“Como una religión, la ideología nazi contaba con una serie de principios que eran absolutos e irrefutables, no aceptaban oposición. Todo el que desease el bien de Alemania debía ser fiel a ellos. La base de que la raza aria es superior influyó en la definición de otras minorías como grupos inferiores, no puros, que debilitaban al país en su objetivo de renovación. Esta pureza se hace evidente en un cuerpo de piel clara, rubio, masculino. El alemán era ensalzado por la dotación innata de su sangre10, además de la identidad física.”

Resulta curiosa la similitud de argumentos utilizadas por los nazis para justificar la utilización del aborto para ser aplicado sobre aquellas razas a las que consideraban inferiores a la aria y que, en su locura nacionalsocialista, quisieron llevar a sus últimos extremos, de modo que impusieron la esterilización a las mujeres judías y provocaron abortos de aquellas mujeres pertenecientes a las razas que ellos consideraron como “inferiores” (eslavos, judíos y latinos), para evitar que tuvieran descendencia en pro del desarrollo ( llegaron a pensar en la creación de clones del modelo alemán ario) de la raza “superior”, protegida por los dioses germánicos, la raza perfecta aria.

Al efecto trascribimos unas palabras suficientemente ilustrativas aparecidas en la revista Tribuna en el 2009: “A los campos de exterminio en la Alemania nazi y en la Europa ocupada por los nazis les llamaban «centros de reubicación». En la actualidad, en los Estados Unidos, a los campos de exterminio de bebés se les llama «centros de salud reproductiva». A los judíos, Hitler los describía como «una raza parásita», mientras que, al niño, o niña, no deseado, Planificación Familiar los describe como «un mero parásito». En el tiempo de los nazis, el resultado final era «la terminación» de los judíos y el resultado final ahora es la «terminación del embarazo».” ¿Acaso la voluntad de la mujer, que se ha dejado embarazar por los motivos que sean, incluso por descuido, puede justificar la interrupción del embarazo o, lo que es lo mismo, la muerte de un ser concebido con todas las posibilidades de poder vivir, con el mismo derecho que tuvieron sus padres?

Sin embargo, en Chile acaban de legalizar el aborto, si bien muy restringido, ya que sólo se autoriza para los casos de embarazo por violación, inviabilidad del feto o peligro de muerte de la madre, una legalización que, dentro de lo que se entiende por derecho a abortar, se puede considerar de las más sensatas. No obstante, parece ser que la carrera en pro del aborto (no olvidemos que desde la ONU se promueven campañas para abortar) sigue imparable y que, en la mayoría de casos, y en España todavía peor, las legislaciones sobre el aborto resultan tan permisivas que, en la práctica, se pueden equiparar al aborto voluntario pedido por las organizaciones feministas de todo el mundo. Como información adicional podemos decir que, en España, se calcula que, cada año, se practican más de 100.000 abortos en las clínicas dedicadas a esta macabra tarea, no siempre convenientemente fiscalizadas por aquellos políticos que desearían que existiese la libertad absoluta para librarse del feto.

Resulta difícil de explicar que, preferentemente entre las mujeres, exista lo que se podría calificar de deseo “contra natura” por el que intentan justificarse ante sí mismas y ante el resto de la sociedad de que, su “derecho a la libertad” (por supuesto mal entendido) deba primar sobre su instinto maternal y de perpetuación de la especie, como ocurre con cualquier otro ser de la naturaleza. La justificación, seguramente, la encontraríamos en la falta de barreras morales existente en la sociedad actual; en la carencia de frenos ante los instintos naturales y en la concepción de una libertad sexual como un derecho a practicar el sexo sin tomar las más imprescindibles precauciones, para evitar que se produzca el embarazo no deseado; una previsión que nada tiene que ver con las religiones, las costumbres o los hábitos familiares y sí, mucho, con establecer una barrera suficiente para impedir la concepción del nuevo ser, derivada de la unión del óvulo con el espermatozoide masculino.

Claro que, con la educación que hoy reciben los jóvenes, con las escuelas regidas por defensores de las libertades ad libitum y con la permisividad de las leyes nacionales respeto a los temas sexuales, resulta materialmente imposible establecer límites que se cumplan o frenos morales o de cualquier otro tipo que, castigaran y responsabilizaran a quienes, voluntariamente, se exponen a que se produzca el embarazo ( otro tema es el caso de violación o la inviabilidad del feto concebido, más discutible) Es evidente que, al no existir un medio que frenara el natural deseo sexual de las parejas ( hablamos del caso heterosexual ya que, en los otros tipos de familias que hoy se consienten, es evidente que, el quedar embarazados resulta, mientras la ciencia no cambie las condiciones para quedar fecundados, prácticamente imposible), una legislación que impidiera que, en estos casos, se pudiera recurrir al aborto, para así impedir la irresponsabilidad sobre sus actos, mediante el sacrificio de un inocente, de quienes no supieron poner sensatez en su desahogo sexual. No se puede premiar a unos insensatos que no supieron poner límites a sus actos, mediante la ejecución del resultado de su imprudencia.

Resulta incomprensible que, la sociedad actual, se muestre tan complaciente con estas mujeres que, sin el menor escrúpulo de conciencia, abandonándose a sus deseos carnales y sin la suficiente autodominio para tomar las precauciones mínimas para impedir posibles consecuencias no deseadas; sabiendo que el exceso de libertades concedidas a semejantes irresponsables puede ocasionar, en un gran porcentaje de casos, que un ser, a las pocas semanas de su concepción, cuando ya tiene todas las posibilidades de sobrevivir, sea condenado a muerte sin que exista, como sucede en el caso de las personas vivas, un tribunal que decida sobre la procedencia o improcedencia de semejante ejecución.

Se han criticado a los nazis, y con razón, los crímenes salvajes que cometieron con aquellas personas que estimaban que no tenían derecho alguno a vivir, con los deformes, con las razas “inferiores”, con los comunistas, con sus enemigos declarados los judíos y con todos aquellos que se oponían a sus locuras jacobinas. En cambio, cuando en nuestra patria, en una nación que presume de democrática, cuando se estima que la población tiene un nivel adecuado de cultura y que las leyes del país están hechas por personas que velan por el bienestar de su pueblo, por el progreso de la nación, por mantener un nivel adecuado de nacimientos, sin el cual la nación va envejeciendo y, en consecuencia todo es sistema se pone en cuestión al no existir en la generación que viene los suficientes jóvenes para establecer el relevo de aquellos que nos abandonan; unos cuantos políticos con ideas nazis sobre la vida de los concebidos, se dedican a promulgar leyes que son contrarias al sentido común, que se oponen a nuestra Constitución ( por cierto el recurso de inconstitucionalidad que, hace años, interpuso el ante el TC, duerme el sueño de los justos en alguna estantería de dicho tribunal que, cuando se trata de mojarse ente los españoles, en cuestiones que le resultan incómodas, parece que prefiere que lo resuelvan las futuras generaciones de magistrados que cubran sus puestos al jubilarse) se salen con la suya, ante la completa pasividad de los españoles y de sus dirigentes ( el caso del PP, que prometió luchar contra estas leyes es, evidentemente, escandaloso, cuando ha dejado pasar una legislatura de mayoría absoluta sin hacer nada al respeto, por simples motivos de cálculo electoral).

O así es como, señores, desde la óptica de un ciudadano de a pie, como, sin que nadie protestase o se sintiese traicionado, se haya permitido que una ley vergonzosa, gestada desde el PSOE, por unas ministras carentes de conciencias e insensibles al sufrimiento de tanto seres indefensos, siga viva después de una serie de años, que sólo ha beneficiado a todas estas clínicas de la misma ideología nazi, que se vienen lucrando, incluso provocando abortos a extranjeras, que vienen a España para aprovecharse de la posibilidad de abortar, incluso fuera de los límites establecidos en nuestra legislación, ya que no parece que exista la más mínima intención de impedir que la matanza de inocentes siga como hasta ahora. Quizá lo paguemos más adelante, cuando las nuevas generaciones sean incapaces de suplir a las actuales y seamos colonizados por las hordas de inmigrantes que, cada día, son más numerosos en toda España.

Fuente: http://www.diariosigloxxi.com/texto-diario/mostrar/790970/aborto-eutanasia-regimen-nazi

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