Recuerdo aquel día como si fuera ayer. Ya teníamos dos niños, el primero de tres años y el segundo sólo de uno. Al conocer que esperábamos nuestro tercer bebé nos sentimos muy felices.

Realmente llegaba más pronto de lo esperado, pero era un auténtico y celebrado regalo. No podíamos esperar a conocer su sexo. Cuando llegó el momento de la ecografía, el doctor nos dijo con alegría: “¡Es otro niño!” ¡Estábamos tan emocionados!

Las siguientes semanas fueron muy emocionantes. “¡Guau, estamos esperando otro niño!” “¿Seré un buen padre?” “¿Lamentará alguna vez su mamá no haber tenido una niña?”.

La respuesta de mi esposa siempre fue: “Es agradable ser la única reina entre mis hombres”.

A las 21 semanas de embarazo, llegó la hora del gran ultrasonido. Ese en el que los médicos miden los brazos, las piernas, el pliegue nucal detrás del cuello. En esencia, en el  que  los doctores analizan minuciosamente cada pequeña parte del emocionante conjunto de alegría que crece rápidamente dentro de la mamá.

Incluso decidimos que viniera mi madre. Ella nunca asistió a ninguna de las ecografías realizadas a nuestros otros dos hijos. Sería divertido, e incluso podríamos obtener una foto 3-D.

Tuvimos la última cita el viernes, en un hospital principal de la zona. También contamos con el director del Programa de Medicina Maternofetal. Guau, ¡qué suerte tuvimos! ¡Logramos el premio gordo! ¡Lo mejor de lo mejor!

Mi padre se quedó con nuestros dos chicos mayores, mientras mi esposa, mi madre y yo acudíamos a la cita. Hablamos de nombres y soñamos con una vida con tres chicos. También nos emocionó que la fecha para el nacimiento fuera en junio, antes de que hiciera demasiado calor. ¿Llevaríamos quizá al bebé a la playa en verano? Tanta esperanza. Tanta emoción. Tanta expectativa. Tantos sueños…

Paseamos un poco antes de la cita de las 4:30 pm. Los tres saltamos a la sala de ultrasonido. Literalmente, ¡no podíamos aguantarnos las ganas de ver otra vez al nuevo bebé!

Engrasaron el vientre de Karin y la técnico permaneció en silencio… mirando la pantalla. Sin decir nada.

Mi madre, nerviosa, me miró susurrando: “¿Por qué está tranquila?”

Percibiendo que no era normal, me fui poniendo cada vez más nervioso a medida que transcurrían los minutos. Mi esposa también estaba pálida. El silencio era ensordecedor.

Finalmente hablamos y preguntamos: “¿Cómo le ve?” Fríamente, la técnico respondió: “Algo no está bien. Necesito ver al médico”.

El doctor entró después de que escucháramos unos susurros en el pasillo. El médico miró a su alrededor y dijo: “Este bebé tiene un corazón anormal. Carece de una cuarta cavidad. La válvula aórtica no está formada, la sangre del corazón no está fluyendo en la dirección correcta. Pasen a mi consulta”.

¿Que qué?

En silencio, mi esposa, mi mamá y yo caminamos hacia su despacho. Al segundo de sentarnos, el médico nos espetó seca y fríamente: “Este bebé morirá al nacer, no tiene un corazón apropiado. Tiene que abortar. Mi consulta puede darles cita para la próxima semana”.

Respondimos: “Pero usted puede estar equivocado, ¿verdad?”

El doctor contestó: “Siempre tengo razón. Llevo haciendo esto mucho tiempo y sé lo que veo y lo que no veo. Este caso es obvio”. Luego salió de la habitación. Estábamos en un estado de shock total.

Cuando llegamos al ascensor, mi esposa rompió a llorar. Mi madre parecía haber visto un fantasma. Y yo ni siquiera podía hablar. Condujimos hasta casa en silencio.

Cuando llegamos a casa, después de una sesión de terapia familiar, llamamos a nuestro obstreta. Nos dijo que nos tranquilizáramos. También se dio cuenta de que éramos creyentes y baptistas y continuó disculpándose por la franqueza del doctor, aludiendo a que muchos médicos actúan como meros clínicos. Nos recomendó visitar a otro especialista y acudir al CHOP (Hospital de Niños de Filadelfia), y envió el informe de este médico antes de la cita.

Por desgracia, ese lunes era festivo. Así que durante cinco días vivimos sabiendo que nuestro bebé moriría. Todo el fin de semana nos sentimos egoístas por haber deseado tener un tercer hijo. Fue horrible.

Llegó el martes. Mamá y papá se quedaron cuidando a los dos chicos. Mi esposa y yo realizamos el trayecto de dos horas a Filadelfia. Ni siquiera hablamos.

Fuimos a nuestra cita en el CHOP. Fueron tan humanos, tan tranquilizadores… La doctora efectuó el ultrasonido en completo silencio. Guau, nos conocíamos esto muy bien. Ni siquiera nos molestamos en hacerle preguntas. Examinó al bebé que crecía dentro de mi esposa. Después de exactamente 45 minutos, ella habló.

“Este bebé está totalmente sano. Está perfecto. No veo nada de lo que vio el otro médico. Su corazón está sano. Él está sano”. Sollozamos sin control. ¿Cómo era posible? ¿Qué hubiera pasado si  hubiéramos decidido atender a lo que nos dijo primer médico?

Dieciséis semanas después nació Mateo. Más regordete y fuerte incluso que los dos primeros.  Para ese doctor tan extra-seguro, ¡oh, tan tajante!, carecemos de palabras.

Feliz séptimo cumpleaños, Matthew Dean. Has sido admirable y maravillosamente creado.

Fuente: https://www.actuall.com/criterio/vida/mathew-tenia-que-ser-abortado-asi-lo-decreto-el-medico-pero-una-segunda-opinion-le-salvo-la-vida/

Noticias Recientes

Buscar noticias dentro de conapfam.pe