Imagine la siguiente situación: usted es un personaje público y es convidado por un grupo de estudiantes a exponer sus ideas en la universidad de la que son alumnos. Es un lugar ideal, propio para el diálogo y el debate civilizado. Pero cuando llega al local es recibido por una turba de jóvenes, y otros no tan jóvenes, muchos alumnos y algunos agitadores profesionales, que le impiden entrar al recinto. Han tomado el local de la conferencia y los patios aledaños.

No solo le obstaculizan el paso; también le escupen, ofenden, lanzan piedras, botellas e improperios y le golpean. Usted quiere razonar con los agresores, les pide conversar y ellos le responden con más violencia. “Al fascismo no se le escucha, se le aplasta”, dicen.

Le llaman ‘nazi’ y ‘facho’ porque usted no es de izquierda y se declara de derecha, sin complejos. Le lanzan a la cara que su imperdonable delito es defender el cuidado de la vida humana desde la concepción hasta la muerte natural, la integridad de la familia natural y la libertad de educación.

‘No eres persona’, le gritan e intentan asfixiarlo con una manta que lleva estampada una consigna roja. Le cercan, le jalonean, le lanzan puñetazos y puntapiés. Quieren lincharlo. Son decenas contra usted.

Las autoridades de la universidad no intervienen de forma efectiva en ningún momento. Los jóvenes que le invitaron intentan hacer algo, pero son neutralizados con brutalidad. Dos de las personas que le acompañan intentan sacarlo del campus. No le dejan. Le siguen como jauría rabiosa.

Le siguen durante cuadras lanzándole objetos y cuando se le emparejan le golpean la cabeza, los tobillos, la espalda, intentan alcanzarle el rostro con el puño, consiguen hacerle caer. Usted no revida (toma represalias).

Ve un local donde refugiarse y entra. La horda se congrega y cerca el local. Gritan consignas. Se escucha un “vas a morir”. Amenazan con invadir. En ese momento llega un grupo de carabineros y todos se dispersan. Corren. Huyen en manada.

Hasta aquí imagine que esto aconteció con usted.

Lamentablemente el relato del inusitado de violencia no es ficticio. Es el recuento exacto de los hechos que padeció el pasado miércoles 21 de marzo José Antonio Kast, exdiputado que contendió el año pasado en el primer turno de las elecciones presidenciales de Chile.

El presidente del Senado y la presidenta del Partido Comunista, lejos de condenar los hechos, culpan a Kast de haber sido agredido

Obtuvo medio millón de votos, a pesar de que se lanzó como candidato independiente con una campaña muy austera, y desempeño un importante papel para la victoria de Sebastián Piñera en el balotaje (segunda vuelta).

Fue invitado por estudiantes de la Universidad Arturo Prat (Unap), en el puerto de Iquique, al norte del país andino, para hablar sobre la función pública. Y allí fue salvajemente agredido por quienes enarbolan la tolerancia como bandera. Terminó con un dedo quebrado y un esguince en el pie.

También fueron atacados el abogado Ignacio Dülger y el dirigente político Hector Vergara, que le acompañaban en la visita.

La reconstrucción de los hechos fue realizada con base algunas declaraciones de testigos presenciales y a partir de lo que registran los diversos videos que circulan en las redes sociales. No hay exageración. Usted puede ver aquí la violencia que se les infligió.

La izquierda, hipócrita, le responsabiliza de la violencia

Dos de los jóvenes que le agredieron, un chico y una chica, justificaron sus acciones a un canal de televisión: “No podíamos ser ajenos a Kast y su tropa (…) nos estamos dedicando a visibilidad la violencia estructural que él defiende”. Para ellos el ‘discurso’ del político es de intolerancia y odio. La Asociación de Funcionarios y Académicos de la Unap publicó una nota en la que le rotuló como “ultraderechista” y valoró que su presencia en la institución fue una “clara provocación”.

Algunos políticos de izquierda también salieron a responsabilizar a Kast. La diputada Carmen Hertz, militante del Partido Comunista de Chile y presidente de la Comisión de Derechos Humanos de la Cámara, dijo en una improvisada rueda de prensa que Kast es responsable de lo que le pasó. “Es un hombre que niega genocidio que hubo en Chile (a manos de Pinochet), y ese discurso criminal de odio y violencia conduce inevitablemente a una sociedad que ha sido traumatizada a (reaccionar con) un circuito de venganza”, afirmó.

Carlos Montes, presidente del Senado, declaró que “hay ciertas señales de que José Antonio Kast anda en una actitud un tanto provocadora; o sea, va a lugares donde se genera… no conozco este caso, pero yo lo llamaría a él a tener más moderación”.

Ningún parlamentario o político del Frente Amplio, coalición de izquierda que acaba de perder el poder, condenó la agresión al exparlamentario. La única excepción fue Vlado Mirosevic, el joven presidente del Partido Liberal, quien a través de su cuenta de Twitter calificó el hecho de “inaceptable”.

Repudio a la violencia

La diputada Maria José Hoffmann condenó en el pleno de la Cámara los actos de violencia y pidió un pronunciamiento de la Casa. Un documento de repudio fue propuesto por Francisco Undurraga, de Evópoli, pero fue boicoteado por el Frente Amplio, que recibió duras críticas de las demás siglas.

Uno de los primeros a manifestar su rechazo a la agresión fue el Presidente Sebastián Piñera quien la calificó de “cobarde y artera”, y manifestó su “total solidaridad” a Kast y a su familia. A través de un comunicado, el Ministerio de Interior notificó que levantará una querella contra quienes resulten responsables.

Kast: “Lo que no puede ocurrir es que la violencia le gane al diálogo, eso no lo vamos a permitir, nosotros no nos vamos a rendir, no nos van a callar”

Los presidentes de la Unión Demócrata Independiente (UDI), Jaqueline Van Ryseselberghe; de Renovación Nacional (RN), Mario Desbordes y del Partido Radical (PR), Ernesto Velasco, se sumaron también a la condena y calificaron la actitud de los agresores como antidemocrática y cobarde.

Que les quede claro: “No nos vamos a rendir”

En una sencilla rueda de prensa ofrecida el jueves 22 de marzo, José Antonio Kast informó de que llevará a la justicia a quienes resulten responsables por el ataque. “Vamos a exponer a todos los violentistas de la universidad, la gente tiene que saber quienes son, la universidad debe que tomar acciones reglamentarias para expulsarlos, no hay espacio para los agitadores y los violentos, la universidad es un lugar de diálogo, de conversación, de exponer ideas”, dijo.

Apuntó que el único detenido por la Policía, Juan Ramírez, líder del Partido Comunista local, de 40 años y que se identificó como “estudiante de gastronomía”, debe responder por sus actos que podrían haber causado la muerte de personas en el campus universitario.

Además, en una entrevista a CNN, señaló que Manuel Riesco, miembro histórico del Partido Comunista y pareja de la diputada Carmen Hertz, puede ser el “responsable de lo que ocurrió en Iquique, porque él dijo a todo el mundo que había que detenerme a palos”.

“Esto hay que pararlo [..] nosotros no podemos entregarle la cancha a los violentos”, acotó.

En declaraciones a otro medio, publicadas en su cuenta de Twitter, advirtió: “Lo que no puede ocurrir es que la violencia le gane al diálogo, eso no lo vamos a permitir, nosotros no nos vamos a rendir, no nos van a callar”.

El abogado, que esta trabajando en la conformación de un nuevo movimiento político provalores en el país, escribió días antes un artículo para The Clinic titulado ‘La izquierda cavernaria’. Se publicó el mismo día de la agresión. En el texto denunciaba la paradoja de que “los mismos que se llenan la boca hablando de tolerancia, de libre expresión y de libertades, (son, exactamente,) los mismos que nos tildan de conservadores, retrógrados y cavernarios (…) los mismos que nos censuran en las universidades”.

Profético o, por lo menos, muy fiel a la realidad desnuda y cruda.

 

Fuente: https://www.actuall.com/democracia/jose-antonio-kast-salvajemente-agredido-una-universidad-chilena/

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