtico estrés postraumático tras conocer su verdadero origen, que desembocó en un cóctel de anorexia/bulimia, alcohol y promiscuidad, con un progresivo alejamiento de la práctica religiosa. Hasta que comprendió que todo ese camino de huida del sufrimiento… incrementaba su sufrimiento aún más. Decidió retornar al camino recto: “Mi corazón y mi mente se volvieron hacia Aquel del que no podía ocultar mi vida interior y mis pecados secretos; Aquel que tenía el poder de liberarme“.


Melissa, en la época en la que empezó a buscar a sus padres.

Y lo hizo. Volvió a la sensatez y se graduó en 1996, año en el que escuchó por primera vez el testimonio de Gianna Jessen. No se conocerían personalmente hasta años después.

Un testimonio que molesta
Melissa continuó indagando sobre sus padres e involucrándose poco a poco en el movimiento provida. Opuesta al aborto (por razones de convicción por un lado, y de biografía por otro), se sentía feminista, pero ya en su primer año de universidad comprobó que en ese ámbito se veía reducida al silencio. Al principio no tenía reparos en hablar de su origen, pero… incluso entre compañeros universitarios aparecía el tabú: “Fui muy abierta en cuanto al hecho de ser superviviente de un aborto legal… Pronto me di cuenta de quemi historia no podía ser escuchada, luego no debía ser contada“. Habla de “gelidez“: “El rechazo de mis compañeras me hería profundamente… Mi encuentro con la corrección política en torno al tema del aborto me dejó hastiada y temerosa”.

Aún más significativa es otra anécdota. Una vez licenciada, durante un curso de doctorado en Psicología Clínica, el profesor les ordenó un trabajo de análisis sobre alguna experiencia existencial propia. Melissa escogió su propio nacimiento. Cuando su escrito fue corregido llegó la sorpresa: “Me puso la nota máxima por mi análisis técnico, pero sus comentarios al margen fueron durísimos. Uno de ellos en paticular se me quedó grabado: ‘Esto tiene que ser mentira. ¿Por qué te dirían tus padres una cosa tan horrible?’ Me dejó anonadada. Otra vez me callaban… [El profesor] simplemente era incapaz de reconciliar su apoyo del aborto con la existencia de una superviviente“. La joven tomó una decisión: “Arrostrar la contradicción que suponía mi existencia para su ideología”.

Melissa se casó en 2005 y empezó a ejercer su profesión en el ámbito del trabajo social.


La autora de Siempre fui parte de ti, junto a su marido Ryan y sus dos hijas. Perdieron una tercera, precisamente por un aborto espontáneo, otro dolor que la vida no ahorró a Melissa.

Un tercer momento de falta de piedad por parte de sus contradictores tuvo lugar cuando se implicó políticamente contra el aborto. Melissa había comprendido, cuando se quedó embarazada y vio la primera ecografía de su hija, cuál era su misión en este mundo. “Sentí una terrible responsabilidad ante mi hija”, dice: “Tenía que aprovechar lo que me había ocurrido para hacer de su mundo un lugar donde todos los niños sean queridos“. Contactó con Feminists for Life y en torno a 2008 empezó a dar conferencias. Cuando nació la pequeña, esa misión se perfiló: “Con mi hija acurrucada contra mi pecho, sentí compasión por la mujer que me llevó en sus entrañas, y por lo que ella se había perdido”.

Ya no luchaba solo por las víctimas directas del aborto (los niños), sino por sus víctimas indirectas: las madres e incluso los padres responsables del aborto de sus hijos, porque también ellos se acercaban a hablar con ella tras sus charlas. “Me solidarizaba con los supervivientes que conocía, pero las que me partían el corazón eran las madres que me decían cómo lamentaban haber abortado… Llegué a comprender que una parte de mi misión era la de ser la voz del perdón para ellos. Claro que mi misión era también simplemente la de personificar la humanidad del ‘feto’ abortado”.

Por una buena política
En 2012 se involucró en la campaña por la nominación republicana de Rick Santorum, senador católico y provida. Su mujer, Karen, había escrito un libro, Cartas a Gabriel, dirigidas al niño que perdió durante el embarazo, en una cirugía intrauterina. La lectura del libro le resultó “catártica”. Así impactada, se movilizó por Rick a causa de su historial como legislador provida: encabezó la campaña en el Congreso contra el sádico método de aborto por nacimiento parcial. Obama era el gran defensor de la legalidad de ese método, y Melissa lo recordó en el vídeo de campaña que hemos reproducido al principio.


Melissa Ohden testificó en septiembre de 2015 ante la comisión del Congreso de los Estados Unidos que investigaba a Planned Parenthood por el tráfico de órganos de niños abortados.

“Sabía que la emisión de mi historia provocaría respuestas. Pero no estaba preparada para la ferocidad con que me atacaron“: de nuevo, como aquellos primerizos compañeros de universidad, como aquel profesor en el postgrado, el horror que había vivido cuando más indefensa era no provocaba solidaridad, sino repulsa y odio. Y un nuevo dolor para ella, que sin embargo no la arredró: “Gracias a lo que pasé durante la campaña de 2012 es más fuerte mi voz en defensa del no nacido. Y estoy comprometida con la utilización de mi voz entre bastidores y delante de las cámaras para hablar por los niños silenciados y las madres engañadas por la cultura de la muerte, convencidas de que la vida de su hijo es el precio de su felicidad“.

Con su historia, Melissa Ohden ha salvado cientos, tal vez miles de vidas. De dos de ellas da cuenta precisa en Siempre fui parte de ti.

Fuente: https://religionenlibertad.com/sobrevivio-aborto-busco-los-padres-que-rechazaron-62634.htm

Objetivos:
• Canalizar la voz de la ciudadanía ante autoridades públicas e instancias de la sociedad civil para hacer presentes sus derechos y promover sus deberes.
• Promoción, divulgación y defensa de los valores, derechos y deberes de la familia y de la vida humana.
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