Por Tomás I. González Pondal

Elizabeth Harman es profesora de Filosofía en la Universidad de Princeton, y se especializa en filosofía moral. Las cosas en el mundo cambiaron demasiado: en la actualidad, especialista puede ser una persona que se especialice en decir que los vegetales dependen para existir de los relojes a pila, y alguien puede obtener un doctorado afirmando que una jirafa sale de un palo de escoba.

El argumento de Harman es el siguiente: “No hay nada moralmente malo en el aborto en las primeras semanas, pues como el feto no tiene conciencia ni ha vivido ninguna experiencia, no sucede nada malo”. Empecemos haciendo una aproximación a la sinrazón de la profesora con unas reflexiones menores. Su razonamiento es de total aplicación a ejemplos como: no hay nada moralmente malo en matar indiscriminadamente a los animales, porque ellos no tienen conciencia; puede alguien –por pura diversión- dedicarse a envenenar todos los perros del barrio o todos los peces de un lago, y sus acciones no ser reprochables a título de maldad, ya que uno puede justificarse diciendo que carecen de raciocinio. Si alguien incendia un bosque por el simple hecho de verlo arder: ¿cuál sería el mal si los vegetales tampoco son conscientes de lo que sucede? Y si una persona por entretenimiento decide pasar una topadora por la casa del vecino (y también por el vecino que se encuentra dentro tirado en el sillón bajo los poderosos efectos del whisky que bebió por la noche), nada malo pasaría, ya que ni la casa ni el vecino tendrían consciencia a la hora de la “picardía”.

El relativismo de Harman propone algo denominado “primeras semanas”, dentro de las cuales no se da la “conciencia”. Pero pensemos en lo siguiente: al menos hasta el primer año de vida fuera del vientre de la madre –por poner un mínimo de tiempo en mi razonamiento- no hay una conciencia activa. En virtud de ello, según el planteo de la docente, podríamos matarlos. Insisto: ¿por qué limitar todo a las “primeras semanas”? ¿Por qué no a los nueve meses? ¿Por qué no en el primer año de vida fuera de la panza materna? En tales plazos no hay conciencia, luego… sería de aplicación lo de la filósofa.

Por otra parte Harman yerra en lo tocante a la experiencia. Un ser humano comienza a tenerla desde el momento de la concepción, aunque no sea consciente de ello, tema muy profundo que no ahondaremos aquí. Cada paso del crecimiento es vivido, y de algún modo peculiar queda registrado en ese ser. Hay seres humanos que nacen con deficiencias mentales muy considerables, incluso al grado de no ser conscientes de sus actos. En tal situación: ¿sería justificado matarlos, ya que siguiendo a Harman como no tienen conciencia, no habría ningún mal en la acción mortal?

La “moral especial” de Elizabeth hace depender la moralidad de un acto de lo que haga o deje de hacer un tercero (conciencia y experiencia ajena), y no del propio agente moral y de la objetividad del acto realizado conscientemente. Para la profesora no es suficiente que el que realiza la acción esté conciente de su comportamiento para que sea alcanzado por la moralidad. Lo bueno y lo malo, según se infiere del planteo inicial de la “especialista,” depende, no del hombre que lleva a cabo una acción, sino de un tercero; y al hacer depender la moralidad del estado en que se encuentra un tercero, conduce a los mayores descarríos. Un robo que se hizo en la casa de una persona que estaba durmiendo, no sería malo porque la víctima no estaba en estado de conciencia cuando sucedió el ilícito. Un violador que hace caer a una mujer en estado de sueño utilizando alguna sustancia con efectos sedantes, no sería culpable del hecho aberrante porque la víctima no tuvo noción de lo que sucedía. Y otro tanto ocurre con el bien: si yo hago una limosna con la mejor de las intenciones y en el anonimato total, como el beneficiario no se entera de mi acción, luego carecería de valor.

En resumen, en el planteo inicial de Harman, la moralidad de una persona depende del estado mental de otro, cosa que -es de sentido común- resulta algo totalmente descabellado.

Con lo anterior no acaba el engaño. Intentando la filósofa dar un por qué al planteo inicial que expuse, no solo no lo da, sino que introduce nuevos disparates. Ella sostiene (cito en extenso): “Entre todos los fetos en edad temprana, hay dos tipos muy distintos de seres. Cuando éramos fetos en las primeras semanas, entonces ya teníamos un estatus moral en virtud de nuestro futuro, porque éramos los estadios iniciales de personas. Pero hay otros fetos que morirán en las primeras semanas, por aborto espontáneo o deliberado, y en mi opinión eso es un ente totalmente diferente, porque no tiene futuro como persona y no tiene estatus moral. Si una mujer está pensando abortar, y tiene posibilidad de hacerlo, entonces sabemos que el feto va a morir y por tanto no es como los fetos que se convirtieron en nosotros, no es algo con estatus moral. Otras veces tenemos razones para creer que un feto es el estadio inicial de una persona: cuando sabemos que la mujer piensa continuar con el embarazo. Entonces tenemos razones para pensar que su feto es algo con estatus moral, alguien con futuro como persona. En mi opinión, tú tienes estatus moral. Y si volvemos a cuando eras un feto, tú tenías estatus moral. Pero eso no significa que abortarte hubiese estado mal, porque si tu madre hubiese decidido abortar, entonces tú nunca habrías llegado a tener estatus moral, porque habrías muerto como feto, así que ella no habría abortado algo que tuviese estatus moral, dado que, como iba a matarlo, nunca llegaría a ser persona. No es que al abortar le quitemos al feto el estatus moral, sino que ese estatus moral se lo otorga el futuro: Si le dejamos que tenga futuro, entonces estamos dejándole que sea el tipo de cosa que ahora tendría estatus moral. Así que al abortarle no le estamos privando de algo que tenga de forma independiente”.

Mucho puede sacarse de texto tan enredado y falaz. Por lo pronto, reitero, la profesora introduce una nueva falacia: ahora es el futuro el que determina no solo la moral de una acción, sino incluso la condición de «ser». Todos los que ahora podemos leer esto “en las primeras semanas (…) ya teníamos un estatus moral en virtud de nuestro futuro”. Hay en lo transcripto no solo un error moral sino primeramente metafísico. Para Harman es el «no ser» la causa eficiente del «ser»; el accidente la causa de la sustancia; y la «potencia» sería la causa eficiente del «acto». Es el futuro que «no es» quien daría el estatus de «ser o no ser». Para Harman, como a algunos niños el futuro les depara que morirán antes de nacer, luego, por tal razón, no es que dejarán de ser personas, si no que sencillamente nunca lo fueron. Ocurre que tampoco la especialista puede determinar qué futuro es el que condicionaría el estatus, pues todo lo que viene a «ser» tendrá un futuro por delante desde que «es». Como eso Harman no lo especifica, se seguiría que todos los que «somos», puesto que en un futuro dejaremos de ser personas por causa de la muerte, no tendríamos tampoco estatus moral, y, por ende, no deberíamos siquiera hablar de moral. No debería existir la moralidad de nuestras acciones. El futuro, esto es, un tema relativo a lo temporal -y, por ello mismo, una cuestión accidental-, es para la filósofa quien le daría forma o no forma a un ente sustancial. Algo así como si le dijera a usted que es el «tiempo presente» el que puede producir su casa, o que el «tiempo pasado» tiene la virtud de generar una Ferrari; también revela esto una lógica desequilibrada. Resumiendo, el tiempo en cuanto tal no es causa eficiente del ente. El ser humano es lo que es, no en virtud de un tiempo futuro, sino en virtud de la unión cuerpo y alma. Ante el ser humano, lo que pase en lo venidero será ya accidental, pero no es el tiempo (como si él fuera el productor) quien concede estatus moral de persona, por las razones apuntadas.

Si desde la biología y la genética quedó determinado que desde el momento de la concepción hay vida humana, es una inmensa falacia venir con una teoría futurista que desconozca esa realidad objetiva. Si la química probó que la pólvora se hace con azufre, no puedo desde la psicología aparecer diciendo que según una teoría mía eso no es así, pues ahora sólo será pólvora si aparece un acto humano de explosiva neurosis.

Por otra parte, de seguir la lógica de Harman, se está poniendo en un pie de igualdad el hecho de no tener un hijo esperando tenerlo en un futuro, y el hecho de haberlo tenido y más luego impedirle continuar una vida futura. Para ella, al fin y al cabo ambas situaciones son lo mismo, cuando en verdad hay una evidencia ante sus ojos que marca distinciones. En la teoría de la especialista se da un flagrante atentado al principio de no contradicción, y es que tenemos que «un ser es y no es al mismo tiempo y bajo el mismo aspecto», hasta tanto el futuro decide cara o seca.

Dado que la inmensa mayoría de las instituciones que se califican de universitarias venden «circo de payasadas» por «universidad seria», aconsejo tener mucho cuidado con el sofisma de autoridad. Alguien puede ser una eminencia en geografía, pero no haríamos bien en seguirlo si propusiera, invadiendo la química, que un sándwich de cianuro es muy saludable. Pero lo más peligroso se da cuando se nos presentan “eminencias” de alguna disciplina, respecto de la cual dan sobradas pruebas de que parecen ignorarla por completo. Es aquí donde le dirán desde la filosofía “moral” que liquide a un ser humano en gestación con tranquilidad, porque, en el nombre de una opinión “moral”, un «tiempo llamado futuro» tiene poder para retrotraer los hechos a lo que en un momento fue la nada misma.

Sólo desde el reino de la aniquilación del sentido común, puedo decirle a una madre que ve todas las partes destrozadas de su retoño: “Señora, no se preocupe, nunca existió su hijo”.

Fuente: https://www.facebook.com/tomas.gon.92/posts/354788744951875

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