APOCALÍPTICOS E INTEGRADOS

A los que luchan contra el nuevo totalitarismo ideológico que se quiere imponer a las naciones del mundo se les califica de “extremistas”, “apocalípticos” y “conspiracionistas”, se les acusa de no entender que la nueva ortodoxia ideológica creada en torno a la idea del “género” es un fenómeno benévolo y socialmente redentor que nos traerá una era de paz, amor y tolerancia. Suena muy bien y las acríticas masas pulpines lo han asumido con entusiasmo como su nuevo dogma. Por todos lados se pueden ver los mantras intocables del momento: ¡Diversidad! ¡Tolerancia! ¡No discriminación! acompañados del florecimiento recurrente de las nuevas sectas pro LGTB.

Sin embargo, la realidad no suele ser tan idílica como el dogma la concibe. Sobre todo si se la observa desde la claridad de las consecuencias que trae, a mediano y largo plazo, en la vida cotidiana de los hombres y mujeres de a pie. La historia de las ideologías suele ser a este respecto bastante ilustrativa pero no es necesario ir tan lejos para ver las consecuencias prácticas del dogma del “género”. Veamos un caso concreto.

 

DE ANDALUCÍA PARA EL MUNDO

Este reciente lunes 15 de enero de 2018 el mundo ha sido testigo de un nuevo grito en el desierto llamado a convertirse en lección didáctica global. La Comunidad Autónoma de Andalucía ­-región sureña española y la más poblada de ese país- publicó, en su Boletín Oficial, la nueva Ley 8/2017 con un título tan bonito como engañoso: “Ley para garantizar los derechos, la igualdad de trato y no discriminación de las personas LGTBI y sus familiares en Andalucía[1].

¿Cuál es el dogma de la nueva ley?

Que “La diversidad sexogenérica es una realidad patente[2]. Es decir, que se ha descubierto una nueva verdad escondida por milenios a los ojos humanos: “que no sólo somos hombres y mujeres, sino que los humanos existimos en un número indeterminado y creciente de «géneros», entendidos éstos como las ideas, sentimientos o fantasías que tenemos sobre nosotros mismos y que, por el sólo hecho de poderlas concebir, se hacen realidad o se deben imponer a los demás como realidad.”

¿Que esa es  interpretación?.. No, para nada. Leamos textualmente lo que dice la Ley:

“Los principios de la presente ley parten de la libre facultad de toda persona para construir para sí una autodefinición con respecto a su cuerpo, identidad sexual, géneroorientación sexual, siendo esta un requisito básico para el completo y satisfactorio desarrollo de su personalidad.”[3] [Resaltado mío]

Ojo, no estamos frente a las definiciones de un nuevo Manual Esotérico reservado para unos pocos fanáticos iluminados, estamos frente a una Ley, efectiva y real, que afectará de aquí en adelante a toda una región del sur de España, sólo a ellos… al menos por ahora.

 

CONSECUENCIAS

¿Y qué tan malo puede ser creer que las fantasías son realidades?.. Veamos algunos alcances concretos de la ley:

El Gobierno de Andalucía se compromete a desarrollar “campañas y acciones afirmativas, con el fin de promover el valor positivo de la diversidad en materia de identidad y expresión de género[4]. Traducción: “El Gobierno promoverá, a partir de ahora, la enseñanza de que las fantasías son realidades, con la plata de todos los contribuyentes”. Y eso significa que dejará de usar esos crecientes fondos para otros fines sociales no ideológicos que normalmente benefician a la mayoría de la población.

Además, “La Consejería competente en materia LGTBI realizará campañas que contribuyan a la erradicación de la discriminación por orientación sexual e identidad de género[5]. En palabras sencillas: “Se castigará al que no se someta al nuevo dogma”.

¿Algo más?, sí, claro, recién estamos empezando. El Gobierno “prestará respaldo a la celebración, en fechas conmemorativas, de actos y eventos que, como formas de visibilización, constituyen instrumentos de normalización y consolidación de la igualdad social plena y efectiva en la vida de las personas LGTBI y sus familiares[6]. Es decir, el Gobierno financiará las fiestas LGTB con la plata de todos a fin de que sus conductas y comportamientos sean “normalizados” y glorificados.

Seguimos. “La Comunidad Autónoma de Andalucía… desarrollará acciones positivas que contribuyan a compensar las desigualdades de género[7]. Traducción: “Las personas que no tengan fantasías o delirios de identidad serán discriminadas frente a los que sí los tienen, y estos delirios los habilitarán para recibir todo tipo de privilegios y respaldo legal que impidan que alguien pueda cuestionarlos”. ¡Adiós a la libertad de expresión!

 

EL OBJETIVO: LOS NIÑOS Y JÓVENES

¿Bueno, simplemente evito cuestionar el nuevo dogma y todo irá bien, verdad?

Lamentablemente, no. “Se garantizará la educación en valores de igualdad, diversidad y respeto desde la educación infantil, explicando la diversidad afectivo-sexual sin estereotipos”.[8] Es decir, los niños quedarán bajo el yugo del nuevo dogma y se les adoctrinará desde pequeños a creer que las fantasías son realidades y que pueden ser lo que fantaseen ser, ya que los demás serán obligados a aceptarlo como verdad. ¡Abuso infantil, legal y masivo!

Adicionalmente, el Gobierno se obliga a pagar tratamiento hormonal para menores de edad. “Los menores transexuales tendrán derecho a recibir tratamiento para el bloqueo hormonal al inicio de la pubertad[9]. ¡Cambio hormonal para niños!

Y también en la Universidad. Se “promoverá [en las Universidades] acciones informativas, divulgativas y formativas entre el personal docente sobre la realidad LGTBI, que permitan proteger, detectar y prevenir acciones de discriminación o acoso.”[10] Es decir, adoctrinamiento universitario obligatorio tanto de docentes como de alumnos y personal administrativo.

 

NUEVA “CULTURA” Y PENALIZACIÓN

¿Aquí se acabó por fin la propaganda?.. Aún no. “Se adoptarán medidas de apoyo y fomento de iniciativas y expresiones artísticas, culturales, patrimoniales, recreativas y deportivas considerando sus formas propias de representación.”[11] La cultura entera al servicio de la ideología.

¿Y cómo lograrán organizar y mantener semejante cambio estructural?.. “Se crea el Consejo Andaluz LGTBI, adscrito a la Consejería competente en materia LGTBI, como órgano participativo y consultivo en materia de derechos y políticas públicas del colectivo LGTBI y contra la LGTBIfobia”. Es decir, ha nacido el nuevo Gran Hermano en Andalucía, la nueva policía del pensamiento en forma de monstruo administrativo dotado de múltiples tentáculos y ávido de castigar a los disidentes.

¿Este Consejo tendrá algún poder coercitivo?.. Sí, podrá impulsar la penalidad de todo aquello que considere discriminatorio contra los LGTB. “Las infracciones muy graves serán sancionadas con multa de 60.001 hasta 120.000 euros.”[12] Nadie está a salvo.

 

CONCLUSIÓN

Definitivamente, un nuevo “mundo feliz” está amaneciendo en algunas regiones del mundo. Pero un mundo que sólo será feliz para aquellos que estén listos a renunciar a sus libertades fundamentales y a someterse dócilmente al nuevo dogma. Para los que no lo hagan no será un mundo feliz, sino uno de persecución y criminalización.

La nueva Ley andaluza es muy clara en lo que debería creerse e imponerse. Y esto difícilmente podría calificarse ahora como una postura extremista, apocalíptica o conspiracionista, ni mucho menos como el ensayo lúdico de una nueva novela inspirada en Huxley. Esto es real y actual, de aquí y ahora. Es la consecuencia directa de la aceptación progresiva de un dogma aparentemente inofensivo y beneficioso que se ofrece al mundo como la panacea moderna, pero que esconde el mismo propósito que tuvo aquel antiguo caballo de Troya.

 

NOTAS

[1] Ver el texto completo, aquí: http://www.juntadeandalucia.es/boja/2018/10/BOJA18-010-00030-245-01_00127784.pdf

[2] Idem. Pág. 12

[3] Idem

[4] Idem. Pág. 19

[5] Idem

[6] Idem

[7] Idem. Pág. 21

[8] Idem. Pág. 22

[9] Idem. Pág. 29

[10] Idem. Pág. 25

[11] Idem. Pág. 31

[12] Idem. Pág. 39

 

Objetivos:
• Canalizar la voz de la ciudadanía ante autoridades públicas e instancias de la sociedad civil para hacer presentes sus derechos y promover sus deberes.
• Promoción, divulgación y defensa de los valores, derechos y deberes de la familia y de la vida humana.
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