No hay mayor amenaza para la industria del aborto que un extrabajador“. La frase, lapidaria, es de una de las más reconocidas activistas provida de los Estados Unidos, Abby Johnson, en una entrevista concedida a Actuall en febrero de 2016.

Y, una vez más se confirma que un testimonio de alguien que ha logrado salir de la industria del aborto es como una bala de plata en una historia de vampiros.

Así sucede con el testimonio de Gail, una mujer para la que 70.000 dólares a cambio de no hacer preguntas incómodas fueron suficiente argumento para trabajar en un abortorio de Planned Parenthood.

Su testimonio es crudo. No se anda con medias tintas. Cuenta cómo ocultaban información a las mujeres que iban a abortar.

Sobre su hijo, ocultando palabras como “bebé”, información sobre alternativas como la adopción, o, más cruel, tapando la jarra en la que van depositándose las partes del bebé desmembradas por la succión.

Gail también desvela cómo en Planned Parenthood hay un cierto ocultismo interno. Sólo algunos entre los más iniciados pueden aspirar a que les conteste directamente sobre la venta de trozos de bebés abortados. Gracias a las investigaciones de David Daleiden y sus famosos vídeos la pregunta ya es innecesaria.

Gail, sin superar la barrera de lo escatológico, es capaz de transmitir toda la crudeza de un trabajo que te hace volver a casa cada día “como un soldado que vuelve de la guerra”. Este es su testimonio, recogido por Live Action:

Cuando las mujeres piden abortar, deben ser entrevistadas 72 horas antes de la primera visita y decir lo que quieren. Entonces, en la primera consulta se hace una ecografía y se les pregunta si quieren ver u oír el latido del bebé. Algunas quieren, otras no. Algunos de esas ecografías eran tan claras que pude ver al niño chupándose el dedo gordo de la mano.

Jamás hay una palabra sobre lo que el bebé puede sentir o experimentar. De hecho, no podíamos usar la palabra “bebé” o “padres” bajo amenaza de despido. Nunca se compartía cualquier información sobre el desarrollo fetal.

Entonces, las mujeres eran derivadas a “consentimiento y educación” donde decidían sobre la píldora si estaban embarazadas de menos de 10 semanas. Por encima de las 10 semanas, tienen que someterse a un aborto quirúrgico.

Se les decía que podían esperar calambres y coágulos sanguíneos, pero en ningún momento que pudieran ver al bebé. Entonces, eran orientadas sobre las tres opciones: Continuar con el embarazo, la adopción o el aborto.

¿Se sentían cómodas con el aborto? Hasta ahí llegaba el asesoramiento. Teníamos información sobre la adopción, por ejemplo, pero nunca la compartíamos con las mujeres que iban a abortar.

Algunas lloraban. Si estaban realmente disgustadas en ocasiones se las animaba a ir a casa y pensar sobre ello. Recuerdo veces en las que se les animaba a abortar.

Una vez, una chica estaba realmente triste. Su situación era realmente difícil, pero pude ver que en realidad no quería abortar. El médico le dijo que debido a su edad y situación, sería mejor abortar. Intenté mostrarle otras opciones y el médico me reprendió.

Le dije al médico: “¿No estamos aquí para apoyar a estas mujeres? ¿No se supone que lo que debemos hacer es darles opciones?” El médico discrepó.

La peor parte fue ver los abortos y saber lo que sucedió a continuación. El bebé nunca sale completo. La succión rompe al bebé. Después del aborto por succión, los trozos van a un tarro, tapado, de tal forma que la madre no pude verlo.

Entonces es llevado a la habitación POC [productos de la concepción, por sus siglas en inglés] y es colocado sobre un plato de pyrex, como un plato de tarta. Allí, todas las partes deben ser contadas para estar seguros de que está todo.

Pregunté cuando fui contratada si vendían partes de bebés. Ellos rehuyeron la respuesta. Nunca les vi vendiendo partes de bebés, pero se escabulleron de una respuesta directa.

Miraba ese plato y los pequeños brazos y piernas… y siempre me preguntaba quién habría sido de haber crecido. Rezaba por ellos e intenté no vomitar porque olía mal y era asqueroso.

Todos los ‘productos’ del aborto acababan apelotonados en una bolsa para restos biológicos y metidos en un ultracongelador. Eran recogidos y creo que enviados a incinerar.

Siempre pregunté sobre si los bebés sentían el aborto y ellos me dijeron que no hasta las 24 semanas. Siempre me pregunté ¿cómo podrían decir aquello? ¿cómo lo sabían? Un médico dijo: “No sé porque es un problema. ¡Es un buen dinero!

Otra doctora podía extraerse leche materna para su hijo recién nacido mientras mataba los niños de otras personas. ¡Nunca comprendí cómo podía hacerlo!

En cierta ocasión, vi unas manitas minúsculas completamente desarrolladas en el pequeño plato de pyrex. Minúsculas, minúsculas manos perfectamente formadas… esa fue una de las últimas gotas que colmaban el vaso para mí.

Seguí pensando que un día Jesús volverá. Creo en la segunda venida. ¿Qué sucederá si Él vuelve y me encuentra haciendo esto? Había renunciado a todo mi sistema de creencias por dinero. ¡Me pagaron 70.000$ y me ofrecieron más cuando dejé de fumar! Fue muy tentador.

El aborto permanece contigo. Nunca lo olvidas

Pero ya no lo podía hacer más. Solía ser muy feliz, con una vida amorosa y ver la belleza en todas partes antes de empezar a trabajar ahí. Entonces, empecé a trabajar en Planned Parenthood, y estaba siempre triste, siempre cansada y realmente deprimida. Incluso comencé con el Prozac.

Una parte de mí estaba muriendo. Mi marido era sargento en la Marina cuando fue herido de gravedad por un bomba, y quedó parcialmente discapacitado, en la Guardia Nacional.

Me sentía volviendo a casa cada día desde el abortorio como un soldado que vuelve de la guerra. El vacío. Eso es lo que sentía. Vacío. Y no creo que seamos creados para ver tanta muerte.

El aborto no termina cuando el bebé es extraído. Permanece contigo. Nunca lo olvidas. Nunca perdonas y nunca lo superas. Siempre te preguntarás qué hubiera sucedido porque no es tu única opción. Eso es falso.

No pensaba que allí hubiera ninguna esperanza para mí. No pensaba que Dios me querría de vuelta después de todo lo que hice. No sabía que podía irme.

Nunca creí que personas totalmente ajenas enviarían dinero para ayudarme. [Personas pro vida ayudaron a pagar el alquiler hasta que encontrara otro trabajo]. No podía hablar cuando me lo dijeron y empecé a llorar. Si hay algo que pueda hacer para ayudaros a todos ahora, por favor, decídmelo. Quiero compartir mi historia para que el aborto termine y la gente llegue a Jesús”.

Fuente: https://www.actuall.com/vida/exempleada-de-abortorio-el-bebe-nunca-sale-completo-la-succion-lo-rompe-lo-hacia-por-70-000-dolares/

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