No parece que haya que ser un científico para compartir unos argumentos de puro sentido común:

Lo que sabe cualquier padre
-“Los niños no son completamente capaces de comprender lo que significa ser hombre o ser mujer“;

-“Parece difícil esperar que un niño de 12 años comprenda los efectos de estas complejas intervenciones médicas, así como las ‘consecuencias sociales de la reasignación de sexo’, cuando se trata de materias que los mismos médicos y científicos apenas comprenden”;

-“Con frecuencia escuchamos a los neurocientíficos decir que el cerebro adolescente es demasiado inmaduro para tomar decisiones fiablemente racionales, pero se supone que tenemos que esperar que adolescentes emocionalmente alterados tomen decisiones sobre su identidad de género y sobre tratamientos médicos muy serios a la edad de 12 años o menos“.

Tres expertos de primer nivel
Hablamos, por supuesto, de la llamada disforia de género y los tratamientos de reasignación de sexo mediante supresión hormonal o intervenciones quirúrgicas, un tema actualmente estrella para el lobby LGTBI que analizan tres científicos de primer nivel expertos en la materia en un reciente artículo publicado en The New Atlantis: “Growing Pains. Problems with Puberty Suppression in Treating Gender Dysphoria [Dolores crecientes. Problemas con la supresión de la pubertad en el tratamiento de la disforia de género]”.

Se trata de tres médicos: Paul W. Hruz, pediatra y profesor de Endocrinología y Fisiología en la Facultad de Medicina de la Universidad de Washington en St. Louis; Lawrence S. Mayer, psiquiatra en la Facultad de Medicina del hospital Johns Hopkins y de informática biomédica en la Clínica Mayo; y Paul R. McHugh, que fue durante 26 años jefe del departamento de Psiquiatría del Hospital Johns Hopkins, donde primero empezaron a hacerse operaciones de cambio de sexo y donde primero dejaron de hacerse porque solo aportaban problemas a los pacientes y ninguna mejora en su situación psíquica.

Alerta: se trata de niños, el impacto es importante, la ignorancia mucha
El punto de partida de los tres doctores es muy sencillo:

-“Los jóvenes con disforia de género constituyen una población particularmente vulnerable“.

Lactatia es el nombre artístico de este niño de 8 años que se ha convertido en ‘mascota’ y símbolo del mundo LGTBI en Montreal (Canadá). “Si quieres ser una drag queen y a tus padres no les gusta, necesitas nuevos padres”, dice el pequeño, a quien vemos contonearse y desfilar ante masas de adultos. Él no necesita nuevos padres, porque son ellos mismos quienes le animan.

-“Modificar el desarrollo biológicamente normal de niños de 12 años para tratar un trastorno psíquico es un paso muy serio“.

-“Que el bloqueo de la pubertad sea la mejor forma de tratar la disforia de género en los niños está muy lejos de estar asentado y no debería considerarse una opción prudente con eficacia demostrada, sino una medida drástica que está en fase experimental“.

Todo lo que no sabemos
Cuando se trata de los mecanismos de identificación sexual, sobre todo en menores, lo que no saben los médicos es mucho más que lo que saben:

-“Es sorprendentemente pequeña la comprensión científica de cuestiones importantes subyacentes a los debates sobre la identidad de género: por ejemplo, hay muy poca evidencia científica que explique por qué algunas personas se identifican con el sexo opuesto, o por qué las expresiones infantiles del sexo contrario persisten en unos individuos y no en otros”.

-“La pubertad implica infinidad de procesos físicos complejos, relacionados entre sí y superpuestos unos con otros, que tienen lugar en momentos diversos y tienen duraciones diversas”.

-“La evidencia sobre la seguridad y la eficacia de la supresión de la pubertad es escasa, y se basa más en el juicio subjetivo de los clínicos que en una rigurosa evidencia empírica”.

Tres hechos anómalos
Enturbiando lo que debería ser un problema a resolver científicamente y sin presiones ideológicas, los médicos que tienen ante sí a un niño con un potencial trastorno de identificación sexual se encuentran con una situación envenenada:

Primera anomalía: la campaña mediática del lobby LGTBI, su aceptación acrítica por las administraciones y la labor de adoctrinamiento en ideología de género en las escuelas ha disparado brutalmente la cifra de niños que acuden a consulta por disforia de género. Por citar solo algunos datos de entre los que incluye el artículo:

a) Reino Unido (niños menores de 18 años): de 94 casos en 2009/2010 a 1986 en 2016/2017, un aumento del 2000%.

b) Reino Unido (niños menores de 6 años): de 6 casos en 2009/2010 a 32 en 2016/2017, un aumento del 430%.

c) Boston: entre 1998 y 2006, 4,5 pacientes anuales; entre 2007 y 2009, 19 pacientes anuales, un acumento del 322%.

d) Indianápolis: de los 38 pacientes registrados entre 2002 y 2015, el 74% llegaron en los últimos tres años.

Segunda anomalía: la terapia denominada “afirmativa” (cuando “el terapeuta acepta, en vez de desafiar, la autocomprensión del paciente como perteneciente al sexo opuesto”, y aplica como medida estándar la supresión hormonal) es difundida y defendida por asociaciones de “derechos humanos” como si se tratase de una cuestión ideológica y no de una cuestión médica, y han arrastrado a algunas asociaciones pediátricas a pesar de que la FDA norteamericana (Food and Drug Administration, referencia mundial en la calificación de medicamentos) no ha aprobado esos tratamientos (en concreto la GnRH, hormona liberadora de gonadotropina) para la disforia de género. “La falta de aprobación de la FDA significa que las compañías farmacéuticas que venden los fármacos no pueden publicitarlos para tratamiento de la disforia de género”, lo cual refleja, explican Hruz, Mayer y McHugh, “que no se ha demostrado en ensayos clínicos que su uso sea seguro y eficaz“;

Tercera anomalía: las campañas a favor de una terapia “afirmativa” piden “pruebas de solidaridad” del facultativo hacia las “angustias” del paciente. Pero, como señalan los autores del estudio en The New Atlantis, “aunque es importante que los médicos establezcan una relación de confianza con sus pacientes, ofrecerles una ‘prueba de solidaridad’ accediendo a sus deseos, independientemente de que sus deseos coincidan con su mejor interés médico, está lejos de la tradición hipocrática y renuncia a la responsabilidad del médico de tratar a sus pacientes sin otra cosa en mente que su beneficio último”.


La portada de enero de este año de National Geographic suscitó la reacción de numerosos pediatras, alertando del daño que se hace a los pequeños con disforia de género alentando un problema que en la mayor parte de los casos remitiría espontáneamente. A niños a quienes no se dejaría ir solos ni a comprar el pan se les toman en cuenta opiniones sobre sí mismos que ni siquiera los científicos especialistas en el tema comprenden adecuadamente ni han podido todavía estudiar clínicamente con resultados ciertos.

Un tratamiento innecesario
Los doctores Hruz, Mayer y McHugh señalan con mucha claridad por qué es inadecuado establecer el respaldo al paciente y la terapia de supresión hormonal en niños como protocolo estándar ante manifestaciones más o menos claras de disforia de género:

-“La mayor parte de los niños que se identifican con el sexo opuesto no persistirán en ese sentimiento y finalmente se identificarán con su sexo biológico“: según estudios, la remisión espontánea se sitúa entre el 70% y el 98% para niños y entre el 50% y el 88% para niñas. “Los relativamente bajos niveles de persistencia plantean un desafío a quienes utilizan los tratamientos de supresión de la pubertad para niños pequeños y a quienes recomiendan animar y respaldar al niño en su identificación con el sexo opuesto”.

-“Los síntomas de disforia de género en niños son aún más vagos y poco fiables que en adolescentes y adultos. Los diagnósticos de disforia de género en niños están más vinculados con comportamientos de género atípicos (por ejemplo, niños que juegan con muñecas o niñas que prefieren jugar con niños) que con una firme convicción por parte del paciente de que ‘realmente son’ del sexo opuesto”.

-Considerar la supresión de la pubertad como tratamiento de preferencia para la disforia de género implica una inversión del razonamiento normal: “Se habla del proceso natural del desarrollo biológico como una serie irreversible de problemas que la medicina tendría que prevenir, y se presenta la intervención (la supresión de la pubertad) como benigna y reversible”.

La “reversibilidad”
Los autores del estudio dedican buena parte del mismo a rechazar la idea de que los tratamientos de supresión hormonal son “reversibles” en caso de que posteriormente el niño cambie de idea o no se encuentre a gusto con una identidad de género distinta a su sexo biológico:

-“En biología del desarrollo, no tiene mucho sentido describir algo como ‘revesible’. Si un niño no desarrolla a los 12 años ciertas características a consecuencia de una intervención médica, su desarrollo de dichas características a los 18 años no es ‘reversible’, pues la secuencia del desarrollo ya ha sido interrumpida”.

-“Otra cuestión inquietante que no se ha investigado consiste en cuáles son las consecuencias psicológicas para niños con disforia de género a quienes se les ha suprimido la pubertad y que al final se identifican con su sexo biológico”.

-“Aunque hay muy poca evidencia científica sobre los efectos de la supresión de la pubertad en niños con disforia de género -y ciertamente no existen ensayos clínicos controlados que comparen el resultado de suprimir la pubertad con el resultado de aproximaciones terapéuticas alternativas-, hay razones para sospechar que los tratamientos podrían tener consecuencias negativas para el desarrollo neurológico“, como sugiere un experimento en la Universidad de Glasgow. Los autores remiten asimismo a estudios que recogen alteraciones en la composición ósea, en la estatura, problemas cardiovasculares, etc.

La prueba del 9
Y Hruz, Mayer y McHugh añaden otro hecho incontrovertible: ni la supresión hormonal más agresiva, seguida (si es el caso) de intervenciones quirúrgicas sobre los órganos sexuales u otras características sexuales secundarias (barba, pechos) convierte a un hombre en mujer, o viceversa. En palabras suyas: “Ninguna de las cirugías o de los tratamientos hormonales actualmente posibles confieren las capacidades reproductivas del sexo opuesto“.

Lo que principalmente caracteriza a una persona de sexo masculino es su potencialidad para ser padre, y a una persona de sexo femenino su potencialidad para ser madre. ¿Cómo podrá sentirse feliz con el cambio quien, al término del cambio, no puede encarnar a la perfección el sexo al que aspiraba y ha perdido ambas capacidades reproductivas: la que le correspondía por su sexo y la que no le da su nuevo género?

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Fuente: http://www.religionenlibertad.com/tres-cientificos-alertan-contra-supresion-hormonal-ninos-adolescentes-57835.htm

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