Esta semana, el requerimiento de inconstitucionalidad contra el proyecto de despenalización del aborto en tres causales, interpuesto por diputados de Chile Vamos, fue declarado admisible por el Tribunal Constitucional. Más allá de los cálculos políticos que apuntan a que la ley se concrete, será de gran interés seguir la reflexión que se haga en esta instancia, respecto a la defensa de un derecho primordial para toda persona: el derecho a la vida.

Sin duda que los escenarios que se abordan en este proyecto de ley son momentos sumamente dolorosos para una familia entera, y en especial para la mujer: el riesgo de vida de la madre, la inviabilidad del feto y la violación. El riesgo de vida y la inviabilidad fetal, envuelven la devastadora realidad de la posible o inminente pérdida de un hijo o hija soñados, y el embarazo por una violación, un trauma para toda la vida. Más allá de la discusión de este proyecto, estas situaciones deben ser consideradas en los programas de apoyo psicológico y de salud para todas las familias y, en especial, para los sectores más vulnerables, porque hasta ahora, la iniciativa legal y el Estado no se han pronunciado en esta materia.

Pero es también preocupante que la “solución” afecte a quien no tiene voz para defenderse: aquél a quien han negado sus derechos a pesar de su evidente existencia en el vientre materno. Téngase presente además que su derecho a la vida no solo se ve conculcado con la despenalización –más bien legalización- del aborto en tres causales; sino también con la falta de cobertura de salud respecto de eventos anteriores al nacimiento.

Ello implica no considerar al feto como un ser humano; acto discriminatorio, contrario a la biología y a las convenciones, que, lamentablemente, ha pasado a formar parte del lenguaje normal. En efecto, cuando el feto es un niño o niña deseado, se habla de ellos como “hijos”, pero en las situaciones más complejas y difíciles, como sucede con las tres causales, darle vida y humanidad al feto supera nuestra capacidad de aceptación y entrega. Y entonces la sociedad responde acomodando el discurso, buscando argumentos sin sustento biológico, para señalar que su vida no se inicia en la fecundación o que su inviabilidad no le hace ser poseedor de la categoría de persona.

Apelamos al Estado y a los legisladores para que atiendan a esa vida. Que no solo se piense en evitar el riesgo de vida de la madre, sino que se propenda también a la protección de la vida del que está por nacer, haciendo uso de los avances en salud, incluso respecto de aquel niño que padece un diagnóstico poco auspicioso, y de aquel niño fruto de un embarazo no deseado. Protección que se otorga sin aborto y con sistemas de salud, apoyo y acompañamiento eficientes, altamente profesionalizados, fortalecidos y renovados para familias, padres y menores.

Fuente: http://www.diarioconcepcion.cl/opinion/2017/08/18/ley-de-aborto-apoyo-a-la-vida-y-a-la-familia.html

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