Por Tomás I. González Pondal

Este escrito es una defensa más de los niños a quienes quieren arruinar.

Se ha dado a conocer en todo el mundo el caso de una “junta” que proclama la fluidez de género, de ahí que se denominen “fluidos”. Desde luego la denominación no es en relación a los líquidos, sustancias o lo que fuere que se inyectan para alcanzar transformaciones, sino en relación a lo que «sienten ser».

Según dicen los medios informativos sobre la unión de los «(in) fluidos», “dependiendo de su ánimo son hombre o mujer”. Para ser más precisos, no dependen del ánimo, sino que dependen de la pasión descarrilada, y, tras ella, subordinan el intelecto al que terminan por enceguecer. Igual, queda perfectamente entendido que el mensaje es “serás lo que quieras ser”. Resulta que Nikki nació mujer, “pero un día se siente hombre y otro mujer”. Saque sus propias deducciones respecto del abanico de opciones que ofrece un experimento llamado “género fluido”. Deje volar un poco su imaginación, déjela que fluya, y si de aquí a un tiempo aparece un medio de comunicación informando que un hombre explotó ayudado por su mujer, es probable que usted no yerre al pensar que se trató de una manga de fluidos que, dependiendo del “ánimo” del momento, se creían la pareja dinamita.

Además de Nikki, está la otra pieza del rompe cabezas, un tal Louise que nació hombre, pero como se cree mujer está en proceso de adaptación a su creencia. El pobre niño (hijo de la pareja más que camaleónica) llamado Star Cloud, según informan los medios “ve a Louise como su madre, aunque, ella es su padre biológico.” Una vez más rectifiquemos el lenguaje. No porque los medios le digan “ella”, no porque Louise se sienta “ella”, dejará de ser “él”.

Los informativos rescatan que “la pareja no quiere imponer un género a su hijo de cuatro años”. La mentira de siempre. En un artículo que publiqué tiempo atrás sobre una aberración similar ocurrida en Canadá, manifesté muchas cosas sobre ese engaño de pretender “no imponer”. Sencillamente el pequeño deberá crecer viendo una anormalidad revestida de mutación, pero claro… parece que eso no es imponer nada en absoluto. Ya lo sabemos: le imponen al infante que sexualmente “no sea por ahora nada”. Gran imposición, que consiste en someter al pequeño a tener que vivir viendo una deformación, a tener que padecer una confusión mental demoledora. Si un niño de cuatro años debe ver a don Luis transformado en doña Luisa, ¿qué nombre darle a eso sino el de imposición? ¿No es acaso imponer a la pobre criatura el tener que ver que un día un sujeto tiene la ocurrencia de ser mamá, al otro día papá, al otro día podría despertar y decir que es el abuelo Antonio, o la abuela Catalina, o el primo Martín o la Tía Filomena? Imagino la mente del confuso chiquito. Un día dice “buen día papá”, y obtiene por respuesta “no hijo, soy tu mamita Juana”. Y el niño mareado expresa: “Pero si ayer eras mi papá, ¿cómo ahora dice ser mamá?” Y el «(in) fluido» contesta: “eso fue ayer, hijo; te repito, ahora aquí está mamita Juana”.

Nikki y Louise afirman ser “una familia normal”, y también comentan: “somos lo que queremos ser”. La normalidad queda aquí sujeta a la nueva regla de “ser lo que se quiera ser”. Ahora uno no es normal por ser lo que «debe ser», sino que es normal por ser lo que «elija ser». En la nefasta prédica ideológica que vengo criticando, la normalidad queda definida por el antojo.

La unión denominada fluida agrega que están “educando a su hijo de cuatro años como una persona y no un niño.” ¿Qué les pasó en su infancia, que ahora no desean que el pequeño de cuatro años sea educado como un niño? ¿Por qué arruinan la niñez con tanta aberración? En el experimento consabido no hay educación sino deformación. Metiéndome de momento en su lógica “fluida”, pienso: si se autodenominan fluidos, ¿por qué le imponen a su hijo ser solo “persona”? Ya que desean que su hijo elija el día de mañana lo que quiera devenir, no parece coherente una educación que ya impone el ser persona y no niño. Pero… voy entendiendo. Prefieren decirle «persona», porque, en una de esas, avanzado el tiempo, el niño opte por convertirse en una «persona jurídica»: tal vez crea haber fluido y que se transformó en la empresa BMW. Mirado el tema desde otro ángulo: ¿Por qué lo califican de “persona”, si, conforme a su pensamiento, bien puede desear el chico ser un ser de otra especie? Es en la lógica natural donde se sabe sin necesidad de estudio alguno, que la persona humana pasa por etapas, siendo una de esas la de ser niño o niña según el sexo. Y como a un ser humano de cuatro años no se le puede llamar anciano – no hace falta dar explicaciones, ¿verdad?-, desde que la humanidad ha existido se los llama niños.

Lo extraño de esta gente “fluida” es que quieran ser fluidos deseando ser inamovibles. Si uno les pide que fluyan de la aberración hacia la normalidad, no querrán hacerlo, prefiriendo a toda costa quedar anclados en la situación contranatura, cifrada en una suerte de “ida y vuelta de lo que se es por naturaleza a lo que se llega por perversión”, situación a la que adhieren por considerarla muy buena. Desear fluir en el mal por estimarlo algo bueno, es sencillamente querer estancarse en él.

Me queda muy clara una verdad. Que estos llamados “fluidos” son, en verdad, unos influidos: les fue inyectada la ideología de género que los domina bestializándolos.

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Fuente: https://www.facebook.com/tomas.gon.92/posts/354387594991990

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