Por Tomás I. González Pondal

En la reserva de Masai Mara (Kenia), al parecer, se tomaron fotografías de dos leones teniendo sexo. La prensa centró su atención en las declaraciones de un tal Ezekiel Mutua (doctor) quien habría dicho: “Nosotros no regulamos la conducta animal; es interesante oír que dos leones machos están enamorados. Habría que hacer algunas investigaciones que me gustaría que confirmasen si realmente se trata de dos machos”. Además se le atribuye el haber expresado: “Estos animales necesitan terapia porque probablemente fueron influidos por gays que visitaron el parque nacional y se comportaron mal. Deben haberlo copiado de algún lado o es demoniaco, porque estos animales no miran películas”. Finalmente, la prensa sostiene que el doctor está convencido de que la homosexualidad es “una fuerza demoniaca”; que “los demonios también poseen a los animales”; y que debería aislarse a “esos locos animales gays y estudiarlos, porque no es normal”.

No contamos con buena información sobre los dichos del doctor, y la prensa no es para nada confiable. Por eso, sobre los comentarios de Mutua prefiero usar un verbo potencial: “habría dicho”. Por un lado, al parecer, tenemos que habla de la posibilidad de que dos felinos del mismo sexo estén enamorados, y casi a renglón seguido afirma rotundamente que están endemoniados y que no es normal. Es la misma prensa la que nos dice que el doctor ni siquiera está seguro de que se traten de dos machos, lo que pone también en duda las fotos que circulan. Claro que también podría tratarse de dos felinas lesbianas que hayan deseado injertarse tamaño pelaje.

Está clara la intención de la prensa tendiente a ridiculizar al Sr. Ezequiel Mutua. El método es el siguiente: la ridiculización tiende obtener que se crea, sin mayores vueltas, que las relaciones homosexuales son normales y naturales. Esta prensa, si quisiera el día de mañana probar que las mafias entre leones son algo muy natural, recurrirán al hecho de que alguien ha fotografiado a un león con un arma en su boca. Buscarán a un funcionario encumbrado, y, para probar mejor su tesitura, lo ridiculizarán diciendo: “fulano expresó que seguramente los animales copiaron el comportamiento de un grupo de terroristas que los visitó, o, lo que es aun más grave, que están poseídos por el espíritu del difunto narcotraficante Pablo Escobar”. Dirán también que fulano sugirió “terapia” para los animales irracionales, con lo cual, más o menos, lo que se intenta manifestar es que, quien estaría necesitado de unas buenas sesiones en un consultorio psicológico es el funcionario; y esto último no tanto por las declaraciones sobre posesiones, sino por la peligrosísima idea de que dos leones se recuesten en un diván muy cerca de un profesional, que los analizará con un tomo en mano de las obras de Freud.

La prensa mueve a hacer la siguiente inferencia: “así como es ridículo pretender mandar a un león a terapia, de igual modo es absurdo sostener que los seres humanos con gusto por su mismo sexo deben tratarse.” Este tipo de prensa no solo no entenderá que el animal irracional no tiene gusto por su mismo sexo, sino que, por su mismo engaño, quedaría también, por ejemplo, aprobada la antropofagia; porque si es ridículo pensar que un oso debe ir al psiquiatra por devorarse a un ciervo, de igual modo sería absurdo mandar a un hombre que devoró a su vecina. Como a la prensa criticada le patina lo que es lo instintivo y lo que es lo racional, y como ignora de la finalidad de los seres a la que debe someterse la razón, confunde las cosas y arriba a premisas inverosímiles. Si un león lengüetea la melena de otro felino dejándola media peinada, no faltará quien vea en tal peinado modalidad brushing, un fundamento “natural” de la homosexualidad. Son tremendos: cuando lo necesitan hablan de “natural”, y cuando se ven en aprietos hablan de “construcción social”.

Ya hice referencia al comportamiento animal en otro escrito, en donde, por esas vueltas de la vida, también los protagonistas involucrados fueron leones. Supongo que el ataque a tal felino debe tener la intencionalidad de que, imputando al «rey de la selva» comportamientos homosexuales, todos los súbditos del reino animal caerán en la misma bolsa. El instinto sexual animal, valga la redundancia, es instinto y es animal. Es lo de su perro que, movido por el impulso sexual, no le importa tomar la pierna de su vecino que acaba de visitarlo a usted, y así, comenzar con sus movimientos de apareamiento.

Si un hombre al que el día de mañana se le hace una entrevista, responde emitiendo poderosos rugidos, no debe eso dar pie a que pensemos que debe ser internado. No hace falta, y la prensa nos dio una clase “brillante” de psicología. Los leones también emiten rugidos.

Fuente: https://www.facebook.com/tomgonzalezpondal/photos/a.874918896008429.1073741828.874904702676515/894307050736280/

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