Boudewijn Chabot es el psiquiatra neerlandés que ayudó al suicidio de una mujer profundamente deprimida que deseaba morir después del fallecimiento de sus dos hijos. Lo único que quería hacer era enterrarse con ellos. Chabot se reunió con ella cuatro veces durante varias semanas — nunca realizó un verdadero tratamiento — y luego le suministró pastillas venenosas, que ella tomó. Y él la vio morir.

Eso llevó a un «proceso». Pongo la palabra entrecomillada porque, como me dijo el abogado de Chabot en una entrevista para mi libro Forced Exit [Salida Forzosa], nunca hubo intención alguna de encarcelar a Chabot, ni, de hecho, de sancionarlo de ninguna manera. Más bien, el propósito era establecer un precedente para permitir que un sufrimiento psicológico profundo justificara la eutanasia.

La táctica funcionó. El Tribunal Supremo dictaminó, en esencia, que el sufrimiento es sufrimiento — sea físico o emocional — es lo que justifica el suicidio asistido o eutanasia, no la enfermedad en sí. Veinte años después, los psiquiatras holandeses aplican la eutanasia a pacientes con enfermedades mentales, cuyos órganos pueden ser recolectados voluntariamente después de la muerte.

Ahora, Chabot se siente acosado por su conciencia. Observa que los grupos de eutanasia han reclutado a psiquiatras para matar. Cito de su artículo, «Preocupante cambio cultural en el contexto de muerte autodeterminada»:

Sin una relación terapéutica [que él realmente no tenía, por cierto], con mucho la mayoría de los psiquiatras no puede determinar de manera fiable si un deseo de muerte es un deseo serio y duradero. Incluso dentro de una relación terapéutica, sigue siendo difícil. ¿Pero un psiquiatra del consultorio puede hacerlo sin una relación terapéutica, con menos de diez conversaciones «en profundidad»?

¡Hombre, tú abriste esta puerta: Reconócelo! Luego prosigue:

En 2016, hubo tres informes de eutanasia aplicada a personas con una demencia profunda que no podían confirmar su deseo de morir. Una de las tres intervenciones fue identificada como realizada sin el debido cuidado; la solicitud anticipada que la paciente había dejado se podía interpretar de diferentes maneras. La ejecución también se realizó sin el debido cuidado; el doctor primero había puesto un sedante en su café. Cuando la paciente estaba acostada adormilada en su cama y estaba a punto de recibir una dosis alta, se levantó con miedo en los ojos, y tuvo que ser retenida por los miembros de su familia. El médico afirmó que ella había seguido el procedimiento muy conscientemente.

Chabot observa los restos del naufragio social y moral que ayudó a producir, y se pregunta:

¿Dónde descarriló la ley de eutanasia? La práctica de la eutanasia se está desenfrenando porque los requisitos legales que los médicos pueden aplicar de manera razonable en el contexto de personas físicamente enfermas se están declarando igualmente aplicables y sin limitación en el contexto de pacientes vulnerables con enfermedades neurológicas incurables.

En psiquiatría desapareció una limitación esencial cuando ya dejó de exigirse la existencia de una relación de tratamiento. En el caso de la demencia, tal restricción desapareció haciendo que la solicitud escrita por adelantado fuera equivalente a una solicitud oral real.

Y por último, realmente descarriló del todo cuando el comité de revisión ocultó que personas incapacitadas estaban siendo asesinadas subrepticiamente.

¡Por favor! ¡Todo esto era tan previsible! De hecho, así lo predije.

La concienciación dirigida a la eutanasia cambia los esquemas mentales. Altera la moralidad social. Distorsiona nuestra visión de la importancia de las vidas vulnerables. Lleva al abandono y a diversas formas de coerción sutil y descarada. Con el tiempo, no se puede controlar.

Fuente: http://sedin-notas.blogspot.pe/2017/07/el-guru-en-eutanasia-de-los-paises.html

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