Por Erika Valdivieso López
Directora del Instituto de Ciencias para el Matrimonio y la Familia de la Universidad Católica Santo Toribio de Mogrovejo, Chiclayo. Miembro de Peruanos por la Igualdad.

Cuando hablamos de políticas públicas, nos estamos refiriendo a ese conjunto de acciones articuladas que el Estado desarrolla con la finalidad de atender las necesidades de la sociedad en temas específicos como salud, educación, mujer, poblaciones vulnerables, etc.

Las políticas públicas generalmente se desarrollan en el marco de unos enfoques transversales. Se trata de principios, concepciones o valores que se asumen como importantes e ineludibles para el desarrollo de cada una de las acciones del Estado. Se puede decir que un enfoque es el norte integrador de cada política. Así tenemos el enfoque de derechos humanos, de intergeneracionalidad, de interculturalidad, etc.

Ahora bien, de todos los enfoques que viene utilizando el gobierno, se nota la falta de un enfoque integrador de las políticas que tienen relación con la familia. A continuación, intentaremos definir de qué trata este enfoque y sobre todo, su importancia para el efectivo desarrollo de las políticas de Estado.

“La familia es el elemento natural y fundamental de la sociedad y tiene derecho a la protección de la sociedad y del Estado”[1]. Esta noción legal reconoce el carácter natural de la familia anterior incluso “a la constitución de los estados”[2]. Todos reconocemos asimismo, que la familia es un espacio insustituible para el desarrollo integral de las personas y medio natural para el crecimiento y bienestar de sus miembros. Por ello entendemos que debe recibir la protección y asistencia necesarias para consolidarse de acuerdo a los valores que le son propios, poder asumir plenamente sus responsabilidades y cumplir sus fines[3] dentro de la comunidad[4].

Como señala Donati[5], la familia tiene unas características particulares que la hacen diferente a otras relaciones primarias (como podrían ser la amistad o la propia convivencia) porque, aun pudiendo englobar a estas últimas, la familia requiere algo más específico, un aspecto que marca una diferencia que no es otra cosa que la reciprocidad entre los sexos y entre las generaciones, es decir, la familia conecta el eje de la pareja hombre –mujer y el eje progenitores-hijo.

En este sentido, la familia debe ser entendida como un “sujeto social”, es decir, como una realidad que amerita una atención particular y específica, que supera la atención individual de sus miembros y por ello se puede justificar que el Estado tenga interés en incluir a la familia en sus políticas públicas, siempre bajo el principio de subsidiariedad.

Sin embargo, pueden existir muchas políticas sociales que si bien se denominan familiares, en realidad no lo son o al menos contienen fuertes equívocos porque, en primer lugar su objetivo no es valorizar (o al menos tutelar) la familia, sino promover otro objetivo, como por ejemplo elevar las tasas de trabajo femenino, favorecer la paridad entre hombre y mujer, combatir la pobreza, sostener la natalidad[6], etc. En segundo lugar pude suceder que su efecto práctico sobre las relaciones familiares es más negativo que positivo, dado que son favorecidos los comportamientos individualistas en detrimento de aquellos solidarios, con el resultado de un creciente debilitamiento, conflictividad y fragmentación de las relaciones familiares[7]. En tercer lugar, devienen en incompletas, pues atienen a sujetos específicos para un problema que supera su ámbito, con lo cual, pese a que se ejecuta la política, el problema no se soluciona (mírense por ejemplo, las políticas sobre violencia de género).

Para evitar estos errores, se hace necesario contar con un elemento que reoriente los esfuerzos y convierte una política aislada, en una política integral, multiplicando sus efectos en favor de la familia. Este es el Enfoque de Familia.

El Enfoque de Familia “establece que tanto las políticas públicas y privadas, como los programas de trabajo de las organizaciones de la sociedad civil, deben considerar que las estructuras y dinámicas de funcionamiento de las familias son fundamentales para el desarrollo y el bienestar de los individuos y de la sociedad[8]. Es decir, entiende el papel de la familia en su real dimensión; no solo como medio del que se vale el Estado para atender a sus ciudadanos, ni como el interlocutor entre el Estado y sus miembros; sino como “la institución natural más importante de las sociedades democráticas”[9].

Una política familiar (pública o privada) solo será tal, en la medida que incorpore un enfoque de familia. De lo contrario, solo tendremos un conjunto de programas sociales que no llegan a alcanzar todo su potencial porque no tienen un norte integrador[10]. Y, para que se entienda el enfoque de familia válidamente aplicado, “debe abarcar todos los ámbitos sectoriales de las administraciones públicas de modo que esté presente en el conjunto de la tarea del gobierno”[11].

Debemos romper con los paradigmas respecto a la formulación de políticas públicas en temas de familia. Pasar de políticas asistencialistas a políticas subsidiarias (que busquen que las personas puedan desarrollar sus obligaciones en la familia); de políticas centradas en la díada madre-niño, a políticas dirigidas al núcleo familiar (centradas en la reciprocidad entre los sexos); de políticas de privatización de los valores familiares a políticas dirigidas a la valorización de la familia como bien relacional. Debemos dejar de enfocarnos en políticas centradas en individuos diferenciados a través de necesidades singulares, y dirigirlas más bien a incorporar las relaciones entre los sexos y las generaciones[12].

En definitiva, se hace necesario entender que las nuevas orientaciones en políticas familiares exigen que se considere la familia como un sujeto social, y no solo como una realidad que aglutina individuos.

Cuando se incorpore el Enfoque de Familia en las políticas públicas, se podrá contribuir – al entenderla como un sujeto de relaciones sociales – al cumplimiento de sus fines y funciones dentro de la sociedad y veremos realmente a la Familia, como protagonista del cambio social.

 

Notas

[1] Declaración Universal de Derechos Humanos 1948, PIDCP, PIDESC, 1966.

[2] Plan Nacional de Fortalecimiento de la Familia 2016-2021- Planfam, p. 11.

[3] Cfr. Ley Nº28542, Ley de Fortalecimiento de la Familia.

[4] Cfr. Plan regional de apoyo y fortalecimiento a las familias 2014-2021, Gobierno Regional de Arequipa, p. 5.

[5] Cfr. DONATI, Pierpaolo, La política de la familia. Por un welfare relacional y subsidiario, Colección Amor humano. Centro UC de la Familia, Ediciones Universidad Católica de Chile, Santiago, 2014, p. 18.

[6] DONATI, Pierpaolo, Op. Cit. p, 19

[7] Idem

[8] Plan Regional de Fortalecimiento de la Familia, Región Lambayeque. Planfam-Lambayeque, p. 29.

[9] PLIEGO CARRASCO, Fernando; CASTRO SALINAS, Rodolfo, Tipos de familia y bienestar de niños y adultos. Edición especial para Perú, Universidad Católica San Pablo, Arequipa, 2015, p. 73

[10] VALDIVIESO LÓPEZ, Erika, Familia y democracia: El debate en torno a las políticas familiares en las elecciones presidenciales peruanas, a la luz del Sínodo de la Familia 2015, Medellín, Mayo, 2016.

[11] VELARDE, L. Algunas propuestas de medidas pro-familia. En CONTRERAS, F. (Edit.), Debate sobre el concepto de familia (227-236), Madrid: Dykinson – CEU Ediciones, 2013, p. 229.

[12] Cfr. DONATI, Op, Cit. p, 166

Objetivos:
• Canalizar la voz de la ciudadanía ante autoridades públicas e instancias de la sociedad civil para hacer presentes sus derechos y promover sus deberes.
• Promoción, divulgación y defensa de los valores, derechos y deberes de la familia y de la vida humana.
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