Chile ha despertado. El despertador de los padres chilenos ante la intromisión del estado en la educación de sus hijos ha sido, en buena medida, el #BusdeLaLibertad. Parte de la ciudadanía chilena no era consciente de que el pasado mes de abril la Superintendencia de Educación y el Ministerio de Educación, llamado Mineduc, presentaron a todos los “sostenedores, directores y directoras de establecimientos educacionales del país”, de todo tipo de colegios, una ‘Circular de Derechos de niñas, niños y jóvenes trans en el ámbito de la educación’ en cuyo obligado cumplimiento desde Parvulario deben guiarse por las Orientaciones para la Inclusión de Personas lesbianas, gays, bisexuales, trans e intersex.

Esta guía habla de “modelos hegemónicos de familia y pareja” y propone actividades para niños desde párvulos al final de su etapa educacional para la “deconstrucción de estos modelos en pos de la convivencia en diversidad”.

De aquí me quedo con “en pos de la convivencia en la diversidad”. ¡Miren ustedes qué bueno! Yo aplaudo, como no podía ser de otra manera, que a mis hijos se les instruya en la igualdad entre hombres y mujeres.

Lo que no admito es que para ello haya que deconstruir, deshacer, los modelos hegemónicos -por mayoritarios- de familia y de pareja, no consiento que a mis hijos se les adoctrine en ideología de género.

No soy chilena; soy española. En España, y en otras muchas partes del mundo, está ocurriendo precisamente esto: envuelto en un bonito papel de tolerancia y antitransfobia, los estados están asumiendo el rol educador de nuestros hijos inculcando el derecho constitucional que tenemos todos los progenitores a educar a nuestros pequeños en nuestros valores y lo que es peor, el derecho de los menores a no ser educados en ideologías.

Esto que nos quieren imponer en muchos ámbitos de la vida, no sólo en el educacional, es una ideología. En la sociedad mundial se está implantando la ideología de género y la mejor manera para que cale y permanezca es a través de la educación, adoctrinando a los menores desde la más tierna infancia.

Alabo que los niños se formen en el respeto con independencia de sus deseos, pensamientos, afectos, fantasías o inclinaciones sexuales. Pero no consiento que para ello no se llame a las cosas por su nombre: el sexo es biológico; no hablemos de género; hablemos de eso, de deseos, pensamientos, afectos, fantasías, inclinaciones o identificaciones sexuales.

No confundamos el género con la orientación o identificación sexual o el deseo sexual. No admito que se modele a los niños desde Párvulos diciéndoles que prueben a su antojo. No admito y exijo que mis hijos sean formados en su colegio contra mis convicciones. Me ampara la Constitución. Pero es que, además, estas convicciones no entran en conflicto con los principios que sostienen quienes defienden la ideología de género.

Y esto que estoy escribiendo aquí ha sido lo que han pensado muchos chilenos estos días a raíz de la presencia en el país del #BusdeLaLibertad. A los ciudadanos de este país les ampara el artículo 19.10 de la Constitución: “Los padres tienen el derecho preferente y el deber de educar a sus hijos. Corresponderá al Estado otorgar especial protección al ejercicio de este derecho”.

El autobús naranja, fletado por la plataforma CitizenGO -de la que soy miembro-, en colaboración con el Observatorio Legislativo Cristiano y Padres Objetores de Chile, llegó al país andino para denunciar que el Gobierno de la socialista Bachelet no cumple ni hace cumplir el 19.10 de la carta magna.

La presidenta está violando el derecho de los niños a una educación libre de ideología y el derecho de los padres a educar a sus hijos conforme a sus principios y valores y la campaña, con el lema ‘Con mis hijos no se metan’, llegaba a esta parte del mundo con la intención de denunciar todas las políticas e iniciativas que se tramitan actualmente en el país.

La portavoz del Ejecutivo chileno envolvió la polémica con el papel que les explicaba antes: diciendo que fomenta el odio y la discriminación. Y con ello lo que hizo es exasperar a los colectivos LGTBI del país para que salieran a la caza y captura del #BusdeLaLibertad, amparados por unos Carabineros mandados en última instancia por la propia Bachelet, que han retenido el vehículo en numerosas ocasiones, que han forzado ‘encuentros’ entre éste y el bus azul de la Diversidad para avivar el enfrentamiento, que han impedido el protagonismo del bus naranja de CitizenGO ante los medios de comunicación en La Moneda y en el Congreso Nacional, mientras el azul circulaba libremente.

¿Es que no hay derecho de circulación y de libertad de expresión en Chile? Sí lo hay, pero convive con unas fuerzas de seguridad de carácter militar muy acomplejadas.

Pero ha quedado muy claro ante la opinión pública que los que precisamente se hacen llamar a sí mismos tolerantes, los miembros de los colectivos LGTBI, usan piedras en vez de la palabra, no desean dialogar. Estos días han mostrado a la sociedad chilena su cara más violenta, totalitaria e intransigente.

Y no sólo eso. Lo que logró, además, es cargar de razón a las instituciones que representan a todos los chilenos que, sin reparar en este pequeño detalle, se han arrogado el derecho de colgar banderas LGTBI en los edificios públicos, tal y como ocurrió el martes en la comuna de Recoleta y el miércoles en el Congreso Nacional en Valparaíso. ¿Inédito? Vean.

Pero les ha salido el tiro por la culata porque el balance de la campaña del #BusdeLaLibertad se lo hago yo ahora mismo que he vivido los cuatro días de recorrido del mismo en primera persona: ha sido un gran éxito.

Y valgan como ejemplos estos tres datos que refrendan lo que digo:

  1. La sociedad chilena apoya mayoritariamente la iniciativa del vehículo naranja: la mayor parte de las encuestas realizadas por los medios de comunicación apoyan el #BusDelaLibertad con registros de entre el 61 y el 83 por ciento.
  2. También silenciosamente, como en el punto anterior, la campaña ha movilizado activamente a miles de personas que han firmado en contra de las disposiciones de su presidenta.
  3. Y por último, activamente, miles de personas han salido a las calles y nos han acompañado en La Moneda y en el Congreso.

La presidenta Bachelet pretende ser parte de la historia de Chile siguiendo el ejemplo de la obra instaurada por Zapatero en España. Lo quiere hacer con nocturnidad y alevosía. Pretende en cuatro meses salir de la política habiendo logrado dejar instaurada su obra de ingeniería social a imagen y semejanza de la de ZP (y para ello ha contado con la inestimable ayuda de Bibiana Aído, su consejera desde 2011 en ONU Mujeres).

Pero el #BusDelaLibertad le ha plantado cara, el #BusDelaLibertad ha dejado en esta primera fase de andadura el debate sobre la mesa, el #BusDelaLibertad ha incitado a los padres a rebelarse contra el adoctrinamiento del estado sobre sus hijos y el #BusDelaLibertad regresará a Chile si hace falta que suene de nuevo el despertador. Hoy, la sociedad chilena no sólo se ha despertado, sino que se está levantando.

PD: Quiero agradecer a todos los miembros de Padres Objetores y del Observatorio Legislativo Cristiano que hayan hecho posible esta realidad. Quiero dar las gracias a los portavoces Francisco Fritis y Marcela Aranda. Sin vosotros y vuestros magníficos equipos no hubiera sido posible.

Gracias a todos los que habéis formado parte de este proyecto.

Finalmente, quiero hacer un llamamiento a los medios de comunicación y a los políticos para que no sucumban ante la ideología de género. ¡Suerte Chile!

Fuente: https://www.actuall.com/criterio/familia/despertar-la-sociedad-chilena-ante-la-ideologia-genero-se-llama-busdelalibertad/

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