Por Carlos Alvarez Cozzi

Varios medios de prensa digitales han informado que los canadienses ya pueden identificarse con un “género neutro” en sus pasaportes desde el 31 de agosto de 2017. El reconocimiento del “tercer género” se ampliará en los próximos meses a otros departamentos gubernamentales, agregan las páginas webs de noticias internacionales.

La medida, aplicada por el Ministerio de Inmigración, Refugiados y Ciudadanía del gobierno de Justin Trudeau, pretende “avanzar en la igualdad de todos los canadienses”. La decisión se enmarca dentro de la ley Bill C-16 que defiende las teorías de género del colectivo LGTBI y penaliza la discriminación por identidad o expresión de género. Canadá es el primer país americano en permitir esta opción en documentos oficiales.

El organismo de la ONU que regula la aviación mundial, la Organización de la Aviación Civil Internacional (OACI), obliga a identificarse en los documentos de viaje con un género, pero contempla esta opción neutra.

Esta es básicamente el resumen de la noticia. Ahora bien, nos preguntamos por qué, si lo que se busca pretendidamente es no discriminar, solamente se autorizará la opción del viajero por un género indeterminado, cuando las organizaciones LGBTI han confeccionado una lista de todos los tipos de géneros existentes, tantos casi como la imaginación humana pueda inventar.

De inmediato recordamos que la Corte de Casación francesa ya ha fallado rechazando una demanda de reconocimiento de género neutro. En la referida sentencia se expresa claramente que “para el Derecho francés la distinción entre los sexos masculino y femenino es necesaria para la organización social y jurídica, de la cual es una piedra angular”. Y que de ampararse la demanda, reconociendo un sexo neutro, ello tendría profundas repercusiones en las reglas del Derecho francés”.

Pero ya existe un antecedente propiamente canadiense que comentamos hace poco tiempo. , totalmente irracional, pero que está marcando toda una tendencia mundial, cual es la “deconstrucción” de las personas y de las familias.

Es decir, se trata de iniciativas que se visten de no discriminación pero es evidente que responden a una agenda preestablecida por los conocidos lobbys o grupos de presión.

Y en el mismo sentido podríamos citar la discusión en Estados Unidos de América y en otros países sobre los baños públicos sin género o transgénero.

Sobre este tema, vinculado a esta información nueva canadiense, no hace mucho publicábamos nuestra opinión al respecto. Y a modo de conclusión expresábamos que no es un tema menor el de los baños. “Sabido es que en muchos lugares son centros de distribución de drogas o de promiscuidad sexual, de manera que, en especial en los colegios, donde los menores de edad son la gran mayoría de los usuarios, pasa a ser una cuestión educativa y preventiva fundamental.”

“Entonces, lo del título. Hay personas interesadas que hacen mucho “lobby” en tergiversar o negar directamente la realidad al servicio de una ideología falsa y de nefastas consecuencias y entonces, como para ellos el fin justifica los medios, van ahora por el tema de los baños públicos como antes fueron por tantos otros que bien conocemos. La respuesta deber ser, nos parece, ser una sola: firmeza en la defensa de lo natural y lógico y negativa a ser “políticamente correctos” a cualquier precio, incluso al de la propia salud.”

El patrón de actuación en los tres casos comentados apunta a la misma dirección y es evidente.

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