Lic. Jorge Luis Araya Marín*

El tema del aborto es un problema natural, social y cultural que divide tanto a la comunidad nacional como internacional; detrás de esta discusión existen grandes intereses personales, grupos sociales y naciones poderosas que a través de organismos internacionales ordenan su legalización sin importar cultura, credo religioso, valores morales, espirituales, ni justificaciones en aquellos casos en que la defensa de la vida de una inocente criatura es esencial.

En el presente artículo no se pretende exponer razones médicas o legales en favor o en contra de la legalización del aborto, sino se analizará la polémica desde el punto de vista criminológico y social, a la luz del ser costarricense como fiel creyente de la vida. El título: ¿Qué culpa tiene el bebé? El aborto = pena de muerte, invita a meditar objetivamente sobre el tema del aborto

Es propicio recordar que la criminología es una ciencia compendiosa o sintética que se nutre de otras disciplinas como la sociología, psicología, biología, derecho penal. Además es una ciencia explicativa porque pretende revelar las causas o factores que intervienen en el fenómeno criminal. Se le considera natural y cultural en virtud de que estudia la conducta criminal como un hecho natural, atribuida al ser humano como actor principal de la naturaleza; y cultural porque la conducta antisocial atribuida a él, es producto del tema social originado por lo cultural; por lo consiguiente todo delito se forja dentro de un argumento natural, social y cultural.

En un estado de derecho corresponde a las estructuras formales, administradoras de justicia, juzgar y aplicar las sanciones que las leyes establecen. De encontrarse culpable al trasgresor, se le impone una pena privativa de libertad que deberá cumplir en un centro penitenciario. Se presume que nuestro sistema carcelario debe cumplir con programas de resocialización tendentes a reincorporar al victimario a la sociedad, sin embargo, la cruda realidad nos demuestra que en la mayoría de los casos estos lugares de reclusión se convierten en universidades del crimen.

Aun así, hay que reconocer los avances en la ejecución de programas dirigidos a la atención del victimario y la víctima, aspecto que vemos positivamente, en especial al reivindicar los derechos de la víctima, tema que en tiempos pasados la ciencia criminológica no incluía. No obstante, en cuanto a los derechos del ser vivo, inocente e indefenso, no existe legislación que lo ampare ni quien hable por él; pareciera que la única opción es aplicar la pena de muerte – aborto-. Es aquí donde la sociedad en general, autoridades políticas, judiciales, colegios profesionales, credos religiosos y organizaciones que defienden la Inviolabilidad de la vida humana, tal como lo establece el artículo 21 de nuestra Constitución Política, tienen la obligación de pronunciarse vehemente sobre el flagelo del aborto provocado.

Para bien de nuestra sociedad, la ciencia médica y personal médico de nuestro sistema de seguridad social tienen la capacitación y el equipo necesario para brindar la atención y cuidados de la madre embarazada y de su criatura, incluyendo aquellos casos en que la madre corre peligro de morir a consecuencia de una enfermedad terminal o muerte neurológica.

Como defensores de la vida, no es válido dejarse llevar por corrientes mal llamadas vanguardistas que promueven la muerte. Hace muchos años Costa Rica abolió la pena de muerte y tal derecho quedó consagrado en nuestra Carta Magna, de ahí que no es justo que a seres inofensivos e inocentes se les condene a la pena capital sin el debido proceso y ni quién los defienda.

Lamentablemente el Estado costarricense cada día se deja esclavizar con el yugo opresor de organismos internacionales que ordenan aplicar medidas impopulares que van en contra de nuestras costumbres y tradiciones, lo más grave, en contra de nuestra dignidad y soberanía. Resulta vergonzoso como nuestros presidentes se han convertido en el típico “mandador de finca”; en apariencia ejercen ciertas potestades que la Constitución y las leyes le confiere, más en lo cotidiano ejecutan órdenes de su patrón, es decir, de esos organismos internacionales. Bien decían dos legisladores de América Latina que recientemente visitaron Diario Extra, que la intromisión de organismos como la OEA y la ONU debilitan la soberanía de nuestros países. Es triste que Costa Rica tenga que acatar resoluciones dictadas por organismos internacionales simplemente porque nuestros gobernantes no se amarran los pantalones para defender la institucionalidad y la soberanía nacional.

En la discusión sobre el aborto, ya la oficina de la ONU con sede en Costa Rica está metiendo su nariz. Es el momento de exigir respeto y seamos los costarricenses los que discutamos y resolvamos los problemas con forme a nuestros intereses.

Ante los próximos comicios electorales a celebrarse en el 2018 en nuestro país, resulta propicio analizar cuales candidatos que pretenden ocupar una curul legislativa, así como la presidencia y vicepresidencia de la República, están a favor de promover leyes que defiendan la vida o suscitan la muerte.

Las anteriores consideraciones son objeto de estudio de la criminología moderna, de ahí el sentido de la pregunta: ¿Qué culpa tiene el bebé? El aborto=pena de muerte. La interrogante se presenta como una propuesta de discusión sobre los derechos de un ser vivo, indefenso que merece existir; no ha cometido ningún delito grave para condenarlo a la pena capital sin que exprese su primer llanto como agradecimiento al Creador de la vida.

*Criminólogo

Fuente: http://www.diarioextra.com/Noticia/detalle/345672/que-culpa-tiene-el-bebe-aborto–pena-de-muerte

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