El 14% de los estudiantes en España afirma haber sufrido algún tipo de acoso en el entorno educativo, según refleja el informe “El bienestar de los estudiantes: resultados de PISA 2015”, del Ministerio de Educación. Un acoso que, según el mismo documento, es de carácter verbal y humillante, más que de violencia física. Una situación, la del bullying, que no es nueva pero que se debe abordar, remarca la psicóloga Ada Vaquero, en el marco de una conferencia organizada en la Iglesia Bíblica Ebenezer de Barcelona. “Hoy sigue habiendo la misma violencia que años atrás pero quizás somos más conscientes de ello”, reconoce.

Para Vaquero la evolución del acoso entre iguales está relacionada con el aumento de la presencia de la violencia en la sociedad. “Está en todas partes”, afirma. “Encendemos la televisión, incluso en los programas de animación, o jugamos a un videojuego y estamos recibiendo mucha violencia”.

Las Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC) han abierto un mayor espectro de posibilidades en el acoso entre iguales. Las redes sociales y otras plataformas digitales han redimensionado el concepto de bullying y se han convertido en un escenario de difícil acceso para el seguimiento de los casos a causa de la brecha generacional que existe entre padres e hijos respecto el uso y el dominio de estos medios.

“Los niños se han apoderado y los padres han perdido el control. Por eso es muy importante enseñarles a usar estas nuevas tecnologías. No podemos controlarles pero sí debemos darles un espíritu crítico ante lo que tienen delante”, manifiesta Vaquero.

Precisamente, en este marco del entorno digital es donde se producen también otras formas de acoso, ya no entre iguales, sino de adultos a menores. Es el caso del grooming, una práctica en la que un adulto establece conexión con un menor normalmente ligada a un componente de abuso sexual o pedofilia.

UNA RESPONSABILIDAD DE TODOS

Entre las señales de alarma que se pueden diagnosticar ante un caso de acoso están una menor comunicación, un mayor aislamiento, trastornos del sueño, resentimiento del rendimiento académico o, incluso, problemas somáticos, anímicos y de autoestima.

Ante todo ello, Vaquero reitera la necesidad de entrenar y desarrollar las habilidades sociales. “Los niños y los adolescentes están viendo cómo actuamos cuando hay un abuso o una injusticia. Necesitamos tener relaciones entre iguales donde no haya abuso de poder”.

En este sentido los valores bíblicos también pueden incidir en la situación. “La vida está llena de frustraciones y necesitamos ayudarles a remontarlas transmitiendo valores”, explica Vaquero. “Si no lo hacen los padres lo harán otras personas”.

 

Fuente: http://protestantedigital.com/sociedad/43935/Los_ninos_y_los_adolescentes_estan_viendo_como_actuamos_ante_un_abuso_o_una_injusticia

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