Por Carlos Araya Guillén

La ideología de género es apoyada y promovida mundialmente por organismos internacionales como la Organización Mundial de la Salud (OMS), el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), la Food and Agriculture Organization (FAO), el Fondo de Población de las Naciones Unidas  (UNFPA) y otros.

Como parte de sus intenciones de asegurar la presencia y la aceptación de la ideología de género en el mundo, estos organismos trabajan con políticas de apoyo a la construcción social y cultural del sexo.

Son los mismos protagonistas de la cultura de la muerte que promueven una visión de la sociedad  que favorece el fin de la vida como una necesidad para la supervivencia del ser humano. En vez de eludir la muerte y cerrar las puertas de la necrópolis santa, defienden filosofías opuestas al valor inviolable de la dignidad humana.

Un signo revelador de la imposición de la ideología de género se descubre en la disponibilidad económica de las unidades ejecutoras de Programas, subprogramas y proyectos. Las autoridades internacionales tienen la misión de persuadir a los gobiernos y organizaciones signatarias para que cumplan con la nueva ideología bajo la amenaza de eliminar el financiamiento existente.

El “giro copernicano” es total.

El desmoronamiento moral de la familia, del matrimonio, de los derechos humanos, del amor, de la planificación familiar, de la defensa de la vida humana, y de la dignidad espiritual y biológica de cada persona ha debilitado las posturas axiológicas positivas sustentadas en principios de rectitud, solidaridad, bien común y la verdad.

Los organismos internacionales y sobre todo los que se convierten en fuentes de financiamiento quebrantan los principios inherentes a la libertad, la democracia y la soberanía de un pueblo.

Estos organismos y hasta gobiernos descalifican a todas aquellas organizaciones que se oponen al materialismo de la ideología de género. Las discriminan. Desacreditan las protestas social, cultural y religiosa. En su afán de imponerla, llegan a negar la verdad científica. Califican a todos los ciudadanos que no comparten los contenidos de la ideología de homofóbicos, cavernarios, fundamentalistas y ortodoxos. La mención siempre es peyorativa.

Y lo más peligroso en nombre de los derechos humanos se pretende cosificar la histórica y cimentada escala de valores que lleva a nuestro mundo por los caminos de la plenitud y el bien moral. Por eso, con respeto y firmeza, los que somos contrarios a esa ideología debemos denunciar su mensaje de destrucción de la esencia misma de la humanidad, de la naturaleza y de la identidad individual de hombres y mujeres. Así como las intenciones de la ONU Organismos Internacionales y algunos gobiernos de imponerla como una “Weltanschauung” (visión del mundo) de existencia real.

El daño que está produciendo la ideología de género es grave. Se están destruyendo las tradiciones y costumbres ancestrales. Se está atentando contra la identidad sexual de las personas. Se está profanando la espiritualidad de los niños y niñas en el sistema educativo. Se está negando el respeto a la dignidad humana.

Digamos sí a la feminidad y masculinidad escrita en el incesante devenir de la naturaleza y su maravillosa realidad. Decir la verdad en defensa de la humanidad constituye el más sagrado acto revolucionario que puede hacer una sociedad.

Fuente: http://www.laprensalibre.cr/Noticias/detalle/122317/organismos-internacionales-imponen-la-ideologia-de-genero

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