Por Tomás I. González Pondal

Hoy tenemos a la mujer como objeto de alquiler. Se habla de alquiler de vientres. Veremos hasta dónde llega la futura imaginación de los innovadores. ¡Quién sabe! En una de esas, pronto, la mujer sea objeto de hipoteca, prenda, usufructo, posesión, o servidumbre de paso.

Dejaré sentado desde estos comienzos un hecho indiscutible: son los mismos acérrimos defensores de las modernas concepciones sobre “no discriminación”, los que se encargan de discriminar de la manera más brutal. Son los modernos defensores de la “no objetivación personal” los que tratan a ciertos seres humanos como cosas. Es la prensa decadente la que se rasga las vestiduras diciendo que defiende a las mujeres, pero aprueba lo que llaman sin rodeos alquiler de vientres. Son los que condenan a lo que tildan de patriarcado, los que cosifican a la mujer constituyendo lo que denomino el «ideoarcado». En fin, son esos mismos impulsores de la perversión los que diciendo defender a la mujer la denigran en escalas inhumanas.

Gil Domínguez es un conocido abogado de Argentina dedicado al derecho constitucional. También tiene otras dedicaciones, como por ejemplo le fascina hacer festejos hacia lo que supone buenas novedades ideológicas, celebración que comparte con la prensa que también le da publicidad. En otras palabras, se dedica con asiduidad a generar sofismas.

Hace unos días atrás el periódico Clarín publicó una nota del jurista referido, escrito cuyo título decía: “Un fallo trascendente sobre gestación por sustitución”. Aquí el letrado prefiere adoptar la refinada expresión “gestación por sustitución” para lo que se conoce también como alquiler de vientre. Sucede que hay mentalidades a las que les importa mucho que la expresión sea aparentemente muy respetuosa, aunque el hecho concreto al que se refieren sea de una bajeza impresionante. Alguien va a proponer que es muy bueno comer estiércol de vaca, y nos presentará a la novedad diciendo que se trata del “consumo de vegetal procesado”.

Gil Domínguez habla del “advenimiento de las técnicas de reproducción humana asistida”, frase que merece la aplicación de la crítica que efectúe anteriormente. Haría mejor en hablar de técnicas de destrucción humana asistida, dada la cantidad de humanos que son destruidos sirviéndose de esas maniobras donde los límites son violados en miras a un fin.

El constitucionalista nos explica con todas su ciencia que: “Madre es una gestante pero una gestante puede no ser una madre”. Y nos da el porqué: “El término madre implica una decisión adoptada en el marco de la constitución subjetiva de una mujer o de una persona autopercibida en su identidad de género como un hombre que mantiene los órganos de reproducción femeninos”. El profesional no puede razonar con un mínimo de profundidad. Si lo hiciera, podría advertir con facilidad que su primera proposición es destruida por su segunda enunciación. Si todo depende de una “constitución subjetiva”, no necesariamente toda madre debería ser gestante, pues, tal vez, se le ocurra a alguna no serlo, aún cuando un ser humano crezca en su vientre. En definitiva, de seguir el juicio delirante del constitucionalista, puede una mujer estar gestando pero subjetivamente creer que no, y que lo que en nueve meses dará a luz es fruto de una aparición repentina gracias a un truco de magia de Gandalf. Si una mujer se puede creer un hombre, bien puede una madre que gesta considerar que no gesta y su hijo ser obra de un big ban natal.

Lo que el abogado nos dice es lo siguiente: que también una madre que tuvo cinco hijos si un día se despierta por la mañana y en su “constitución subjetiva” decide que ya no será más madre, entonces debe respetarse su decisión. Queda ver qué se hace con quienes son sus vástagos. Por lo pronto, si esos hijos me consultasen sobre algún profesional que los defienda, no les recomendaría que busquen el patrocinio de Gil Domínguez. Ya sabemos que defenderá los dictámenes de la “constitución subjetiva”.

Gil Domínguez no está siguiendo bien las directivas de vanguardia. Parece que no se enteró que hablar de madre implica discriminar, y que la tendencia es hacer desaparecer esa expresión. “Gil Domínguez: ¿cómo llamar madre a quien se percibe como hombre? ¡Sr. Gil Domínguez: a los nuevos hombres embarazados, no les gusta que les digan madres!

Como si fuera poco lo anterior, dejó sentado directamente el delirio extremo al que puede llegarse con la invención de la “constitución subjetiva”: todo aparecería o desaparecería por obra de una pretensión mental. Podría decir ya mismo que la nota de Gil Domínguez nunca existió o que en realidad es la versión moderna del cuento de Caperucita Roja. El abogado no ha caído en la cuenta que si todo depende de la “constitución subjetiva” de cada uno, no se hubiera gastado en sentar ninguna de sus proposiciones como cosas ciertas que otros deben acatar como tales. Si el profesional fuera coherente con su pensamiento, simplemente nunca más debería escribir nada mientras mantenga su ideología de raíz kantiana.

A la objetivación de la mujer, el abogado la enmarca en una atmosfera de camuflado frío presentado como algo de lo más aceptable: “El término gestante adquiere un significado determinado cuando se vincula con una mujer que adoptó la decisión libre e informada de gestar a un niño o niña con quién no tiene ninguna clase de vínculo afectivo ni genético. La gestación se sostiene en el desarrollo de una biografía altruista o lucrativa basada en la libertad de intimidad exenta de vulnerabilidad que persigue desarrollar un proceso en pos de satisfacer el amor filial de otro. No hay en la mujer gestante voluntad procreacional, vínculo genético o amor filial”. Toda esta palabrería para aprobar y aplaudir el hecho de que haya mujeres que alquilen su vientre por dinero o a título de solidaridad. ¿Por qué el mismo que propone la idea de la “constitución subjetiva” se atreve a decir como cosa tajante que en la gestante no hay “voluntad procreacional o amor filiar? Esto último simplemente lo anoto a cuenta de la incoherencia del relato traído por el constitucionalista.

Gil Domínguez va a llegar al colmo de utilizar un recurso muy bajo para defender su relato de ciencia ficción. Va a manifestar que quien se opone a su enseñanza “responde a una estrategia ideológica de obturación de la gestación por sustitución que se traduce en la imposición moral de que siempre debe haber una madre aunque una mujer solo desee ser una gestante”. Ahora resulta que lo ideológico es lo que se opone a la ficción. Bue… una vez más y para mostrar algo de coherencia: ¿por qué no nos deja con nuestra “constitución subjetiva” en vez de lanzarnos un reproche? Acusa de “imposición moral” y es él quien quiere imponer una “nueva moral” (de hecho finaliza torpemente su sofística nota diciendo que todo ingresa en lo que denomina “un nuevo orden simbólico”). Es el articulista criticado quien viene a intentar establecer una nefasta ideología, donde la mujer, cuan habitación en alquiler temporal, ponga su vientre por determinados días. Lo dije en otros artículos pero es preciso repetirlo varias veces: a estos ideólogos poco les importa la mujer, a ellos les interesa servir servilmente a la ideología de género. Les importa principalmente –aunque no lo digan- que quienes participan de lo contranatural puedan adquirir hijos gracias al nuevo “mercado inmobiliario”. Sin ir más lejos, el fallo judicial que viene a defender Gil Domínguez, es precisamente a raíz de un proceso colectivo promovido por el “Defensor del Pueblo de la Ciudad de Buenos Aires (¿?), la Federeción LGTB y una pareja de copadres.”

El caso de este escrito, son de esos pocos en los que uno realmente espera no recibir crítica alguna, y mucho menos de alguien llamado Andrés Gil Domínguez; la razón: me fundé en mi “constitución subjetiva”.

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Fuente: https://m.facebook.com/story.php?story_fbid=360912241006192&id=100012622573251

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