Por Tomás I. González Pondal.

No van a un recital de la banda de rock, kIss, aunque por sus acciones, seguramente tengan aprendido de memoria el álbum Destroyer del referido grupo, por caso el tema God of thunder: “…I was raised by the demons”.

No quieren que nadie les diga piropos cuando van caminando, pero ellas caminando perpetran con total impunidad toda clase de agresiones.

No quieren ser acosadas, pero con total desparpajo practican el exhibicionismo amparadas por un sistema político permisivo, decadente, y que hace la vista gorda ante tales desmanes.

No quieren la violencia –eso dicen, ¡qué cómico!-, pero llevan cuchillos como signos de destrucción y muerte; arruinan con sus inscripciones macabras a las paredes, las esculturas, los monumentos.

No quieren la esclavitud y por eso llevan en sus manos significativas cadenas, pero tienen sed de la esclavitud a muerte de los nasciturus.

No quieren que nadie ofenda sus cuerpos, pero ellas son las primeras en denigrárselos.

No quieren, según dicen, que el clima sea arruinado, pero contaminan a las sociedades física y mentalmente.

Son ejemplares de la asquerosidad: ejemplo de una estética repugnante; ejemplo de desquicie y desenfreno; ejemplo de crueldad. Para que no nos quede duda alguna, basta con ver sus cuerpos donde dejan clarísimo eso de “mi cuerpo mi decisión”: su decisión es arruinarse, afearse, degradarse, definirse como un “territorio” desordenado y repulsivo

Si un trabajador ve afectado su derecho a una justa remuneración, no va a la oficina del jefe con sus partes pudorosas al aire y una frase en su panza que diga algo así como: “mi estómago debe ser alimentado”; y una trabajadora que se ve acosada por un compañero, no se presenta ante su patrón mostrando sus partes íntimas y una inscripción cerca de ellas que diga: “exijo respeto a mi órgano sexual”. Darían para pensar de todo, pero aun así podría ser cierto que, en verdad, hayan tenido afectados o su derecho a una justa remuneración o su derecho a un respeto digno. Pero las feministas se presentan desnudas reclamando algo que no es derecho: asesinar a un niño (fue dicho mil veces y es sentido común). De modo que muestran, entre otras cosas, una doble aberración: hacer un reclamo desnudas, y hacerlo por algo inexistente, siendo esto segundo mucho peor que lo primero, porque tiene que ver con la vida de un pequeño indefenso.

Un cuerpo desnudo en un momento inadecuado, está desnudando algo más: está dejando al descubierto que la cordura brilla por su ausencia.

Fuente: https://www.facebook.com/tomgonzalezpondal/posts/905583256275326

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