Por Tomás I. González Pondal

No es ninguna novedad el hecho de que George Soros apoya y financia las perversidades más grandes de estos tiempos, como por ejemplo la ideología de género y el aborto. No es por tanto –o no debería serlo para nadie- una novedad que quienes siguen esos objetivos vivan orgullosos de moverse con engaños.

Recientemente Soros afirmó: «existe una falsa narrativa que moviliza votantes y da energía al movimiento conservador en América Latina (…). Si esta falsa narrativa continúa ganando terreno, los derechos de las mujeres y de los colectivos LGTB, ganados con tanto esfuerzo, correrían riesgo (…). Pretenden explotar beneficios religiosos para ganar posiciones políticas recortando los derechos humanos (…). Si no nos levantamos ahora, los derechos de las mujeres y de los LGTB estarán bajo amenaza». Como al multimillonario y corruptor moral consabido, le molesta que se llame a las cosas por su nombre, habla de “falsa narrativa”. Para Soros una “falsa narrativa” es decir que el aborto es un asesinato; tiene su lógica: sucede que en la narrativa del despiadado George (la cual, para él es la correcta), el aborto es un derecho y en el peor de los casos una simple “interrupción del embarazo”. Para Soros, una “falsa narrativa” es que alguien hable en favor del orden natural, que diga que lo normal es la unión de un hombre con una mujer; tiene su lógica: acontece que en el discurso del ladino acaparador de riquezas, el discurso “correcto” debería tener por derecho a las uniones más espantosas que puedan imaginarse.

Un inhumano hablando de derechos humanos. ¿Qué humanidad tiene Soros, si en su haber hay una lista interminable de seres humanos abortados gracias a sus financiaciones y planes oscuros? El magnate al que hago referencia es tan perverso, que propone la idea de que el orden natural es una amenaza. Aquí la real amenaza tiene nombre y apellido: George Soros; o sea, el mismo personaje que no tuvo problemas en confesar en una famosa entrevista que «hace actividades amorales» pero que «no siente culpas por ellas» (https://www.youtube.com/watch?v=wVanD72CKzY). Con tales criterios, ¿cómo es posible hablar de bien o mal, de verdad o falsedad? Para Soros todo depende de Soros. Bien y mal serán según lo determine él; verdadero o falso, según sus ocurrencias (falsa narrativa ¿?). En definitiva, si él se presenta moral o amoral da igual, pues cualquiera de esas nociones las puede llenar o vaciar a gusto y antojo.

Amén de lo referido, hay un dato que no debe dejarse pasar: ¿Acaso no hace ruido que un sujeto cuya fortuna alcanza los 24,9 mil millones de dólares, se “preocupe tanto” por los “derechos” de los latinoamericanos y otras regiones del mundo, “derechos” que ya sabemos son en verdad abominaciones y comportamientos de los más execrables?

Fuente: https://www.facebook.com/tomas.gon.92/posts/364305024000247

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