Andy era un niño norteamericano de 3 años que decía a sus padres que era una niña, jugaba con juguetes del sexo opuesto y hacía amistades con chicas más fácilmente que con niños.

Lo que parece otro caso más de los fomentados por los seguidores de la ideología de género resulta que tiene una explicación muy natural.

Ni disforia, ni identidad no binaria, ni transexualidad… no era más que celos de una hermana y pretendía llamar la atención de sus padres. Eso era todo.

Resulta que la hermana de Andy, nació con alguna discapacidad y acaparó toda la atención de los padres cuando él solo contaba con tres años. Al ver que le hacían menos caso, el pequeño razonó que lo mejor era hacerse pasar por niña, como su hermana, ya que eso le serviría para que se le prestase la misma atención que antes de que naciera su hermana.

Al poco de ser tratado, volvió a la normalidad y sentirse como lo que era desde que nació: un varón.

Este es uno de los ejemplos que se han planteado en un simposio patrocinado por The Heritage Foundation.  Los doctores Michelle Cretella, All Josephson y Paul Hruz, especialistas en pediatría, psiquiatría y biología respectivamente demostraron científicamente lo que verdaderamente ocurre en la mente y el cuerpo de los niños cuando se aplica la ideología de género para los más pequeños en vez de ser consecuentes con su biología, según cuenta The Daily Signal.

Lo que dice la pediatría

La doctora Michelle Cretella es la presidenta del American College of Pediatricians (Colegio Americano de Pediatras), con sede en Florida. Destacó lo que determina el sexo de un niño: “El sexo biológico no es atribuido” sino que viene dado.

“Está determinado por nuestro ADN en el momento de la concepción, y está en cada célula de nuestro cuerpo. Esto se resume en los cromosomas: si una persona tiene un cromosoma Y, es un niño; si no lo tiene, es una niña”.

La pediatra destacó también que los “pensamientos y sentimientos a medida que los niños maduran no se programan antes del nacimiento, sino que se desarrollan a lo largo del tiempo”.

Recordó además que no existen exámenes científicos o evidencias biológicas que demuestren que el género es escogido por una persona. Para ilustrar sus argumentos, contó el caso del pequeño Andy.

Hace diez años ella atendió al pequeño que decía ser transgénero: “Entre los tres y cinco años de edad, el pequeño Andy jugó cada vez más con juguetes de niñas. Y de hecho hacía amistad con las niñas con mayor facilidad, y comenzó a decir a sus padres ‘mamá, papá, yo soy una niña’”.

Como profesional, la opción de Cretella fue encaminar a los padres de Andy a un terapeuta, para poder observar las dinámicas familiares que determinaban esa circunstancia. Pero “durante una sesión los padres tuvieron una revelación”, cuenta.

“Andy sostenía un camión y una muñeca Barbie. En un momento, miró a sus padres y les dijo: ‘mamá, papá, no me amas cuando soy un niño’. Fue a partir de ahí cuando el terapeuta descubrió que había algo para empezar a trabajar”.

La hermana de Andy, que tiene cierta discapacidad, nació cuando él tenía tres años de edad. Los padres acabaron prestando más atención a ella por sus necesidades. Andy entonces pensó que ellos preferían a su hermana y que él necesitaba ser una niña par que sus padres lo amaran.

Al enfocar la terapia partiendo de esta circunstancia, Andy progresó en su tratamiento. Y subraya la doctora Cretella: “En apenas un año ya no tenía una necesidad psicológica de ser del sexo opuesto para sentirse amado”. Tras el tratamiento, se identificó nuevamente como lo que era, un niño, y volvió a ser feliz.

Lo que dice la psiquiatría

Josephson, profesor y jefe de la División de Psiquiatría Infantil y Adolescente en la Universidad de Louisville (Kentucky) clasifica la actual revolución transgénero como “un fenómeno social-cultural-psicológico”, pero dejó claro que se trata de un “fenómeno negligente, que descuida necesidades de desarrollo de los niños”.

Según Josephson, los niños pequeños no tienen la capacidad de tomar decisiones sobre la identidad sexual, al igual que no tienen la capacidad conducir. Es obligación de los padres ayudar a sus hijos a aprender estas cosas durante su desarrollo.

“Por supuesto que usted puede apoyar y amar a sus hijos, de hecho, debe”, dijo. “Pero no debe apoyar una idea equivocada”.

Lo que dice la biología

Hruz, profesor de endocrinología, biología celular y sociología en la Universidad de Washington (Saint Louis), destacó los problemas psicológicos a los que las personas transgénero se enfrentan. Esto incluye depresión y ansiedad, y pueden tener consecuencias negativas como el abuso de sustancias químicas.

“Estos niños que tienen una identidad de género que no concuerda con su sexo y realmente están sufriendo”.

Las directrices para el tratamiento de pacientes transgénero surgieron en los Países Bajos y se introdujeron en los Estados Unidos hace unos diez años, de donde se han vuelto casi normativas en los otros países.

Antes de eso, recuerda el profesor, la identidad transgénero era considerada una cuestión psicológica. Hoy, los médicos sugieren usar bloqueadores de pubertad y terapia hormonal en los pacientes que sufren de disforia de género.

Pero como hemos visto con el caso del pequeño Andy, la solución de la terapia hormonal puede resultar contraproducente.

Fuente: https://www.actuall.com/familia/andy-el-nino-que-queria-ser-nina-para-llamar-la-atencion-de-sus-padres-y-otros-argumentos-anti-lgtbl/

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