Preocupación y asombro en Holanda por la noticia acerca de una cooperativa, nacida en 2013 con la finalidad de ayudar a sus miembros a suicidarse. Sí, aunque parezca extraño, los investigadores encargados por esta asociación, han dado a conocer un producto de reciente factura. Se trata de un conservante biológico elaborado químicamente, que logra que en el lapso de una hora se produzca la muerte de la persona.

El nombre de la asociación holandesa es “La última voluntad”; cuenta con 3.500 inscriptos y la gran mayoría son ancianos.

En los Países Bajos -como en nuestro país- sea el médico, un amigo o un familiar que ayudan a una persona a suicidarse -por requerimiento del propio sujeto- suministrándole el fármaco, es sujeto de castigo según la ley. No así Suiza, donde hay clínicas dedicadas a este oficio, como la famosa “Exit”. Hay entidades (“Eutanasia Libre”, por ejemplo) que suministran información y consejo al aspirante suicida, para hacerlo con métodos menos invasivos y dolorosos. Y es un hecho constatable que cuando publicitan nuevos medios para procurarse la muerte, los suicidios aumentan.

Respecto a la sustancia química mortal a la que aludimos, la venta al público en Holanda desde ahora es lícita. Cualquier farmacia lo posee. La característica externa es similar a un polvo blanco.

La vocero de la cooperativa, Petra De Jong, ha declarado que si alguien quiere usar el producto químico, debe tener más de 18 años y ser socio de la asociación desde 6 meses antes. “No es nuestra tarea el decidir sobre la vida de nadie. Sólo les mostramos el camino si decide por esta opción”. A la pregunta de si alguien la podría usar como medio para poner fuera un familiar incómodo, o para un homicidio, la mujer se limita a decir que estos hechos lamentables, ya están presentes en las incontrolables páginas web del mundo virtual.

El último detalle: el precio. Se vende por kilo y cuesta alrededor de $7 dólares. ¿Es el precio de una vida humana?

Lástima que se naturalice una práctica que en sí no es un bien. Procurarse el suicidio es una decisión a veces tomada bajo efecto de una depresión u otra enfermedad o momento triste de la vida, que puede ser superado. Además cabe la posibilidad de instar a alguien “molesto” (cónyuge por ej.) depresivo a terminar con su vida. Y ello es indigno.

La eutanasia es un mal, porque se adueña del cómo y el cuándo del morir humano. Y eso es usurpar un lugar que al hombre no le corresponde. ¿Por qué? Porque no somos dueños o propietarios de la vida. Somos administradores de un regalo. Para quienes somos creyentes, ese regalo viene de Dios, que nos quiere felices y brinda su mano en los momentos cruciales. Los cristianos estamos llamados a ser samaritanos del dolor. Cuando un rostro sufre, nuestra tarea es acompañar esa persona. Si le damos afecto, compañía, nuestro interés, nuestro tiempo, es posible que no piense en el suicidio, porque el amor contiene y sana.

Fuente: https://www.diariodecuyo.com.ar/columnasdeopinion/Holanda-y-la-eutanasia-20171023-0087.html

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