La agenda LGTB ha llegado hasta la letra “E” de Europa, después de extender sus tentáculos por EEUU, Canadá y varios países más de América.

A priori no lo tiene fácil ya que muchos se oponen o sólo aceptan uniones civiles de parejas del mismo sexo, pero sin llamarlo matrimonio. Es el caso de Italia o de Alemania.

El “gaymonio” está legalizado en 12 países (Holanda, Bélgica, Luxemburgo, España, Portugal, Suecia, Noruega, Islandia, Finlandia, Francia, Dinamarca y Reino Unido).

Pero la presión internacional, a través de Naciones Unidas, y el peso de los lobbies lgtb a favor de la legalización es cada vez más fuerte y ahora tratan de extender el “gaymonio” a los países más reacios: singularmente los del Este, como Hungría, Polonia, Eslovenia o Chequia.

En este sentido, resulta significativo que otra antigua ex república soviética, el diminuto país de Estonia (1’3 millones de habitantes) pretenda ahora convertirse en abanderado de esta moda cultural.

Al asumir  la presidencia rotativa de seis meses del Consejo de la Unión Europea (desde el 1 de julio), quiere promover las “familias” del mismo sexo, a pesar de que no existe base legal para tales iniciativas.

Y a pesar de que el Tribunal de Derechos Humanos de Estrasburgo dejó bien claro que el matrimonio homosexual no es un derecho fundamental, a diferencia del matrimonio entre varón y mujer.

Pero Estonia va a debatirlo en una mini-cumbre de ministros de Empleo, Familia e Igualdad de Género, entre los días 19 y 20 de julio en Tallin. Además de hablar de cómo deben participar los hombres en las tareas del hogar, la cumbre abordará los nuevos tipos de familia o familias alternativas.

Se invitará a los ministros a discutir “qué grupos de empleados, además de los padres, deben tener flexibilidad adicional en el trabajo y la vida para cumplir con sus obligaciones como cuidadores y cómo el sistema de permisos y beneficios parentales Corresponden a la diversidad de modelos familiares “.

En lo que podríamos llamar la neolengua de los LGTB (por usar el término de la novela 1984 de Orwell), tal cosa significa que los homosexuales deben recibir una licencia especial del trabajo para pasar tiempo con sus parejas del mismo sexo.

Estonia fue la primera ex república soviética que legalizó uniones homosexuales. Lo hizo en 2014, en una votación del Parlamento que otorgaba a las uniones civiles homosexuales prácticamente los mismos derechos que los mismos derechos que el matrimonio entre hombre y mujer.

Eso sí, no da derecho a la adopción, pero permite que uno de los dos adopte al hijo biológico del otro.

El país báltico ha usado su apuesta por el “gaymonio” como un seña de identidad cultural frente a su antiguo y odiado invasor, Rusia, que bajo el mandato de Putin es decididaamente anti-LGTB y profamilia.

La mayor parte de los gobernantes de Europa occidental tienen una postura favorable al matrimonio homosexual. Y sólo algunos de Europa oriental son defensores sin complejos de la familia de toda la vida, como es el caso del primer ministro húngaro Viktor Orban, o su homólogo polaca, Beata Szylo.

Ana Brnabic
Ana Brnabic

Incluso dos de los “premiers”de la UE son abiertamente gays: el luxemburgués Xavier Bettel –casado  con otro hombre- y el de Irlanda, Leo Varadkar.

Y Serbia que aspira a entrar en la Unión, tiene a una lesbiana como primera ministra, Ana Brnabic.

Fuente: https://www.actuall.com/criterio/familia/el-lobby-lgtb-abre-otro-frente-en-la-union-europea-estonia-quiere-promover-el-gaymonio/

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