Por Carlos Colón.

No hay grupo de víctimas que, afortunadamente, no tenga quien denuncie su situación y gobierno u ONG que le ayude. Salvo uno: el de los seres humanos no nacidos. Se les mata sin causa terapéutica en sociedades opulentas en las que los anticonceptivos más eficaces y la educación sexual están al alcance de todos, las leyes no discriminan a los hijos nacidos fuera del matrimonio y no se segrega o condena a las madres solteras. Lo defienden los partidos de izquierdas y de derechas. Habla de él cada vez menos una parte considerable de la Iglesia. A nadie le interesa perder clientela y todos saben que se trata de algo imparable, querido por el poder más formidable que jamás haya existido -“nunca el dinero ha gritado tan alto como ahora”, escribió George Steiner- y reclamado por igual como un derecho por ciudadanos de todas las ideologías y creencias o de ninguna. Oponerse al aborto libre, admitiéndolo sólo en los supuestos que antes contemplaba la ley, es suicidarse políticamente y exponerse a los peores insultos y descalificaciones. Pero si uno cree -como escribió Pasolini- que el aborto es un asesinato, ¿qué puede hacer? ¿Callarse para no ir contra casi todos y no ser tildado de facha e identificado con los integristas americanos que ponen bombas en las clínicas? Cuando se tiene la convicción de que se está dando muerte a la vida humana más inocente y con más potencial de vida, no se puede callar.

En los primeros 15 años del siglo XXI, con toda su educación sexual y libre acceso a los anticonceptivos, se han matado 1.549.653 fetos en España. La inmensa mayoría, sanos. Sólo en el 6,51% de los casos había grave riesgo para la vida o la salud de la embarazada, en el 3,71% anomalías fetales incompatibles con la vida y en el 0,31% enfermedades extremadamente graves e incurables. Y habría que precisar la frontera que delimita los dos últimos casos porque se incluye en ellos el síndrome de Down, matándose al 95% de los fetos en los que se detecta. “El aborto hace caer el síndrome de Down”, publicaba con brutal euforia un diario nacional. Y tanto. Lo terrible es que se está acabando con él como Malthus proponía acabar con los pobres: matándolos. En el caso de los Down a través del aborto, en el de Malthus sembrando epidemias, haciendo más insalubres las condiciones de vida y provocando guerras. ¿Les parece brutal la comparación? Lo lamento. Pero así lo pienso y lo siento.

Fuente: http://www.eldiadecordoba.es/opinion/articulos/matanza-inocentes_0_1204079864.html

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