Por Jorge Soley

Hace ahora un poco menos de un año, un profesor de filosofía de la Universidad Católica de Lovaina saltó a las portadas de la prensa, un suceso poco habitual. Su nombre era Stéphane Mercier y su tesis, defendida en 2010, versó sobre la filosofía de Cicerón. ¿El motivo de su repentina fama?

Se hizo eco en su día con la publicación de esta noticia:  Un profesor de la Universidad Católica de Lovaina investigado por llamar “asesinato” al aborto

En efecto, Mercier había tenido la osadía de plantear en un curso de filosofía la cuestión del aborto y de su moralidad, sin referencias religiosas, sencillamente invitando a sus alumnos a reflexionar sobre el concepto de persona o de homicidio desde el campo de la filosofía, de la moral y de la lógica. Algo tremendamente peligroso en un mundo que se vanagloria, en un ejercicio de hipocresía suma, de encarnar la libertad y la tolerancia.

El inicio de la tormenta que acabó con la expulsión de Mercier de la Universidad Católica de Lovaina se desató en la prensa belga que se lanzó a una campaña de indignación pidiendo la cabeza del profesor que se había atrevido a cuestionar el dogma del aborto en un curso de filosofía.

La reacción en cadena fue tremenda, una “caza de brujas” en toda regla. La reacción de la Universidad fue también muy significativa: en un comunicado oficial se desmarcaron rápidamente del profesor afirmando que el “derecho al aborto estaba inscrito en la Constitución belga” y que sus opiniones entraban “en contradicción con los valores defendidos por la Universidad”.

Si ya les parece un argumento deleznable en una universidad que, misteriosamente, aún lleva el nombre de católico, las declaraciones en la televisión de Tania van Hemelryck, asesora especial del presidente de la universidad en política de género, fueron aún más chocantes: llegó a afirmar que “la Universidad defiende el derecho al aborto, y sobre todo el derecho a elegir de las mujeres”.

Se inició así un procedimiento disciplinario contra Stéphane Mercier que ha acabado, al menos por el momento, con su expulsión de la Universidad Católica de Lovaina, reo del más pavoroso delito que uno pueda imaginar: cuestionar con argumentos racionales el aborto y legar a la conclusión, sólida y lógica, de que “el aborto es siempre un crimen porque es el asesinato de una persona inocente”. ¡Cómo se atreve! ¡Que lo echen! ¡Que le impidan enseñar, hablar, respirar!

Por cierto, un último aspecto añadió un punto casi cómico a todo este lamentable espectáculo. La misma semana que Mercier era sancionado, la Universidad Católica de Lovaina anunciaba que se sumaba a la red “Scholars at risk”, dedicada a garantizar la libertad académica de los profesores. Sin comentarios.

Decía que todo este suceso era profundamente lamentable, pero ha tenido al menos un aspecto positivo. Stéphane Mercier, ya expulsado de la Universidad Católica de Lovaina, ha decidido publicar el contenido de sus sesiones sobre el aborto en un libro que acaba de ver la luz bajo el título de La philosophie pour la vie. Contre un prétendu “droit de choisir” l’avortement.

El libro llama la atención por lo sensato y equilibrado. Quedarán defraudados quienes busquen exabruptos y generalizaciones. Se trata de un texto cuidadoso, que avanza sin prisas, estableciendo las alternativas lógicas que se van presentando y analizando si se sostienen o no.

Y claro, como es un libro serio, llega a conclusiones, eso tan desagradable para la cultura hegemónica actual. Aunque mucho de lo que contiene el libro de Mercier no es nada nuevo (él mismo se declara deudor de, por ejemplo, Peter Kreeft), llama la atención la argumentación a favor de aplicar el calificativo de “persona” al embrión: “cualquiera que sea el estadio de desarrollo considerado, el ser en desarrollo no cambia de repente de especie. Los diferentes términos: embrión, feto, lactante, niño, etc., se refieren a diferentes estadios de desarrollo de una misma entidad”.

También resultan muy interesantes las reflexiones de Mercier sobre algunos de los argumentos que se usan para justificar el aborto. Se habla del criterio de viabilidad… pero entonces, ¿es la tecnología a nuestra disposición la que nos hace personas y nos da derecho a la vida? Porque la viabilidad depende de la tecnología médica y del entorno en el que estemos (¿quién es viable si le dejan en medio de la jungla?).

También se habla de que el embrión no ha madurado aún todos sus sistemas… lo mismo que un niño, que por ejemplo no ha madurado plenamente su sistema reproductivo. Por último, resulta muy clarificador el paralelismo que hace Mercier entre aborto y violación para comprender la existencia de actos intrínsecamente malos, que siempre lo serán con independencia de sus circunstancias.

Podríamos seguir, pero baste por ahora para señalar que, gracias a la penosa actitud de la Universidad Católica de Lovaina, disponemos ahora de un libro más que argumenta con lógica contra esa gran lacra de nuestro mundo que es el aborto.

Fuente: https://www.actuall.com/criterio/vida/del-estiercol-de-la-censura-al-fruto-de-la-reflexion-libre-sobre-el-aborto/

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