Por Tomás I. González Pondal

Ayer por la tarde, leí una noticia que ha estado dando la vuelta al mundo. En el diario The Guardian un titular (1) decía: «Cuantos menos hijos, menos emisiones de carbono». Si hay formulaciones disparatadas, seguramente entre los primeros puestos debe estar la que acabo de referir. Hay relaciones realmente irrisorias. Si uno no come durante dos días, desde luego comenzará a darse una disminución de la masa corporal; y si alguien choca el auto de otro, es casi seguro que habrá un altercado. Pero, créanme que si una persona alguna vez se lanza en paracaídas, su hijo no nacerá con vocación de piloto de guerra. Ni les miento cuando afirmo que si alguien tiene un lavadero de autos, si llega a tener un hijo, no tiene porqué salirle bañero.

Si tenemos cien hombres inteligentes dentro de un galpón, no sólo conservarán el lugar, sino que, es casi seguro, harán de él algo maravilloso. Deje usted un solo imbécil en un campo de diez mil hectáreas, y es muy probable que le haga un incendio forestal. No es una cuestión numérica, es una cuestión de mentalidad buena. No son cinco millones de niños los que implican una amenaza para la capa de ozono: ellos sólo jugarán alegremente bajo los salubres rayos solares; es la malicia de seis delirantes que se la pasan lanzando bombas terribles, los que en verdad deterioran el orbe. No son cinco millones de pequeños los que ponen en peligro el planeta: ellos están contentos saboreando una tostada con miel; es una patota de egoístas que por querer enriquecerse salvajemente no temen contaminar el ambiente. El problema no son los menores, son los mayores. No son los menores los que levantarán una fábrica que contaminará las aguas cercanas; un menor solo levantará un castillo de arena para dicha de su espíritu. Por eso la siguiente relación sí que es plenamente proporcional: cuantos menos estúpidos, más oxígeno.

Continúa The Guardian diciéndonos que un “nuevo estudio (2) revela que una disminución en la población es esencial para luchar contra el cambio climático”. No solo no logran calibrar el juicio para ver la realidad en sus verdaderas causas, sino que redoblan su apuesta indicándonos que es “esencial” disminuir la población para evitar climas dañinos. Algo así como si algún día nos enteramos que un juez realizó una sentencia en donde se condena a quince años de prisión a un hombre que nacerá dentro de cincuenta años, y eso por el robo efectuado en un banco y que fuera perpetrado hace tres años atrás. En otras palabras, tenemos ahora que los culpables de los males ambientales son seres que aún no han dicho “mamá” o “papá” (sencillamente porque no han nacido), siendo que los perjuicios climáticos son producidos por ciertos desquiciados que ya hace un tiempo considerable han querido jugarle -primera y principalmente- una pulseada a Dios, y, por eso mismo, se han creído muy libres de hacer con la naturaleza lo que les venga en ganas. De modo que lo esencial sería que desaparezcan las mentalidades aprobatorias de lo que aquí se critica.

Causa gracia que hasta el dibujo de la noticia es una broma pesada. Pero no está en vano. Son numerosísimos los perversos de la prensa que manejan muy bien la sofística. Para apoyar la estupidez de que «cuantos menos hijos, menos emisiones de carbono», le presentan un simpático dibujo en el que se ve un infante conduciendo un auto. La relación de culpa queda así armada, y la mente de algún desprevenido relacionará: “auto, niño y monóxido de carbono”. Conclusión: el chiquito es el culpable.

Quien armó el artículo que venimos tratando, un tal Damián Carrington, haciendo gala de haber entendido muy bien la nueva revelación, viene a afirmar lo siguiente: “El mayor impacto que podemos tener individualmente en la lucha contra el cambio climático es tener un hijo menos, según un nuevo estudio”. Puedo comprender lo que significa “no tener un hijo más”, pero no imagino como “es tener un hijo menos”. Si usted “tiene”, suma. Hay algo encubierto en la frase, y es esto: se le está diciendo que cuando usted tenga un hijo más (suma), hágalo desaparecer, o sea, abórtelo (resta). Eso es precisamente lo que significa “tener un hijo menos”. ¿Quiere el mismo mensaje sin filtros? La feminista Gloria Steinem, sostuvo que “la causa fundamental del cambio climático es que las mujeres no abortan lo suficiente”. Por otra parte, afirmó que “si hubiera más abortos, mejoraría la calidad de vida en el planeta”. El planeta no mejora con un aumento de asesinatos. Quien es capaz de asesinar a un indefenso ser humano en gestación, no veo cuánto en verdad le puede interesar el planeta. ¡Qué llamativo: son las mentalidades defensoras de asesinatos quienes más se dedican a la destrucción planetaria!

El chiste de The Guardian continúa de la siguiente manera. Luego de haberle dicho cuál es la principal medida a tomar contra el cambio climático (la matanza de futuros hijos), agrega: “Las siguientes medidas que uno puede tomar son vender el auto, no realizar vuelos largos en avión y seguir una dieta vegetariana”. Quédese tranquilo: no será usted el que contamine, será aquél a quien le venda su auto. Haga muchos vuelos cortos porque ellos no contaminan; al cielo le molestan solo los vuelos largos. Y, por sobre esas cosas, coma mucho vegetal, total deben estar por salir los nuevos manuales de biología alterada, en donde se enseñe que son las vacas quienes harán de ahora en más la fotosíntesis.

Y aquí otra gran perversión disimulada: “Según el mismo informe, las medidas más efectivas rara vez son mencionadas en los consejos de los gobiernos o en los textos escolares”. Más claro: “las medidas más efectivas, a saber, que se liquide a los futuros niños para regular así la población mundial, es algo sobre lo que no están insistiendo debidamente ni las naciones ni las escuelas, por tanto, por favor… pónganle ganas muchachos, y empiecen a aturdir las mentes con nuestro deseo”.

Una de las investigadoras y realizadores del estudio, Kimberly Nicholas, expresa: “Nuestra tarea como científicos es informar estos datos con honestidad. Así como el médico sabe que su paciente enfermo no quiere escuchar que tiene que dejar de fumar, nosotros nos vemos obligados a enfrentar el hecho de que los niveles actuales de emisión de gases son de verdad muy nocivos para el planeta y para la humanidad”. Entonces, señorita Nicholas, sea honesta: si son los niveles actuales de emisión de gases los nocivos, elimine las emisiones de sustancias tóxicas, pero no concluya que lo que ha de eliminarse son los futuros niños.

Como si fuera poco, Nicholas aclara que el “mensaje no es que debemos sacrificarnos”, sino que se “trata de encontrar la manera de vivir bien preservando una buena atmósfera en el planeta”. Es superflua la acotación de la “investigadora”; sabemos bien que no buscan sacrifichttp://conapfam.pe/wp-admin/post-new.phparse; sabemos que buscan el confort total. Nos queda claro que los que deben sacrificarse son otros: los hijos por venir.

Recalca Carrington que “nadie habló nunca de tener un hijo menos”. Tenemos dos opciones: o Carrington vivió en una burbuja, o es un gran actor. En lo personal, me inclino por esta última. ¿Cómo decir que nadie habló nunca de tener un hijo menos, si el aborto es moneda corriente en muchísimos países? ¿Cuánto de veraz hay en el hecho de que toda esta noticia se trata de una investigación reciente, si con palabras más crudas la feminista Steinem dijo lo mismo en mayo de este año? Bien. Seamos benévolos con Carrington, y ayudémosle a recordar un poco la historia de esta patraña llamada “novedad”. En 1803 se publicó el «Ensayo sobre el principio de la población», de Thomas Malthus. En esa obra ya se proponía el llamado “control de la natalidad”. El experimento insensato sigue, nada más que ahora, para darle una mayor intensidad, se intenta revestirlo de algo “extraordinariamente horroroso”, como es el hecho de que debemos temer por los niños malditos que vendrán de aquí a un tiempo, con la intención fija de aumentar el monóxido de carbono, cosa que tal vez impida a Obama ver las fotos de las bombas que lanzó, y a Hillary Clinton encontrar en su escritorio los proyectos abortistas que ideó.

Cuando el sentido común desaparece de la base de cualquier ciencia, simplemente quedamos en presencia de la charlatanería. No nos dejemos embaucar. El punto principal no es la contaminación ambiental, cambio climático, o como quiera llamárselo. Mientras siga aumentando la contaminación de espíritus por postulados perversos, todo irá de mal en peor, por más que algunos logren, si pudieran, bañarse con té antioxidante procedente de China.

Puede leer el mencionado artículo a continuación:

 

NOTAS

(01) Diferentes medios del mundo han replicado la noticia:

(2) El Estudio puede leerse aquí: http://iopscience.iop.org/article/10.1088/1748-9326/aa7541#erlaa7541s2

Fuente: https://www.facebook.com/tomas.gon.92/posts/349652672132149

Noticias Recientes

Buscar noticias dentro de conapfam.pe