Por Tomás I. González Pondal

Muchas investigaciones modernas se cifran en este postulado: Que si alguien cubre con una bolsa de plástico su rostro, podrá seguir respirando con total normalidad.

¿Recuerdan lo que muchos investigadores, instituciones, “pensadores” y medios de comunicación vienen difundiendo hasta el cansancio sobre la sexualidad de los niños? Recordémoslo juntos: nos dicen que no tienen una “identidad” definida. Ni siquiera hablan de sexo, hablan de identidad. Pero sigámosle la corriente, atengámonos a sus palabras: “los niños nacen sin identidad definida, ellos deben elegirla, construirla, más adelante”.

Pero ahora para introducir la idea nefasta de que las parejas gay no influyen en la mente de los niños, nos cuentan que hay un estudio hecho por investigadores de la Universidad de Kentucky, donde se ha probado que “el tipo de familia no influye en la identidad de género de los hijos”. Ahí tiene usted un avance de la seriedad de estos “científicos” que, según sea el ángulo de la ideología de género que desea defenderse, van a sacar una investigación avalando tal o cual engaño.

Para presentar a la adopción de niños por parte de parejas homosexuales como algo que no perjudicará a los menores, la canallada sostiene: “En los análisis realizados en edad preescolar, se ofreció a los niños juguetes de chicos y de chicas (…). El análisis demostró que en todas las formas de familia había tanto niños que se comportaban conforme a su género, como niños que no, y que este comportamiento se había mantenido constante a lo largo de los años. Y que era indiferente de cualquier cuestión de género o tipo de orientación sexual de sus padres. La orientación sexual de los padres y el tipo de familia no tuvo ninguna influencia significativa”. En lo transcripto vemos que dos veces se utiliza la expresión “análisis”, palabra que intenta desviar la atención de lo que realmente se hizo: un experimento. No temen hablar de chicos y chicas: ahora les parece bien, pero –volvamos a decirlo- es simplemente en miras a inculcar la idea de que tener por padres a unos homosexuales no es perjudicial para los niños. Presentan como algo de lo más natural e indiscutible, que además de haber chicos y chicas, también hay «chic………» (complete la línea de puntos con lo que crea ser fantasía). Estos “universitarios” (pseudosinvestigadores) a sueldo (¡y vaya uno a saber qué tipo de sueldos!) barren con todo el sentido común y con las afirmaciones científicas más respetables y serias sobre el comportamiento infantil. Baste decir aquí algo archisabido: los niños son como esponjas, absorben todo lo que ven. Si ven cosas malas, las incorporan y triste será su destino. Petit De Murat, en su obra maravillosa «El amanecer de los niños», lo dijo de este modo: la madre comunica al hijo “todo en el trato que le da, en la manera de mirarlo, en la presencia. En la serenidad de esa alcoba, en el orden que reina, en la manera de estar dispuestas las cosas (…). El niño se fija en todo y se da cuenta de la malicia de lo que están diciendo (…). Los mayores provocan los males que después lamentan en sus hijos”. De modo que afirmo de rondón y sin duda alguna: estos estudios que se presentan como avances, como descubrimientos, son, ni más ni menos, que viles mentiras, cuya “seriedad” no alcanza a equiparase con la de un payaso de circo.

Tras semejantes experimentos, la conclusión entonces a la que llegan no puede ser otra que la siguiente: “Nuestros resultados sugieren que el desarrollo de género de chicos adoptados por padres tanto de lesbianas como de los gays procede de manera típica y es similar al de los niños adoptados por parejas heterosexuales. Así, parecería que tener un modelo masculino y femenino en el hogar no es necesario para facilitar el desarrollo de género entre chicos adoptados, ni desalienta la no conformidad de género”. Si procede de manera típica (¡ellos lo reconocen!), entonces admiten contra su macabra pretensión que los niños absorben los ejemplos que ven.

Uno de los trasfondos ocultados es el siguiente: no importa si el niño padecerá o no cambios en su sexualidad a raíz de lo que se le inculca, baste simplemente que vea como normal la anormalidad de los mayores que lo adoptaron; tal cosa implica un inmenso avance en su lucha.

Pero, ¿qué más hay? Con el experimento frankesteniano al que ya se lo da como una verdad indiscutible –evidentemente para eso fue financiado-, se pretende “ayudar” a “abogados, jueces, trabajadores sociales y agencias de adopción”, para que dejen de lado todo tipo de “prejuicios” a la hora de dar niños en adopción a las parejas homosexuales.

La experiencia bestial no está destinada a probar que los niños no son afectados por las parejas sodomitas que los adoptan, sino que está destinada a probar que tales parejas son uniones muy buenas. Para estos pseudocientíficos los niños son… bueno… meras excusas, son juguetes para diversión del monstruo que no para de crecer.

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Fuente: https://m.facebook.com/story.php?story_fbid=358311984599551&id=100012622573251

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