En su reciente visita por Chile, el premio nobel de literatura Mario Vargas Llosa abordó diferentes temas entre los cuales estaba el aborto. Sentenció: “…si se cree en la justicia social, si se quiere respetar el derecho de las mujeres, entonces es absolutamente fundamental. Por eso es que hay cada vez menos países en el mundo y sobre todo entre los países modernos y civilizados que toleran el aborto”, calificando a quienes están en contra como “derecha cavernaria”. Al finalizar su entrevista indicó que el aborto es un “derecho fundamental”.

Nos llama la atención el lenguaje progresista que tiene el escritor, a quien en el pasado calificábamos como referente del liberalismo, pero por lo visto se olvidó de las críticas que se tienen a la “justicia social” desde las filas del liberalismo desde F.A. Hayek, James M. Buchanan, Anthony de Jasay hasta Robert Nozick. No existe tal cosa que se llame “justicia social”.

Si para Herbert Spencer en su libro “La justicia”, se indica que “cada individuo tiene que recibir los beneficios y sufrir los daños de su propia naturaleza y de la conducta consiguiente” siendo esto la justicia, es justo pensar que se debe ser responsable cuando existe embarazo por tener relaciones sexuales.

La “justicia social” rompe con la neutralidad del Estado de derecho, exige la distribución y redistribución equitativa e igualitaria y apela a la discriminación positiva. Según Vargas Llosa, esas personas oprimidas por un sistema “cavernario”, en este caso las mujeres, deben recibir justicia de parte del Estado que debe subsanar esta injusticia otorgándoles no sólo el “derecho fundamental a abortar”, sino también, imaginamos, que el servicio sea pagado por medio de impuestos. Eso sería “justicia social”, siguiendo la lógica progresista. Otorgar privilegios y subvenciones para liberarlas de la opresión masculina, eso es civilización para Vargas Llosa. De esta manera, se quebranta el principio de igualdad de todos ante la ley y se les otorga un status superior por medio de la ley. La “justicia social” es una categoría de poder político que apela a la desaparición de la “desigualdad de ingresos”, “alto desempleo”, “carencia de un salario decente”, etc. Ahora tenemos una nueva crítica al sistema. Según Vargas Llosa, existe el derecho humano a abortar. Ni siquiera es humano, así en general, sino sólo de las mujeres. Así, como los progresistas de izquierda socialista reivindican los seudoderechos sociales de vivienda, trabajo, etc., sin reparar y advertir en quien está obligado a otorgarles casa y trabajo, sin que se realice previamente un saqueo mediante los impuestos de terceros, ahora se plantea el seudoderecho “fundamental” a abortar.

Con razón, mediante Twitter, el liberal Alejandro Antonio Chafuen expresa que: “Hay un creciente número de ‘libertarios’ que son izquierdistas en todo excepto en lo económico”. ¿Es el caso de Mario Vargas Llosa?

Que la vida humana comienza en el momento de la concepción o fertilización, es decir, con la unión del espermatozoide y el óvulo, está ampliamente admitido en la ciencia biológica y médica. Entre ellos está el Prof. Dr. Erich Blechschmidt con sendos estudios en embriogénesis, doctorado en medicina, director del Instituto de Anatomía de la Universidad de Gottingen – Alemania, para quien: “El ser humano empieza a ser un ser humano a partir del momento en que el espermatozoide del hombre fecunda el óvulo de una mujer“, por eso se oponía radicalmente al aborto, pero en la concepción progresista este científico como sus pares embriólogos serían bárbaros incivilizados.

Fuente: http://www.lostiempos.com/actualidad/opinion/20171004/columna/aborto-vargas-llosa

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