El año 2015 decenas de videos-denuncia, reportajes e investigaciones públicas difundidas desde Estados Unidos,  dejaron en evidencia que el aborto es un lucrativo negocio que genera millonarios ingresos a quienes lo gestionan e involucra incluso el tráfico de órganos de los seres humanos abortados. En este contexto el reportaje “Por qué algunos consorcios periodísticos protegen a Planned Parenthood y su comercio que asesina humanos, informó otra importante arista en esa actividad.

El negocio del aborto tiene incluso detractores entre profesionales que administraron la matanza, como la ex gerente Ramona Treviño, el doctor  Stojan Adasevic  (que practicó más de 50 mil abortos) y miles de mujeres presionadas al aborto cuyos testimonios -como el de Debby Efurd– han sido difundidos semana a semana en Portaluz por años.

El negocio de la falsa compasión

Como el aborto, también la eutanasia enriquece a unos pocos, engañando a muchos con una “falsa compasión”.

Los argumentos y el testimonio de esa denuncia también los ha dado esta semana en FoxNews J.J. Hanson (imagen a la izquierda), un veterano del cuerpo de Marines de los Estados Unidos… “Agradezco que no vivo en un estado como Oregón, donde el suicidio asistido es legal. Cuando me diagnosticaron cáncer cerebral terminal y me dijeron que probablemente estaría muerto en cuatro meses, pasé en un instante de vivir el Sueño Americano con mi esposa e hijo a vivir una pesadilla. En ese momento de depresión, podría haber elegido terminar con mi vida”, comentó Hanson.

Este ciudadano de los Estados Unidos fue diagnosticado en mayo de 2014 de padecer glioblastoma; el mismo tipo de cáncer cerebral que afectó a Brittany Maynard, la mujer de California (USA) que fue presentada como la cara pública del derecho a morir, cuando el año 2014 se mudó a Oregón para terminar su vida amparándose en la “Ley de Muerte con Dignidad” de ese estado.

El negocio es que mueran

Precisamente sobre esa Ley y citando informes de organismos públicos, J.J. Hanson denunció a Fox News que gracias al “Reporte de Salud 2016” de Oregón -primer estado en legalizar el suicidio asistido hace 20 años-, hoy se sabe que “sólo el 4 por ciento de los pacientes que consideraron terminar sus vidas fueron referidos para evaluación psicológica”.

La legalización del suicidio asistido –agregó Hanson- da un rol omnipotente al gobierno y a las compañías de seguros con fines de lucro, en las decisiones del fin de la vida de todos. Sólo en el último año, señaló, han surgido varios casos de pacientes a quienes se les ha negado cobertura de atención médica, mostrando cómo la legalización del suicidio asistido genera abuso y menos opciones.

Por ejemplo Hanson citó el caso de Stephanie Packer, madre de cuatro hijos (California), quien sufría un grave caso de esclerodermia, una enfermedad crónica del tejido conectivo. Ella denunció que su compañía de seguros le negó la cobertura para el tratamiento de quimioterapia, pero que esa misma compañía estaba dispuesta a pagar para que se suicidara. También citó Hanson al  Dr. Brian Callister, un médico de Nevada que pidió a los directores médicos de seguros que aprobaran tratamientos curativos para un paciente de California y a otro de Oregón, dos estados que han legalizado el suicidio asistido. Los pedidos de Callister fueron denegados y a los pacientes se les ofreció cobertura para medicamentos suicidas.

La traición de gobiernos y empresas

J. J. Hanson, quien es hoy presidente del Patients Rights Action Fund, grupo de activismo nacional que se opone a la legalización del suicidio asistido, reitera: “El abuso es inevitable y los médicos son falibles. La política de suicidio asistido también inyecta incentivos financieros a las aseguradoras gubernamentales y a las compañías de seguros privadas en las decisiones sobre el fin de la vida de cada persona”.

En octubre de 2015 este marine ya testificó contra la aprobación de un proyecto de ley que facilitaría el suicidio asistido en el estado de New York. Allí mencionó conocer el impacto emocional que provoca recibir un diagnóstico fatal (en su caso le proyectaban no más de cuatro meses de vida). Pero gracias a su fe y el apoyo de la familia “afortunadamente, no acepté su pronóstico”, puntualizó y agregó que hoy sigue vivo mediante un tratamiento experimental.  “Si esta legislación hubiere sido legal en ese momento, podría haber tenido píldoras suicidas recetadas por médicos en mi mesilla de noche “, dijo. “Las habría tenido conmigo mientras me acostaba en la cama durante el quinto mes y me preguntaba si valía la pena vivir la vida. Estoy aquí para señalar los peligros latentes, cuando el suicidio asistido se convierte en la norma para los enfermos terminales”,  denunció.

Fuente: https://www.portaluz.org/demostrado-eutanasia-y-aborto-negocio-que-asesina-millones-de-seres-humanos-2458.htm

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