Por Tomás I. González Pondal

Recuerdo que cuando Sócrates hacía su defensa ante quienes más luego lo condenarían injustamente, sostuvo que el “juez no asiste a los procesados para sacrificar la justicia al deseo de complacer”. Hoy tenemos magistrados que son capaces de sacrificar niños, porque antes, parece, han sacrificado lo evidente.

El hecho es el siguiente: “un adolescente de doce años ha recibido autorización de la Justicia brasileña para someterse a un tratamiento de ‘interrupción’ de la pubertad que facilite un futuro ‘cambio’ de sexo.” El padre ha pretendido impedir la aberración pero la madre lo apoyó. “El niño asegura que ‘es mujer’, viste como tal. Vive en el municipio de Uberlândia, una de las mayores ciudades del estado de Minas Gerais, en el sudeste de Brasil.” Dejando de momento el tema de la patria potestad, es inconcebible lo del magistrado. En vez de aprobar un tratamiento que encause lo descarrilado, admite un tratamiento que pretende concluir satisfactoriamente un desvío. Para ese juez lo justo no es un camino a lo recto, sino un tránsito hacia el antojo, como probaremos mejor en líneas venideras. Si el magistrado creyó que Uberlandia es un mundo de fantasía al estilo Disneylandia, valga recordar que ni en fantasía lo aberrante tiene aprobación.

“El juez Lourenço Migliorini Fonseca Ribeiro, que recibió y juzgó el pedido, dice en su decisión que no se puede concebir que el papá, de forma discriminatoria, impida o perjudique el tratamiento psicosocial indicado. Y advierte que se trata de una clara violación de la dignidad humana y del libre desarrollo de la salud mental del adolescente defendido por el Ministerio Público”. El tratamiento del que se hace referencia, es uno admitido por ciertos “profesionales” anhelantes de novedades y experimentos, a los que claramente les falla algo elemental: el sentido común. Es el magistrado Migliorini quien ha discriminado a lo justo y a lo verdadero; es él quien ha violado la dignidad humana, pues no le importó un bledo que la dignidad solo se da cuando se respeta las finalidades de los seres, y no hay ningún respeto en lo aprobado por él sino aberración. Si la dignidad se fundase en el capricho, las mafias serían agrupaciones admirablemente dignas. El señor Migliorini no tiene idea de lo que es la “salud mental”, ignorancia que se agrava cuanto más claro dice que se le presenta el atentado a la dignidad humana.

Presenta sumo interés lo que se da en el informe de los profesionales de la salud intervinientes. Si bien no nos dan fundamento de su postura, sí tenemos que: “El documento indicaba que el adolescente posee un cuadro clínico de ‘trastorno de identidad sexual’ y sugiere se le aplique un tratamiento para inhibir los cambios físicos propios de la adolescencia para, de esta forma, en cuatro años iniciar con una intervención para el ‘cambio” de sexo’.” El informe no dice mucho de la salud mental del niño, pero si dice demasiado de la salud mental de los mayores. Parece que el “trastorno de identidad sexual”, es el único problema que puede sufrir una persona y al que debe dársele rienda suelta. Profundizo: se reconoce al trastorno de identidad sexual como un trastorno, pero su cura, según los profesionales que apoyan la ideología, es apoyar que se continúe por la vía del trastorno. Su pensamiento permite inferir que si van a ver como bueno a lo que reconocen técnicamente como trastorno, mejor dejen de llamarlo así. Igualmente, espero que se pongan de acuerdo: ¿por qué a todos los trastornos los tratan -entre otras cosas, psicológicamente- para obtener una curación o mejoría, y, en cambio, en el caso del trastorno de identidad sexual, la mejoría estaría cifrada en ayudar a quien lo padece a que se trastorne más?

Crecimiento de casos de niños con problemas de identidad sexual en Reino Unido. BBC. 2009-2016

El vanguardista juez Mingliorini nos está diciendo que una ocurrencia desequilibrada es algo bueno, aun cuando se la ha reconocido como «trastorno». Nos está diciendo que la corrección que un progenitor ejerce sobre su hijo es algo que viola la dignidad humana, aún cuando tiene ante sus ojos un informe que habla de «trastorno». Nos está diciendo que trastornarse del todo es el remedio para lo que se consideró un «trastorno». Mingliorini no solo es un fenómeno de la injusticia, sino que -además y principalmente- es un fenómeno del atropello al sentido común.

El psiquiatra de fama mundial Paul Rodney McHugh, ha dicho que «no existe un gen gay». Afirmó también que un tratamiento médico de reasignación sexual para los jóvenes con problemas de identidad sexual, sería como «realizar liposucción en un niño anoréxico». Igualmente aseveró que «la cirugía transgénero no es la solución para las personas que sufren un desorden de ‘suposición’ – la noción de que su masculinidad o feminidad es diferente de lo que la naturaleza les ha asignado a ellos biológicamente». ¿Hace falta que les cuente por qué los ideólogos de género detestan a McHugh?

No hay que ser psiquiatra para entender que no me hará nada bien un tratamiento consistente en quitarme los pies y ponerme dos tablas con ruedas, aún cuando me consideré una doble patineta y un diagnóstico de ilustres y notables profesionales certifique que eso contribuirá a una salud mental prospera y loable.

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Fuente: https://www.facebook.com/tomas.gon.92/posts/352228255207924

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