Por Luis Enrique Contreras Reyes.

La ideología de género es la nueva dictadura de nuestro tiempo, pero a diferencia de los totalitarismos de antaño que se entronizaban por la fuerza desde el inicio, esta ideología lo hace sutilmente, las personas no se dan cuenta cuando el entorno en el que viven se ha contaminado de apologías absurdas e incoherencias de vida.

La ideología de género se centra en un distorsionamiento de la sexualidad de una forma antinatural y descabellada, en donde la capacidad racional humana se ve mermada y relegada por caprichos de una libertad ideologizada que va en contra del orden natural. Los antecedentes de esta ideología se remontan allá por 1923 a ideólogos de la “revolución sexual”: En la llamada “escuela de “Frankfurt” fue elaborada la llamada “teoría crítica de la sociedad” que, en el período entre las dos guerras mundiales, criticó a la sociedad burguesa y al marxismo-leninismo dogmático.

Proponía un comunismo abierto, mejor que el soviético para propagarse en Occidente, Europa y América. La integraron pensadores de diversas disciplinas filosofía, sociología, economía, psicología, etc. Su punto en común fue el intento de difundir el marxismo en países refractarios a su versión leninista. Entre ellos, Wilhem Reich y Herbert Marcuse pretendieron fusionar algunas ideas de Karl Marx y más específicamente de Federico Engels, con las de Sigmund Freud. Remedan la “lucha de clases” por una “lucha de sexos”, donde la mujer sería la clase oprimida, y el hombre, la opresora. El triunfo femenino se lograría con la “liberación sexual”, es decir, ejercer la genitalidad sin ningún tipo de freno o límite.

Luego aparece la escritora existencialista Simone de Beauvoir y en su libro El Segundo Sexo (1949) explica: “No se nace mujer, sino que te haces mujer; no se nace varón, sino que te haces varón”. El género sería entonces una construcción sociocultural, llevado a cabo mediante la experiencia; por tanto, se deberían eliminar las jerarquías, en todos los órdenes de la vida privada y pública, imponiéndose relaciones igualitarias, entre los seres humanos diferentes.

Esta escritora brinda nuevos insumos para la edificación de esta ideología. El origen del término género en el desarrollo y aceptación del feminismo de género se le debe al doctor John Money, de la John Hopkins University de Baltimore (EE. UU.). Fue él quien comenzó a usar la palabra género con un sentido distinto al exclusivamente gramatical. Sostenía que lo que llamó identidad de género de una persona dependía exclusivamente de la educación recibida y podía ser distinta al sexo biológico de esa persona.

Después de estos antecedentes, actualmente el mundo vive una ingeniería social gestada desde organismos internacionales supranacionales, la cual muchos países han adaptado creando leyes que permiten uniones homosexuales, aborto y reconociendo conductas completamente absurdas. Un ejemplo reciente es en Inglaterra, donde reconocieron a la primera familia de género fluido: Nikki y Louise Draven, junto con su hijo Star Cloud. Louise nació hombre, pero está en proceso de cambiar su sexo para ser una mujer, mientras que Nikki nació mujer, pero se identifica con ambos sexos: un día se siente hombre y otros mujer. ¡Una locura total¡ Y lo más preocupante que personas le llamen “progreso” a este pandemónium.

Es metafísicamente imposible que las cosas no tengan una naturaleza propia; grupos de personas niegan la verdad y buscan imponer y legalizar la mentira, insultan a los que usamos el sentido común llamándonos retrógradas, intolerantes entre otros apelativos vulgares que denotan su bajeza. Sin embargo, aunque hagan alboroto y se retuerzan de cólera, la verdad seguirá siendo verdad, aunque la defendamos unos pocos.

Fuente: http://www.elsalvador.com/opinion/editoriales/399474/ideologia-de-genero-un-mal-del-presente/

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