Con la despenalización del aborto en tres supuestos, Chile sigue la hoja de ruta de España. Esta práctica, que se vende como conquista social, se irá consolidando como un método más para limitar la natalidad en nombre de los derechos de la mujer. Sin embargo, no hay nada más progresista y justo que defender el carácter sagrado e inviolable de la vida.

De nuevo, asistimos en Chile a una operación de imposición vía legislativa de una práctica social (el aborto) en una sociedad que no lo necesita ni lo reclama pero que, en nombre del progreso y las libertades, las elites políticas deciden que hay que aprobar. Así, Chile se incorpora a la senda torcida de una modernidad cuyas señas de identidad, lamentablemente, pasan por la despenalización, la legalización y la promoción del aborto.

Conocemos lo que viene después. España ha recorrido ya esta siniestra hoja de ruta suministrando el peor ejemplo posible a todas las naciones hermanas de Hispanoamérica. Chile ha decidido iniciar este camino. Hasta hoy, Chile, junto con Nicaragua, República Dominicana, El Salvador, Haití, Malta y Honduras, constituían el grupo de los siete países que no permitían el aborto en ningún supuesto. 

Si alguien duda sobre la existencia, pretensiones y eficacia del gobierno mundial, no hay más que seguir el itinerario de la presidenta Michelle Bachelet, quien dejó temporalmente las responsabilidades de gobierno en Chile para, tras una estancia en la ONU, volver al gobierno de su país promoviendo y aprobando, como proyecto estrella, la despenalización del aborto en tres casos. En su puesto en la ONU coincidió con notorias y conspicuas promotoras del aborto, como Bibiana Aído y Leire Pajín. No es posible desvincular esta ley abortiva con la presencia de Bachelet en la ONU que, desde hace décadas, se ha quitado la máscara y promueve abiertamente el aborto como derecho. Chile es una pieza caída más del dominó que la agenda globalista tenía señalada desde hace tiempo. Irlanda, único país europeo que seguía defendiendo los derechos del no nacido, cedió en 2014 su solitaria singularidad, allí los inocentes tenían un refugio que la isla esmeralda defendió.

Los mismos argumentos que en España

Los argumentos esgrimidos son una copia más o menos actualizada de los utilizados en la década de los 80 para legislar la despenalización del aborto en España. Se comienza inflando los datos de los abortos clandestinos, se continúa con la publicidad de los casos límites (violaciones, incestos), a pesar de que estadísticamente son insignificantes, y se complementa con la promoción del aborto como un derecho, como una nueva “conquista” social.

Los términos de la despenalización son lo suficientemente confusos y abiertos para generar, de facto, una suerte de aborto libre. Esa fue la técnica empleada en España y ese guion parece que sirve a la nación andina. La Pontificia Universidad Católica de Chile ha liderado el debate en el frente provida, aglutinando defensores de la vida, planteando las objeciones a las ambigüedades de la ley y denunciando sus contradicciones. Es también dicha universidad la que ha promovido legalmente la defensa de la objeción de conciencia, derecho fundamental que la ley, de forma totalitaria, trata de eliminar.

El mal ejemplo de España

Sabemos en España que por la pendiente construida artificialmente que suponen las prácticas abortivas amparadas en la ley, una vez en marcha, la industria del aborto echa a rodar y en ese siniestro trayecto el número de abortos comienza a crecer y, cada año que pase, el aborto se irá consolidando como costumbre y como un método más para limitar la natalidad en nombre de los derechos de la mujer. Lo venden como logro femenino, como derecho alcanzado, como progreso social: nada más lejos de la realidad. A día de hoy, no hay nada más progresista y justo que defender el carácter sagrado e inviolable de la vida, sea cual sea su situación: embrionaria, fetal, en coma o discapacitada. En Chile no han ganado las mujeres, como afirman los publicistas de Bachelet, sino que han perdido los inocentes y con ellos la sociedad entera, pues cualquier país que inicia el camino de la desprotección del nasciturus comienza un periodo de involución marcado por el sello de la decadencia.

Fuente: https://eldebatedehoy.es/familia/chile-despenalizacion-del-aborto/

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