Las advertencias de muchos sobre los peligros del aborto y del matrimonio homosexual cayeron en saco aunque el tiempo les dio la razón. ¿Volverá a pasar lo mismo con la eutanasia?

La estrategia la conocemos de sobra porque ya la hemos visto en acción, por desgracia, en diversas ocasiones. Se exagera deshonestamente un hecho, se elige un caso especialmente cargado de emotividad y se inicia el derribo, con la ayuda de una opinión pública sensiblera y en estado de shock, de la última barrera contra la barbarie.

Entonces, en un último y desesperado acto, alguien que aún mantiene la cabeza fría, argumenta que si se da ese paso las consecuencias no previstas (o mejor, ocultadas) serán devastadoras. Se advierte de que, en buena lógica, si se abre una grieta acabará hundiéndose el buque entero.

Es lo que los ingleses llaman slippery slope, la pendiente rebaladiza: empiezas por un lado pero vas resbalando por ella hasta alcanzar el otro extremo, aquel al que habías jurado y perjurado que nunca llegarías. Pero cuando llegas ya es demasiado tarde; aunque son muchos quienes lo contemplan horrorizados, ya no pueden hacer nada ante unos hechos consumados que se nos presentan como sin vuelta atrás.

Pero el caso es que es nombrar lo de la “pendiente resbaladiza” y que arrecien las acusaciones: sois unos exagerados, unos alarmistas, eso nunca pasará, de hecho nosotros estamos también en contra de aquello que vosotros presentáis como ineludible.

Lo hemos visto con el aborto. Algunos advertían de que el inasible riesgo psicológico era la puerta al aborto libre (especialmente si basta con la firma de un psicólogo para justificarlo). Les dijeron que eran unos malpensados, pero la realidad es que fue así. El subterfugio de almacenar certificados con el nombre por rellenar y la firma del psicólogo de turno ya estampada así lo demostró. Pero ya no había vuelta atrás.

Lo hemos visto con el matrimonio entre personas del mismo sexo. Algunos advirtieron del riesgo que significaba para la libertad de expresión y para la libertad religiosa. Les tacharon de fanáticos homófobos, pero tenían razón. Lo cierto es que hoy en día es cada vez más peligroso afirmar en público que el matrimonio es solamente la unión de un hombre y una mujer.

Y pasará con la eutanasia. Cuando advertimos de que abrir esa puerta es dar paso a que cada vez más personas sean eliminadas en contra de sus deseos o que los enfermos mentales incómodos serán puestos fuera de circulación, nos tachan de catastrofistas y nos acusan de haber visto demasiadas películas distópicas. Y una vez más volveremos a tener razón.

¿Qué cómo puedo estar tan seguro?

Porque ya está ocurriendo. Es la ventaja de no ser los pioneros: que ya podemos ver la pendiente resbaladiza en acción y confirmar con la realidad nuestras previsiones.

Alexandra Thompson y Sophia Kuby han publicado un estudio, The Legalization of Euthanasia and Assisted Suicide: An inevitable slippery slope, que aporta datos irrebatibles en este sentido.

Allí analizan lo que está sucediendo en los países que han legalizado la eutanasia y el suicidio asistido, principalmente Holanda y Bélgica desde 2002 (en otros países donde también es legal, como Alemania desde 2015 o Canadá desde 2016, no hay aún datos para sacar conclusiones).

En Bélgica existe la obligación de elaborar un informe sobre la aplicación de la ley cada dos años. Según estos informes han sido eliminadas en aquel país 12.726 personas desde que entró en vigor, aunque el mismo informe admite que existe un número indeterminado de casos que no se reportan debidamente y que estima en al menos un 35% más (aunque recientes investigaciones elevan el porcentaje al 50%).

Un dato muy curioso: el aumento más importante es el de eutanasias de pacientes diagnosticados con demencia. Esto responde a un hecho: cada vez más se aplica la eutanasia no a personas que sufren dolores físicos, sino a quienes muestran síntomas propios de una edad avanzada o que sufren enfermedades mentales.

A finales de 2015 psiquiatras y profesores universitarios belgas firmaron una carta criticando esta tendencia sobre la base de que en esos casos no se puede afirmar el requisito de incurabilidad exigido en la ley… pero los hechos consumados ya habían entrado en acción y no se ha tomado ninguna medida para corregirla. También crecen, año tras año, las eutanasias aplicadas sin que haya existido una petición expresa al respecto.

En Holanda llama la atención que los menores puedan solicitar la eutanasia desde los 12 años. El informe de la Comisión de Eutanasia Holandesa también destaca el crecimiento de centros especializados en la aplicación de la eutanasia (bajo el nombre de “Clínicas del Fin de la Vida”), que tienen un papel muy significativo en la aplicación de la eutanasia a personas con demencia (33% de todos los casos), enfermedad psiquiátrica (62%) y patologías asociadas con la edad (27%). Estas “clínicas”, además, ofrecen servicios a domicilio en los que un equipo móvil se desplaza hasta tu casa y mata al paciente en la “comodidad” de su hogar.

Concluyen Alexandra Thompson y Sophia Kuby que “viendo lo que ocurre en Holanda y Bélgica parece inevitable que la legalización de la eutanasia crea su propia demanda. Si en un principio se limita a casos de sufrimiento físico extremo, rápidamente se expande a sufrimientos físicos no extremos, sufrimientos mentales y psicológicos e incluso a casos de personas sanas con síntomas asociados a la vejez”.

Nos quieren vender algunos casos extremos y aptos para películas lacrimógenas, pero lo que nos van realmente a colocar es un mundo en el que cada vez más serán eliminados, con o sin su consentimiento, ancianos y personas con enfermedades mentales. No es catastrofismo ni exageración, es lo que ya está sucediendo en los países en los que la eutanasia y el suicidio asistido es legal desde hace quince años. Se llama pendiente resbaladiza y no hay manera humana de evitarla. Por una vez, ¿tendremos en cuenta la experiencia ajena para no caer en los mismos errores?

Fuente: https://www.actuall.com/criterio/vida/eutanasia-la-pendiente-resbaladiza-es-real/

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