Por Tomás I. González Pondal.

Ayer me enteré lo siguiente: “La Federación Andaluza Arco Iris ha lanzado la campaña ‘Es Natural: Diversidad en el reino animal’, dirigida a los alumnos de Infantil y Primaria, para intentar explicar ‘ejemplos reales’ de transexualidad, intersexualidad y homosexualidad en los animales (…). La exposición está compuesta por 25 paneles, 12 de esos paneles, son los relativos a cada mes del año, con un animal y sus ‘curiosidades’ como protagonista. Cada uno de ellos contará con una especie y una efeméride. La campaña ha sido creada por el grupo ‘Escuelas sin Armarios’, del Centro del Profesorado de Málaga, y cuenta con el apoyo del lobby LGTBI (…). Desde la federación tienen como objetivo que los más pequeños vean como normal la imagen de dos leones machos acariciándose, delfines frotándose con machos y hembras, o dos albatros en pareja”.

Voy a tomar el panel del león, y cuanto se diga sobre el fondo es aplicable a todos los demás paneles. Hace tiempo no veo reunida en un cartel tanta mentira. Una suerte de compendio del engaño. En miras a destruir la mente de los niños, vienen ahora a pretender adoctrinarlos presentándoles una fauna tergiversada. Por caso, nos “ilustran” que puede haber leones homosexuales, y todo en un marco donde se apunta a inculcar valores como: “paz, virtud, calma, perseverancia, educación, compasión”. Los defensores del vicio hablando de virtud; los pregoneros del encono hacia la recta naturaleza hablando de paz; los destructores de mentes interesados en educar. Encima tienen el corazón tan sensible que se compadecen de nosotros que somos unos “cavernícolas que aún no evolucionamos mentalmente hacia las construcciones vanguardistas de turno”.

Ciertamente no todos vivimos en tierras de leones, pero se me antoja imaginar que si lo hiciéramos podríamos ver hechos muy singulares. Por lo pronto, no me cabe la menor duda de que estos partidarios de una fauna de-generada, para dar ejemplo de sus lecciones llevarían a los niños a mostrarles cómo los salvajes dan caricias, tal como enseñan en su lamina. No dudo en lo más mínimo que lo harán, ya que, según ellos, se fundan en ciencia, y, por tal razón, serán ellos mismos quienes se expongan a recibir un tratamiento tan dulce por parte de los felinos. Lo más probable es que los pequeños regresen a sus casas en estado de shock, y ante el asombro de sus padres, cuenten que un «león se comió brutalmente a la señorita». Cuando los progenitores pregunten por la causa del trágico suceso y escuchen de los niños que «la maestra estaba enseñando cómo los felinos dan caricias», sin dilación de tiempo retiraran a sus hijos de la institución, no sea que también a otro docente se le ocurra enseñar cómo es que las serpientes pitones dan un abrazo.

Para que al niño le quede claro que los leones hacen “cariñitos”, redactan la expresión “salvaje” entre comillas, acaso en el intento por dar a entender que tales animales son, extraordinariamente amigables. Y seguramente también estén colocadas esas comillas, porque los ideólogos imaginarán que los leones “homosexuales” que existen en sus fantasías no son nada salvajes, sino más bien algo así como gacelas que poco más bailarán danzas clásicas, y que no deben rugir haciendo un “grrrrrrrrrr” potente y atemorizante, sino que deben emitir un sonido “meeeee” muy semejante al de una oveja. «Hijo querido, los leones no acarician, dan zarpazos; son de naturaleza salvaje y lo más probable que te devoren si te acercas».

Enseñan ladinamente que entre los humanos una cosa es la biología y otra cosa la construcción de identidad -vale decir, les importa un bledo la naturaleza-, pero ahora salen diciendo torpemente que sí hay animales gais por naturaleza; se ve que advirtieron que el verso de la construcción de identidad en ellos no funciona, y así, entonces, mentaron: “hagamos circular directamente que la natura también produce una fauna homosexual”.

La misma propaganda felina utilizada para reventarles la mente a los niños, deja -¡sin darse cuenta!- muy mal parada a la ideología de género. Dicen: “A veces dos leones machos comienzan a acariciarse y llegan a formar una pareja”. Descartaron las hembras. Quizá admitan con nosotros que el lesbianismo no es natural. Expresan: “Solo los machos tienen melena: no las hembras”. Nos dan la razón cuando decimos que en el reino animal no existe el travestismo: la leona no puede usar peluca, ni el león quitarse su melena. Igualmente se descartan de plano los transgéneros: nunca se vio un felino devenido en mariposa; ni caminando día y noche en dos patas por tenerse por un ñandú; ni caminar marcha atrás con su cola extendida porque se le antojó ser un elefante. Jamás se ha visto a un león fumando pipa y jugando una partida de poker, pero si vemos a “humanos” jugando a hacerse la sirenita con una cola fabricada para la ocurrencia acuática degenerativa. Y por si aún no se advirtió, queda aniquilada la homosexualidad entre leones al decir –lo reitero-: “Solo los machos tienen melena: no las hembras”. Se reconoce que hay machos y hembras (¡no hay más nada!), distinguibles por naturaleza hasta por una cuestión accidental como es lo de la melena. Cualquier otro agregado es puro embuste. En el intento de rebajar la razón al instinto animal, ni siquiera logran entender el instinto. Verán a un león haciendo un movimiento de apareamiento sobre un tronco, y concluirán, no sólo que el felino es de género madera, sino que es natural y lícito que el humano tenga sexo con los árboles.

En el cartel, la cola de los leones forma un corazón. Manipulación hasta en los detalles: transmutan una perversión haciéndola pasar como algo bueno del corazón.

Hacia el extremo derecho inferior, se invita a desarrollar la virtud de la compasión para “superar el miedo”. Aquí el miedo que debe superarse es el que los ideólogos han generado, y que lleva a silenciar muchas voces por temor a represalias, dando así lugar a que la maldad ideológica gane más y más terreno.

Fuente: https://www.facebook.com/mireille.rojasaguilar/posts/10210766453345453

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