“La ley LGTBI que Podemos presenta ante el Congreso se inspira en principios de respeto a la dignidad de las personas, derecho a la igualdad, al desarrollo libre de la personalidad, a la vida, al honor, a la tutela efectiva, al interés superior del menor y a la vida familiar, y yo entiendo que las personas LGTBI y todas las demás tienen ese derecho.”

¿Quién discutiría que a las personas LGTBI le asisten esos derechos? Sin embargo, todos esos derechos están recogidos por la Constitución Española de 1978, por lo tanto no es necesaria la creación de ninguna ley que proteja unos derechos que ya están protegidos por “la madre” de todas las leyes -ya que nuestra Constitución no excluye a las personas LGTBI-, esos derechos nos asisten a TODOS.

Soy una persona que cree firmemente en la defensa de los derechos de las personas, y que cree firmemente en la igualdad de los derechos de todas las personas. Sin embargo, como jurista, como abogada y como persona, no puedo defender la creación y aprobación de una ley específica para un grupo determinado de personas bajo la bandera de la discriminación positiva; pues la discriminación, aun positiva, sigue siendo discriminación.

La creación de una ley específica que recoja unos derechos -ya recogidos por nuestra Carta Magna pero dirigida a un grupo social determinado- no hace sino reforzar esta discriminación de la que dicen querer escapar.

A todo ciudadano español, por el hecho de serlo, le asisten los derechos antes mencionados porque así lo recoge nuestra Constitución, y ésta no distingue a nadie ni por su religión, ni por su raza, ni por su ideología, ni por su condición sexual, ni por su sexo ni por su género, por lo tanto ¿Por qué razón debe aprobarse una ley específica para un grupo social determinado?

La aceptación e integración social de una parte de la población no se consigue a base de leyes, se consigue a base de educación y más educación en el respeto a los demás, no a base de “castigar” a la otra parte de la población.

Para analizar profundamente todos los resquicios de esta Ley necesitaríamos miles de horas y litros de tinta así que vamos a tocar los puntos más llamativos o los que podrían ser considerados más sensibles:

 

Educación y libros de texto

Dicen los defensores de esta ley que no se trata de “adoctrinar” sino de educar a los niños en el respeto a la diversidad sexual. Pues bien, en mi opinión, los niños no deben ir al colegio a educarse, si no a aprender. Educar es tarea de los padres, formar académicamente es la tarea que los profesores tienen encomendada. Si en los colegios tuviesen que educar, tendría que haber una asignatura para enseñar a comer en la mesa, otra para respetar a las personas del modo en que nos exige y guía la Constitución, otra para combatir la violencia de las guerras, otra para enseñar a que no se debe delinquir… y así hasta la saciedad.

Pero esa, señores y señoras, es la tarea que se nos encomienda de forma natural en el momento en el que somos padres y madres, y esa tarea no debe ser sustituida o suplida por un profesor, y esta tarea de educación en el respeto de las libertades propias y ajenas y en los derechos de todas las personas debe recibirse en el entorno personal, como modus vivendi y no como directriz imperativa.

 

Cambio de sexo de menores

La cirugía y cambio de sexo a partir de los 16 años sin consentimiento paterno es sin duda la propuesta que más me horroriza. Pensemos por un momento: en España una persona menor de edad no puede conducir un coche, no puede votar, pero se considera con suficiente autonomía como para decidir unilateralmente realizarse una cirugía mayor sin consentimiento de sus padres.

¿Lógico? En mi opinión no. No voy a caer en la simplicidad de dejar sin protección a aquellos menores para los cuales una cirugía sea conveniente o necesaria, incluso la de cambio de sexo, no lo haré. Pero en este país hay mecanismos jurídicos para estos casos: un menor siempre puede solicitar la tutela judicial, donde podrá exponer aquellas pruebas que determinen la necesidad de lo solicitado, con garantías. Y si esto no se considera ajustado al “derecho social”, que no legislativo, entonces reconsideremos si una persona de 16 años debe ser considerada o no menor de edad.

Así como las personas de 16 años de edad tienen un régimen y responsabilidad penal distinto a aquellas personas que sí han cumplido los 18 años. Si a una persona de 16 años no se le considera con madurez suficiente para afrontar las consecuencias de la comisión de un delito ¿cómo defendemos que sí tiene madurez suficiente para decidir el someterse a una cirugía mayor sin el consentimiento de sus padres? Si queremos que una persona de 16 años pueda tomar decisiones inherentes a la mayoría de edad debemos rebajar la mayoría de edad a los 16 años, más que nada para ser consecuentes.

Contenidos LGTBI en las cadenas de televisión

En cuanto una parte de la sociedad desea controlar o ejercer control respecto de lo que la población en general debe o no debe ver, y se trata de controlar los medios de comunicación, se deja de respetar la libertad del conjunto de la sociedad ¿Dedicamos contenidos en la programación a cada uno de los asuntos en los que la sociedad es injusta? ¿sólo a algunos? ¿creamos escalas de injusticias sociales? Esto sería tanto como pervertir la libertad y los derechos de los demás para defender los de alguien en concreto.

Podríamos seguir y seguir, pero con estos ejemplos basta. Ahora sólo falta que por rechazar la discriminación positiva se me tache de homófobo… Para los que sólo por un segundo tuviesen esa intención he de decir que me he criado y he criado a mis hijos en el respeto absoluto a todas las personas sin distinción ni de raza, ni de color, ni de ideología, ni de sexo, ni de género, ni de orientación social, ni de altura, ni de peso, ni de color de pelo… por lo tanto absténganse de ello.

Repito, no critico esta ley porque no crea que los derechos de las personas LGTBI deban ser defendidos, al contrario, la critico porque los derechos de estas personas y de todas las demás están defendidos, protegidos y amparados por la Constitución, y no deben tener que ampararse bajo una ley distinta a la que me ampara a mí, o a mi padre, o al vecino del quinto.

Entiendo que las personas LGTBI son iguales que yo y que el resto de la humanidad, por lo tanto no las legislemos aparte, no las disgreguemos de las leyes que nos protegen a todos, defendamos sus derechos junto a los nuestros y defendamos nuestros derechos junto a los suyos, porque al fin y al cabo la perfección ni les ha rozado a ellos ni al resto de la sociedad. Aprendamos a resolver los problemas juntos, porque ni ellos son diferentes al resto, ni el resto es diferente a ellos; ni ellos son iguales al resto ni el resto de las persona es igual entre sí.

Fuente: https://gaceta.es/opinion/la-ley-lgtbi-discrimina-20170925-1523/

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