Por Tomás I. González Pondal

Ningún exceso puede ser solucionado adoptando una deformación. Si se maltrata a un perro, la solución pasa por un equilibrio en el trato, y no por el hecho de que se envíe al canino a ver una película al cine. Si alguien está excedido de peso por comer de más, la solución está en la templanza, y no en que se meta los dedos en la boca para provocar el vómito. Y si hay excesos contra la mujer en el hogar, la solución radica en el recto amor, y no en enloquecerla diciéndole que debe huir de la casa o que debe hacerse libertina. Contra toda evidencia, los revolucionarios modernos proponen algo así como que las oficinas son el paraíso y que los que mandan son un dechado de mansedumbre. Tal vez no se han enterado aún que existen las empresas.

Hay un libro llamado “Política y Ciudadanía” (ed. Maipue), con el cual se dictan clases en colegios del Estado de la Provincia de Buenos Aires, más precisamente en cursos de 5° año. En tal obra se enseña, por ejemplo, que “el ideal de mujer se construyó a lo largo de la historia a través de una compleja red de poderes”, y se enumera: “que se elaboró un modelo de mujer-esposa casta, devota y obediente”; que el ama de casa perfecta era aquella a la que “se le asignaron los roles de esposa y madre y se la relegó del cumplimiento de cualquier otro, ya fuera en el ámbito privado como en el público”. Y también se afirma que “aún hoy muchos se niegan a tratarla como ser humano total”. Paradójicamente el texto transcripto es uno de los que se encargan en maltratar a la mujer, al deformar su figura. Son de esos textos que, ahora sí, construyen redes artificiales para presentar nuevas concepciones tocantes al papel de la mujer.

No se prueba en absoluto que una mujer que es esposa, casta, devota y obediente sea algo malo. ¿Querrán decirnos que un modelo de mujer muy “bueno” sería el de una concubina, libertina, impía y desobediente? ¿Dónde está el mal en ser esposa y madre? ¿Dónde el mal en ser ama de casa? Me resulta que quien usa su pluma para atacar a la maternidad y al hogar, es un tremendo desagradecido. Se olvida que no podría siquiera respirar si no hubiera sido dado a luz por una madre. La maternidad no es una construcción que ha surgido por una “compleja red de poderes” humanos; es algo bellísimo puesto en la naturaleza de la mujer, exclusivo de ella. El que escribió el texto objeto de crítica, no nació en el cajón de una oficina: nació en un vientre gracias al don de la maternidad.

Me causa gracia cuando leo eso de: “aún hoy muchos se niegan a tratarla como ser humano total”. No solo avalo plenamente la proposición entrecomillada, sino que me animo a perfeccionarla: “muchos se niegan directamente a tratarla como mujer”, reduciéndola a la categoría de objeto. Es precisamente en estos tiempos donde la mujer, más que nunca, se ha visto reducida a la condición de elemento de uso. Es la compleja y destructiva construcción de poder actual, la que, por ejemplo, hace de la mujer un inmueble para ser alquilado. Pero claro… de esto el texto no dice una sola palabra.

El documento revolucionario transcripto, no solo cosifica a la mujer, sino que apoya cosas opuestas: se dice que inicialmente el rol de madre fue una imposición de una compleja red de poderes, y luego se queja de que hoy, debido a la maternidad “la mujer es relegada a un segundo plano” en las empresas. En qué quedamos: si el hecho de que sea madre es una imposición de poder, se sigue que la empresa que lucha para que la mujer no quede embarazada estaría encarando una buena lucha. En definitiva, por un lado se da a entender que la maternidad es algo malo, pero, por otro lado, se dice que la empresa que la impide actúa mal, con lo que, confusamente, se enseña que no es malo ser madre.

Reivindico plenamente la labor dificilísima y admirable de las amas de casa. La canallada moderna ha logrado que prácticamente de vergüenza tan solo hacer referencia a la expresión. Decir “soy ama de casa” casi suena a delito, a estar desempeñando algo malo. Hasta expresar “pertenezco a una mafia” goza de mejores miramientos. No nos dejemos embaucar; ¡miremos bien! De todos los trabajos el único que es denigrado es el de ama de casa: le mostrarán como malo a una mujer con una escoba, pero no le mostrarán como malo la esclavitud de una mujer subiendo y bajando cajas durante ocho horas en una empresa; le mostrarán como malo a una mujer con rostro cansado por estar con sus hijos, pero no le mostrarán como malo el rostro deforme de una mujer que debe dirigir a quince hombres en la administración pública; le mostrarán como malo una mujer cocinando una hora y media, pero no le mostrarán como malo que esté parada horas enteras envolviendo hamburguesas de McDonald para alimento de desconocidos. Nunca hubo problemas con la escoba, pero si con el dinero.

Era preciso que los destructores del orden social apunten a la reina para que se desarme el panal. Y vino así el intervencionismo estatal tiránico que ahora dirige como quiere la vida de las personas: mujer afuera, hijos solos, familias destruidas, adoctrinamiento camuflado en las escuelas, abortos, defensa de uniones perversas. Han destruido los canales afectivos más hermosos e inolvidables y nos proponen un “amor” monstruoso.

Han destruido el amor en los hogares y lo han suplantado por el odio en hogueras.

Fuente: https://www.facebook.com/tomgonzalezpondal/posts/876258785874440

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